Shirley, una mujer de gavetas llenas

Por: María Antonieta Colunga Olivera

Shirley Núñez Guilleuma rodeada de sus tres hijos, su nietecito y su esposo.
Shirley Núñez Guilleuma rodeada de sus tres hijos, su nietecito y su esposo.

Cuando comencé a trabajar en la oficina nacional de Cáritas Cuba, hace ya unos tres años, una de las primeras cosas que adoré fue la cantidad de mujeres (y más específicamente de mujeres con hijos) que inundaban el lugar. Detrás de cada puerta de oficina siempre salía algún pequeño, y era cosa natural ver a las “muchachitas” trabajando con ellos en el suelo, dibujando en el dorso de hojas desechables.

En ese tiempo también conocí a Shirley, la de la oficina más llena. Con cuarenta y cinco años, es madre de tres, abuela de uno, esposa de un músico y la coordinadora nacional del programa más grande de Cáritas: el de Personas Mayores.

¿Cómo se las arregla?… siempre me resultó un misterio; y más cuando la veía con su hablar inaltera-blemente pausado, su sonrisa inamovible y las puertas siempre abiertas a los hijos ajenos, a los que entretiene y atiende como si siempre tuviera todo el tiempo del mundo.

Buscando respuestas nos sentamos un lunes y la conversación duró algo más de una hora…

¿Cómo se conocieron tú y Abraham y cómo llegaron al matrimonio?

“Yo era madre soltera cuando conocí a Abraham. Sofía no tenía un año todavía. Coincidimos un sábado en un proyecto con niños en el que yo trabajaba de voluntaria, y ese día, cuando lo vi llegar, casi que me cayó mal, me parecía que estaba fuera de lugar porque andaba –músico al fin y al cabo– con un shorcito, unas sandalias y una pachanguita como de moda europea, más su pelo largo y él que es tan blanco… era muy llamativo en medio del barrio aquel.

”Después de ese día, él comenzó a ir a la parroquia, empezamos a coincidir en muchos espacios. Recuerdo que había una señora de la iglesia, que me decía: ‘ese muchacho cómo te mira, siempre se sienta cerca de ti…’; y yo le respondía: ‘Ay, no, Fefita, tú estás viendo fantasmas donde no hay’. Yo realmente estaba muy enfrascada en mi trabajo, en salir adelante con mi niña pequeñita, en cuidar de ella y no dejar de trabajar y de hacer las cosas que me gustaban… yo estaba muy centrada en otras cosas.

”Luego lo invité al primer cumpleaños de Sofi, realmente lo que quería era captarlo para ese proyecto de los niños que accionaba en el barrio Marcelo. Él, por su lado, no me decía nada porque pensaba que el otro voluntario del proyecto era mi esposo. En fin, poco a poco nos fuimos conociendo, hasta que un día se me apareció de noche en la casa, sin aviso ni invitación, y nos hicimos novios.

”Nosotros pasamos mucho trabajo para ponernos de acuerdo. Era muy difícil porque yo tenía una hija y además de atenderla, tenía que trabajar… no tenía tanto tiempo para noviar. También estaba la diferencia de edad, Abraham es cinco años menor que yo, así que siempre estamos viviendo tiempos distintos. Y lo otro es que él es músico, la vida de su profesión es siempre en las noches y yo trabajaba de día, nos era complicado encontrar el momento para salir juntos. A veces él se aparecía en mi casa a las diez de la noche, y mi mamá convulsionaba porque… imagínate tú, una visita a esa hora.

”Poco a poco fuimos intentándolo, recuerdo que nos fuimos a vivir juntos a una casa prestada por una amiga, que hubo momentos de quedarnos sin un centavo y Abraham vendió su bicicleta… fueron tiempos complejos. Nos peleábamos mucho y luego volvíamos, Sofía iba creciendo; estuvimos aaaaños para ponernos de acuerdo. Sofi tendría cinco años cuando nos casamos. Llegados a ese momento, decidimos intentarlo más en serio, y vino la locura de la boda.

