¿Llegamos o nos empujaron?

Por: Lázaro Numa Águila

Cuba-Covid
Cuba-Covid

Desde el día 16 de junio que se declaró la primera fase recuperativa para un número importante de provincias del país, solo La Habana y Matanzas quedaron exentas de esta medida. Transcurridos ya cien días de la pandemia de Covid-19 en Cuba, se comenzó a notar determinado nivel de desasosiego general en la población y en los niveles directivos capitalinos. De manera muy rápida y teniendo todavía casos de infectados por el SARS-CoV-2, la Atenas de Cuba también pasó a la primera fase. La decisión fue tomada debido al comportamiento en la provincia de los cinco indicadores asumidos como patrones sanitarios para ello: tasa de incidencia, índice reproductivo, casos activos, número de casos positivos con fuente de infección conocida en los últimos quince días y eventos de transmisión local.

En ese momento, la capital de todos los cubanos seguía siendo la reina de la indisciplina social, las fuerzas del orden público se mostraban ausentes dentro de los barrios, por lo menos del centro de la ciudad. El panorama visible dejaba mucho que desear: una verdadera pesadilla para los decisores en el enfrentamiento al flagelo.

La Covid-19 no fue impedimento para que las calles habaneras fueran tomadas por la población por infinidad de motivos.
La Covid-19 no fue impedimento para que las calles habaneras fueran tomadas por la población por infinidad de motivos.

 

¿Qué ha cambiado de entonces a la fecha? Muy poco o nada, y no todos los cambios se pueden señalar como positivos.

Ser la cola de la pandemia provoca cuestionamientos a la gestión directiva y eso crea inquietudes. A nivel social se hizo ver rápidamente un mayor relajamiento, al punto de que en determinadas zonas capitalinas parecía que todo había terminado. Para colmo de males, surgió un foco de transmisión en el municipio Cotorro que hasta la fecha sigue reportando casos. A pesar de todo ello, sucedió lo que algunos presagiábamos, fue proclamada la primera fase para La Habana y otra vez se afirmó que era debido al comportamiento de los cinco indicadores sanitarios.

 

La Habana mostró siempre un mayor nivel de relajamiento social, en determinadas zonas capitalinas parecía que se vivía un estado de normalidad a causa del descontrol y la falta de rigor, por parte de quienes deben de exigir el orden público.
La Habana mostró siempre un mayor nivel de relajamiento social, en determinadas zonas capitalinas parecía que se vivía un estado de normalidad a causa del descontrol y la falta de rigor, por parte de quienes deben de exigir el orden público.

 

A pesar de que estos indicadores, desde el punto de vista estadístico, son muy generales, y de que en la capital todo lo que se calcule en base a su población tiende a dar un resultado bajo –téngase en cuenta que al cierre estadístico de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), válido para el 2019, esta era de 2 131 480 habitantes efectivos y legales, la mayor del país, frente a un número de casos “aparentemente” pequeño en cifras, pero altamente contaminantes–, el resultado siempre será ínfimo para la provincia. Lo mismo sucederá si se llevan los cálculos a un municipio. Las estadísticas, en este caso, suelen resultar engañosas. Dado el grado de transmisibilidad del SARS-Co V-2 y los niveles de enfermos asintomáticos que supera el 80 % de los casos detectados hasta el día de hoy, son factores de alto riesgo para la población de La Habana, territorio donde la enfermedad no ha podido ser controlada como en el resto de las provincias del país. Por tanto, un pase de fase epidemiológico como el que se acaba de implantar, puede convertirse en un verdadero boomerang que, a corto o mediano plazo, genere una problemática epidemiológica compleja, lo que se suele llamar “rebrote”.

Estamos conscientes de que el país tiene que restablecer en algún momento su normalidad y, sobre todo, su economía, y que la capital no aportó la dosis de disciplina que debía y se esperaba, por muchas razones, no todas imputables a la población. También sabemos que faltó rigor en hacer cumplir lo dispuesto por parte de las fuerzas destinadas para ello, que hubo desabastecimientos (y todavía hay) que siempre generan inseguridades en la ciudadanía, y que amplios sectores poblacionales no tienen las condiciones necesarias, desde el punto de vista habitacional y sanitario, para cumplir con un aislamiento efectivo, debido a abandonos históricos. Se demostró incapacidad para poder alimentar equitativamente a la masa poblacional capitalina y, sobre todo, para mantenerla bajo control. Estas son solo algunas apreciaciones a partir del análisis real de la etapa vivida, según la información que se ha podido recabar y al alcance de un analista de a pie, que se vale, básicamente, de lo obtenido del estudio de campo y lo poco que trasciende a través de los medios.

 

Las necesidades y la indisciplina social provocaron en la capital un estado de desorden notable.
Las necesidades y la indisciplina social provocaron en la capital un estado de desorden notable.

 

El mensaje parece claro: “hay que seguir a toda costa y a todo costo”. Si no llegamos correctamente a la primera fase, nos empujan, pero lo cierto es que los habaneros ya estamos. La experiencia nos tiene que llamar a capítulo, de no cuidarnos nosotros mismos, corremos el riesgo de llegar a ser un número positivo entre los infectados por el microscópico virus. Gústenos o no, esa es la realidad, porque el capítulo final de esta terrible novela, en su posible primera temporada, está a punto de ser transmitido. Ω

 

Deje su comentario

Comparta su respuesta

Su dirección de correo no será publicada.


*