Octavo día de la Novena a la Virgen

6 de septiembre del 2020

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Santa María de la Caridad, Madre del Señor
Jesús, te veneramos con especial cariño y
amor.
Te alabamos, Madre y Patrona del pueblo
cubano, porque has estado presente en
todas las luchas, penas y alegrías de tu
pueblo.
Virgen Mambisa, proclamada y venerada
por nuestros veteranos, te pedimos que
hoy, como ayer, estés presente en la vida
de tu pueblo querido: este pueblo que busca
el amor, la comprensión y la unión sincera
de todos los cubanos.
Te ofrecemos; el esfuerzo de nuestros
cristianos, el trabajo de nuestros obreros y
campesinos, el estudio de nuestros jóvenes,
la sonrisa de nuestros niños, el dolor de
nuestros enfermos, el desvelo vigilante y
callado de todas nuestras madres, la
soledad de tantos hermano, viudas y
huérfanos la entrega generosa de nuestros
mártires y difuntos, el sentimiento noble y
sencillo de nuestro pueblo
Madre de la Caridad, llegue hasta tu altar
del Cobre, tan amado y venerado, las
súplicas que te presentamos.
Amén

Maria, en nuestras luchas por la independencia

La Virgen María no sólo tiene conciencia de que pertenece a un pueblo escogido por Dios, para caminar con Dios por las sendas de la historia, de una historia que es camino de salvación. San Agustín lo expresa diciendo “Nos hiciste para ti y nuestro corazón andará inquieto hasta que descanse en ti”. Por ello la aceptación de la Virgen, que, por la misericordia de Dios, precede a la Encarnación (Cfr. LG. 56), es de gran importancia en la historia de la salvación: porque la encarnación del Verbo es la salvación del hombre.

De esta manera la Bienaventurada Virgen María se presenta como colaboradora de Dios en el proyecto de salvación universal, algo que siglos después el santo Obispo Agustín de Hipona llega a manifestar diciendo: “El Dios que te creó sin ti, no te salvara sin ti”. Dios pide la colaboración del hombre para desarrollar su proyecto de vida plena en la humanidad.

El consentimiento de la Virgen, que, según el beneplácito de Dios, precedió a la encarnación (cf. LG 56), tiene una gran importancia en la historia de la salvación, ya que la encarnación del Verbo es la restauración del hombre.

En ese empeño de formación, libertad e independencia de la nación cubana, no estuvo ausente la Madre de Dios, que tiempo atrás había sido hallada en nuestras costas y asentad en el poblado del Cobre, anima a sus hijos a la libertad fundamentada en la caridad, en el amor. Y el 19 de marzo de 1801, convocado el pueblo ante la ermita-santuario, con el nervio en la palabra leía el Capellán Ascanio, delante de la Madre que salió a la puerta para festejar con sus hijos, la Real Cédula mediante la cual se devolvía a los cobreros las tierras que laboraban y la libertad conquistada. Así, fueron los esclavos de El Cobre los primeros  a quienes se otorgaba la libertad en Cuba: a Ella, a la Virgen, le agradecían el triunfo logrado después de más de un siglo de constante bregar.

El Cobre era faro de libertad para la Isla, la Madre daba fuerza a la esperanza y bríos al espíritu, al calor de su amor, seguía forjándose la identidad de este pueblo que veía crecer, junto a sus raíces, la devoción a la Virgen de la Caridad.

Como en las gestas anteriores, al iniciarse la Guerra de Independencia, la Virgen de la Caridad subió con los cubanos a las montañas alentando sus corazones, y cual escarapela tricolor iba su “medida” rodeando el sombrero alón. A Ella se encomendaban en el combate, para Ella había velas encendidas en el altar de campaña, aunque la comida escaseara, a Ella habían consagrado su lucha seguros de que les daría la victoria: su amor era su fuerza.

Terminada la guerra que, con sobrada valentía ganaron los mambises, el 17 de julio de 1898 los jefes de los ejércitos extranjeros, ignorándolos, firmaban el Acta de Capitulación bajo la otrora frondosa ceiba que los americanos llamaron “Árbol de la rendición”, y nosotros, más generosos, “Árbol de la Paz”. Al Mayor General Calixto García, el gran estratega que hizo posible la victoria, no le permitieron entrar con sus tropas a la desolada ciudad de Santiago de Cuba.

La respuesta viril y criolla del Jefe del Ejército Oriental no es de extrañar, fue la de un hombre de identidad cubanísima y de fe inculturada: ordenar a su Estado Mayor –al mando del General Agustín Cebreco– que “celebre el triunfo de Cuba sobre España en Misa solemne con Te Deum a los pies de la imagen de la Virgen de la Caridad”. Y el 8 de septiembre de 1898 se celebró en el antiguo Santuario “la primera fiesta religiosa en Cuba Libre e Independiente”.

Y para que así constara en los anales de la historia, firmaron esa mañana el Acta levantada junto a la imagen venerada los oficiales del Ejército Libertador Cubano, y también los del ejército americano presentes en la celebración. Esta Acta, que se conserva en los archivos del Santuario como preciada reliquia, se considera como la Declaración Mambisa de la Independencia, y es expresión del compromiso del cubano católico con la Iglesia de su tierra y para su tierra.

Decena del Rosario

En este momento piensa en
silencio aquella
gracia que quieres pedir a Dios
por intercesión de la Virgen de la
Caridad durante esta
novena (Breve silencio).
Ofrecemos esta
decena del rosario por todos
nosotros que hemos
acompañado a la Virgen,
pidiendo por la evangelización de
nuestro pueblo, para que en
cada hogar los cubanos abramos
de par en par las puertas a Cristo
y nuestra sociedad no tema dejar
que los valores del Reino se
hagan presente.

ORACIÓN FINAL

Virgen de la Caridad del Cobre «Has venido a visitar nuestro pueblo y has querido quedarte con nosotros como Madre y Señora de Cuba, a lo largo de su peregrinar por los caminos de la historia».

– «Tu nombre y tu imagen están esculpidos en la mente y en el corazón de todos los cubanos, dentro y fuera de la Patria, como signo de esperanza y centro de comunión fraterna».

– «¡Madre de la reconciliación! Reúne a tu pueblo disperso por el mundo. Haz de la nación cubana un hogar de hermanos y hermanas, para que este pueblo abra de par en par su mente, su corazón y su vida a Cristo, único Salvador y Redentor».

Compromiso personal

¿A qué me comprometo a vivir en este día?
Pienso en algo concreto que pueda hacer para manifestar el amor y la fe en el Señor.

Bendición

El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna. Amén.

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