”Dijimos ‘vamos a empezar a reunir dinero para la boda’. Imagínate, con dos salarios del Estado, en un año juntamos apenas 400 pesos. Eso nos alcanzaba solo para pagar la luna de miel (que por entonces subvencionaba el Estado). Pero gracias a Dios y a los amigos que tenemos, que siempre han sostenido a nuestra familia, nos casamos con una boda muy linda; no elegantona, porque no es nuestro estilo, pero no faltó nada de lo que queríamos. ¡Hasta sobró comida! Y ya empezamos a vivir juntos en serio, y las cosas fueron mejorando mucho”.

¿Cuán diferentes son Abraham y Shirley?

“Nosotros somos muy distintos, por eso te he repetido tantas veces que al principio nos peleábamos tanto. No nos hemos dejado de fajar, fíjate. Abraham, como te dije, es músico: los músicos perciben la realidad de otra manera; yo soy una persona muy concreta, muy práctica. Él es el defensor de los sueños, yo no me permito mucho soñar. Él disfruta mucho los instantes, es de la gente que disfruta el proceso sin importar cuánto dure, para él no existe el tiempo y yo siempre estoy contra el reloj y me impaciento por ver los resultados. Él es apacible, sereno y yo soy colérica, me molesto y exploto por cualquier cosa, aunque se me pasa a los cinco minutos.

”Pero esas diferencias nos hacen más completos al ser uno, porque nos complementamos. Para mí él es como José, el esposo de María: siempre está ahí, paciente, no se ofusca con facilidad; pero a la misma vez, no tolera las injusticias, los maltratos. O sea, él tiene bien claro las cosas por las cuales se molesta. Yo no, yo me molesto por todo, todo el tiempo. ¡Ah!, y siempre tiene muy buen sentido del humor, que eso para mí es de las mejores virtudes que puede tener el ser humano; porque hasta en una discusión a tope, que ya tú crees que no puedes más y estás a punto de recogerle el bulto, su humor nos ayuda a relajar.

”Con los niños, me encanta que siempre tiene tiempo para ellos, respeta mucho el tiempo con sus hijos. No le importa que la tarea quede perfecta (yo me pongo histérica que si el borrón, que si este trazo, que la falta de ortografía); él busca que los niños creen confianza en él, y les enseña que no importa si salió mal esta vez, la próxima nos saldrá bien.

”Pero independientemente de las diferencias, creo que a nivel de valores, de esas cosas que le dan cimiento a una relación y hacen que ella dure, las cosas que disfrutamos, los precios que estamos dispuestos a pagar y los que no… en esas cosas sí somos muy similares. Abraham no es en nada ostentoso, nunca busca el bien material en lo que hace, su búsqueda siempre está en sentirse bien y en que los demás se sientan bien. Creo que eso es lo que hace que las cosas en casa caminen”.

¿Siempre quisieron tener tantos hijos o fue algo que sucedió?

“Siempre quisimos tener cuatro hijos (tres más, además de Sofía). No llegamos allá porque entre la segunda (María Paula) y el tercero (Marcel), yo tuve un embarazo que perdí como con doce semanas, y eso hizo que tuviera que esperar dos años, como recomiendan los médicos, para volver a salir en estado. Ya un cuarto hijo se me complicaba por la edad, porque la primera (Lidia Sofía) la había tenido a los veintiséis.

”También nos agarró el tema de la vivienda, el espacio y quizá la economía, aunque te digo que eso ni tanto. Nosotros no somos de esas familia que reciben remesas fijas todos los meses de alguien fuera de Cuba, pero siempre nos hemos arreglado con nuestros ingresos y hemos aprendido a distinguir qué es lo esencial y de cuántas cosas se puede prescindir, sin sacrificar el ser feliz”.

¿Cuál es la reacción de la gente al verlos con tres hijos y un nieto, y escucharte decir que hubieras querido tener otro hijo más?

“Bueno, ya me he acostumbrado a ser ‘la loca’. Socialmente es así, donde quiera que llegamos y decimos que tenemos tres hijos la reacción es esa: ‘¿pero ustedes están locos?’ o ‘¡tremendo aporte a la demografía!’; aunque yo creo que en el fondo, la gente también te admira.

”Tengo una prima muy graciosa que siempre me dice: ‘prima, me estás poniendo difícil el día de Reyes’. Y te digo, es difícil, porque vivimos en un país donde todo el tiempo se está hablando del envejecimiento y de la necesidad de que las mujeres paran, pero no es un país que sustente eso ni que lo promocione, ni siquiera económicamente (nosotros hemos tenido que hacer un millón de renuncias).

”No es lo mismo un paseo para tres personas que para cinco o para seis, ahora que tenemos a Thiago; ni comer seis bocas donde antes comían tres. Tanto a nivel de sociedad como hasta a nivel de Iglesia, se promociona un discurso a favor de la natalidad y de las familias grandes, pero en la práctica todo funciona para familias pequeñas.

”En la escuela te miran como un bicho raro, porque tienes muchos hijos; no existen programas sociales para familias numerosas como en otros países, que te facilitan cosas, incluso ingresos extra. Por ejemplo, cuando mi tercer hijo estaba terminando el Círculo Infantil, fue que me rebajaron el costo del círculo de siete pesos a tres cincuenta. Esa es toda la ayuda que he recibido por ser madre de tres… saca cuenta.

”Pero yo creo que ya me acostumbré, sabes, a las reacciones. Por ejemplo, a Abraham nunca le ha gustado que digamos que Sofía es hija de otra relación, él desde pequeñita la asumió como suya y la ha criado, así que siempre nos presentamos con nuestros tres hijos; y la gente enseguida suelta: ‘¿¡Pero los tres son del mismo padre?!’. O te dicen ‘eso es porque tú eres católica, tú no te puedes hacer un aborto’, cosas así. Incluso, cuando yo perdí el tercer embarazo, en Maternidad Obrera, el personal que me atendió me decía ‘pero alégrate que lo perdiste, si ya tú tienes dos chiquitas’… te digo, es un país que no asimila eso con naturalidad, la idea de que yo quiera tener todos estos hijos. Quizá en otros países con otra cultura es algo normal, pero no aquí”.

¿Crees que la condición de cristianos ayuda a un matrimonio en su perdurabilidad?

“A ver, yo no sé si las cosas que yo tengo para responder a esa pregunta a ti te van a gustar, pero allá va. A mí me ayuda creer en Dios, y tener eso como centro; porque después hay muchos dogmas, muchas doctrinas, cristianas y no cristianas, católicas y no católicas, que moralizan muchas cuestiones.

”Como yo te decía, yo fui madre soltera, y la gente en ese momento me decía ‘ay, felicidades, porque tú no te hiciste un aborto’ y yo me decía ‘si ellos supieran, lo que tú vives dentro de ti… no es tan sencillo’. Yo no estaba segura de querer tener a mi hija, yo de lo único que estaba segura era de que yo no superaba un aborto, creía que me iba a volver loca si hacía algo así. Esa era mi única claridad, y eso sí creo que te lo da un poco creer en Dios, aunque hay muchas personas que optan por la vida y dicen que no creen en nada.

”El cura que me formó a mí desde niña, cuando lo fui a ver por el embarazo de Sofía, recuerdo que yo le decía ‘Vicente, si yo digo en mi casa que estoy embarazada me matan, pero si digo que me hice un aborto, me matan más’; y él me respondió ‘en esa decisión solo cuentan tú y Dios’. No me habló de la Iglesia, no me habló de la comunidad, no me habló de mis padres. Y creo que en la medida en que uno tiene una relación con el Dios del amor, no con el Dios de las leyes, no con el Dios de los preceptos, no con el Dios de las doctrinas, ¡con el Dios del Amor!, tú encuentras que las cosas tienen sentido.

”Cuando Abraham y yo decidimos casarnos por la Iglesia, creo que Dios me regaló ese proceso. Nosotros nos formamos para el sacramento en la parroquia de Santa Catalina, la de 25 y Paseo, con el que era entonces su párroco: Silvano, hoy obispo en Guantánamo; y él buscó para cada encuentro de formación a un matrimonio. Cada tema nos lo daba un matrimonio: economía doméstica, sexualidad, etc.; fue algo muy humano y muy acertado. No es lo mismo que te hable del matrimonio un sacerdote, que en verdad no sabe de eso porque no es su sacramento. Del matrimonio se sabe, cuando tú estás casado, cuando tienes que convivir todos los días durante años con la misma persona. Yo disfruté mucho esa formación porque éramos un grupo de jóvenes que queríamos casarnos, con las dificultades y realidades de cualquier pareja: unos que no tenían casa, otros que no estaban seguros si se casaban o no; y aquel grupo de matrimonios ya de años, nos contó sus experiencias, no las cosas bonitas que están escritas en un papel, ni lo que te dice la doctrina que debe ser el matrimonio o la pareja, sino las cosas que te pasan en la cotidianidad.

”Entonces, para responderte, yo creo que sí, que el matrimonio como sacramento instituido por la Iglesia te ayuda, pero en cuanto lo veas como una expresión del amor de Dios. Porque si lo ves como lo ve la gente en la calle: ‘el que se casa por la Iglesia no se puede divorciar, eso es para toda la vida’, entonces el matrimonio se te vuelve una cárcel, una esclavitud, algo que tienes que asumir y a lo cual resignarte esté como esté.

”En ese sentido, a mí me ayudan mucho las palabras del Papa Francisco, que es muy aterrizado. Una vez leí que dijo algo así como ‘que vuelen los platos, si tienen que volar; pero después, busquen una manera’. A veces la Iglesia, como institución, vende un sacramento del matrimonio que es ‘de vitrina’; esa familia ideal, con hijos, de un amor perfecto y una fidelidad sin tacha. La verdad, creo que más que la formación de dogmas, hay que saber que hay un Dios que te ama, y lo hace en esa convivencia que no es perfecta, te lo digo, tú que estás empezando, solo que tú tienes un voto, como María, que dijo ‘sí’, no sabía lo que le venía arriba, pero dijo sí. El matrimonio es ese decir sí todos los días, y si lo haces desde Dios tiene un sentido; tiene un sentido perdonar, tiene un sentido cuidar la fragilidad del otro; pero no desde la vitrina de los libros.

”Es bueno que los matrimonios acompañen a los matrimonios, como es bueno que la gente que tiene hijos acompañe al que tiene hijos; porque solo cuando tú vives algo, puedes entender lo que le está pasando al otro y puedes darle un verdadero testimonio. Lo otro es teoría, hipótesis”.

¿Cuán difícil es ser la coordinadora nacional de un programa que acompaña a más de 18 000 personas en el país, y ser también la mamá de Sofía, Paula y Marcel, la abuela de Thiago y la esposa de Abraham?

“Es difícil, ciertamente muy difícil. Muchas veces me cuestiono que soy egoísta, que no soy una buena madre, porque tengo que sacrificar tiempo de familia en pos de mi trabajo. Yo, que estudié lo que me gusta y amo mi profesión, superarme, ser independiente; siento que la manera de servir a los demás es con mi trabajo. Y cuando tú eres madre o esposa, no renuncias a eso.

”Hay criterios un poco idílicos de las cosas, como por ejemplo, que los hijos te llenan toda la vida. Tú eres madre, y eso le da plenitud a tu vida; pero tú también eres mujer profesional, eres esposa, eres hija; y todas esas son gavetas de un mismo estante, pero todas son independientes y es importante llenarlas. Encontrar la justa medida es difícil.

”Cuando empecé aquí en Cáritas Cuba, que vine a la entrevista de trabajo con Maritza, y ella me enseñó un papel con todo mi contenido de trabajo, el rol del coordinador nacional del Programa, yo le dije asustada: ‘yo creo que la persona que usted busca no soy yo… yo tengo tres niños’. Y recuerdo que Maritza me dijo: ‘muchas veces adelantamos más y trabajamos mejor, mientras le velamos la fiebre a un hijo, en plena madrugada, que en el tiempo que nos pasamos sentados frente a una computadora’. Y eso es verdad, yo muchas veces trabajo de madrugada, es el tiempo que me queda ‘libre’.

”Lo otro es que siento que una tiene que renunciar a ser el modelo ideal de madre, de esposa; y ser la que muchas veces tiene la casa regada, o que muchos fines de semana no puede limpiar, o que guarda la ropa sin planchar… o sea, que en tu hogar y en tu vida va a haber muchas cosas que no estarán todo lo terminadas que los demás esperan de ti. Y más cuando es la mujer la que se tiene que ir a provincia, la que tiene que viajar, la que tiene que trabajar hasta tarde. Por mucho que haya ocurrido en Cuba un proceso de liberación de la mujer, socialmente ese prejuicio está ahí; y que sea la mujer la que trabaje y el hombre el que cuide a los hijos, eso socialmente no es bien visto.

”Pero si estás dispuesta a no ser la chica linda de la película y a sentirte feliz aun así, pues nada. Es un desafío grande, te ponen cartelitos. Hay veces en que tienes todo preparado para irte de viaje y alguien amaneció con fiebre y entonces nada, tienes que ser humilde y aprender a decir: ‘bueno, todavía no va a ser la maestría, o tal proyecto… todavía’. Pero no renunciar, sino reacomodar, porque si no, te pasas la vida posponiendo. Obstáculos vas a tener siempre, y razones válidas, justificadas para posponer, tienes miles, es solo cuestión de dejar ese intermitente encendido, que te diga que te estás acomodando, que puedes dar un poquito más, que debes también ocuparte de ti”.

Shirley Núñez Guilleuma
Shirley Núñez Guilleuma

¿Cómo es la dinámica de Shirley y Abraham en casa con los chicos?

“La dinámica de nosotros es, no extraña, porque debe haber otras parejas así, pero sí peculiar. Como Abraham es músico, él generalmente trabaja de noche, y yo trabajo básicamente de día, en la oficina. Entonces Abraham es el que lleva los niños a la escuela, todos los días. Los preparamos juntos todas las mañanas; pero como mi horario de entrada al trabajo me lo impide, él es quien los lleva a la escuela. Eso ha sido un camino que hemos ido construyendo, porque a todos nos gusta dormir la mañana y más a él que trabaja hasta tarde; pero la realidad es que alistar a tres niños y salir a tiempo para estar puntual en mi oficina, no es algo que pueda hacer sin él. Igual yo tengo que sacrificar las noches, y a veces estoy a las diez planchando una camisa para que vaya a trabajar con su grupo, y luego no me puedo dormir profundo, pendiente de si llega, si no llega, por qué se ha demorado.

”Pero bueno, básicamente es así: Abraham lleva los niños a la escuela y se queda en casa durante el día, casi siempre ensayando. Hemos tenido mucha ayuda de mi mamá, de mi suegra, de mi papá ahora que ha regresado a vivir en Cuba… pero ha habido momentos en los que no ha habido ayuda, y eso nos ha hecho más independientes.

”Cuando tengo que salir de viaje por trabajo, trato de dejarle el mayor número de comodidades posibles: los uniformes de la semana entera planchados, las viandas peladas y picadas en trocitos en el frío, pero eso no sustituye que un día te levantaste y no entró agua al edificio y tienes que enfrentar un día sin agua.

”Cuando la comunicación en pareja va creciendo y uno se va amoldando, cosa que es un desafío y que tarda años en suceder, las cosas fluyen. Es difícil, y no es una vida cómoda, pero si es lo que tú elegiste, sobre la marcha vas encontrando los cómos”.

¿Cómo fue la experiencia de la maternidad de tu hija adolescente?

“Mira, para mí lo difícil no fue que llegara otro niño. Las personas me decían ‘ay, qué difícil ahora otro muchacho, otra boca, más dinero’, y yo le decía a la gente ‘a mí eso no me preocupa, si yo un día abro la puerta y veo que me han dejado un niño, lo cojo y lo crío’. Mi dolor era de madre, ver a mi muchachita de quince años que tenía que enfrentarse a la maternidad. Cuando yo elegí ser madre soltera tenía veintiséis años, había hecho una carrera, sabía lo que quería, era otra cosa. Pero tener que acompañar a mi hija en esa fragilidad, creo que ha sido la experiencia más difícil que he afrontado; porque era un camino que tenía que hacer ella, que yo no lo podía hacer por ella y que solo podía acompañarla.

”Y creo que aprendí, …bueno, no sé si todavía lo estoy aprendiendo, cuando tienes que respetar el paso del otro, las decisiones del otro, el ritmo del otro. Cuando hay un dolor que no le puedes quitar a tu hijo. Cuando hay una mala noticia que tú la quisieras borrar y no la puedes borrar.

”Y luego está la gente, que te dice cosas como ‘qué bueno que optaron por la vida, que no se hizo un aborto, los felicito’; esas cosas a veces son muy superficiales, a mí a veces esas palabras me sonaban en la cara como un galletazo porque me decía: ‘no tiene ni la menor idea, ni la menor conciencia de lo que yo estoy viviendo’.

”Thiago hoy es nuestra alegría, como Paula y Marcel; con mi nieto yo no tengo ningún problema y me encanta que esté y que sea diferente, enérgico, que se hace sentir; y me cansa como cansan los demás niños. Pero lo difícil es ver cuando tu hija está en una edad de construir sueños y se tiene que enfrentar a la maternidad. Mucha gente me decía: ‘bueno, eso fue lo que ella quiso, lo que se buscó’. Yo me sentía incomprendida por todos, porque yo sabía que eso no era algo que ella había buscado intencionalmente. Llegó el embarazo como consecuencia de malas decisiones, pero no porque fuera un paso dado a conciencia, y mucho menos porque estuviera preparada y dispuesta a asumir esas consecuencias.

”En ese acompañar a mi hija sí me desgarré mucho. Yo recuerdo el día en que a Sofi le dieron los dolores de parto, yo creía que no podía; de hecho, Abraham fue quien entró con ella al salón. Yo había parido ya tres veces y sabía de lo que se trataba, y no podía soportar ver a mi hijita sufriendo aquellos dolores. Después, igual, verla enfrentarse a la lactancia, a no poder dormir por la noche, cuando tantas amigas pasaban a saludarla porque iban de salidita y Sofi allí, con su niño.

”Esos momentos de sacar de donde aún no sabes que tienes… ahí es donde está Dios en tu vida. En esa fortaleza frente a una fragilidad que sientes que no vas a poder y que Dios te hace ver que vas a poder y te hace ver que lo que está pasando es lo mejor, aunque tú no lo entiendas. A mí una doctora me hizo retumbar en una consulta cuando me dijo: ‘mamá, es mejor tener una hija embarazada que una hija muerta’.

”Pero sí, es difícil, se rompen muchos sueños, hay muchas discusiones, la dinámica de la casa se trastoca, hay muchas incomprensiones, hay mucho dolor, se necesita mucho perdón, hay muchos corazones rotos dentro de la casa… no te puedo decir que ha sido fácil, pero no porque ser abuela me haya molestado, sino porque la maternidad de mi hija llegó en un momento en que no lo quería ni estaba preparada”.

Siempre hablamos de la escuela, las reuniones de padres, de cómo está la calle… ¿cómo lidia Shirley con las influencias que reciben sus hijos fuera de casa?

“Mira, yo he aprendido que la calle es algo innegable. Tú nunca vas a tener a tus hijos tan protegidos que ellos no sean vulnerables a lo que hay fuera de casa. Y para mí la única respuesta verdadera frente a la calle es la casa, es el hogar, es la familia.

”Muchas veces tendemos a echarle la culpa solo al gobierno (que no estoy negando todas las cosas negativas que tiene hoy la educación en Cuba, la situación actual del país); pero en otros países escuchas igual a los padres quejarse del bullying, la violencia en las escuelas, la tenencia de armas… Creo que ante cualquier situación difícil de la calle, la mejor armadura, la más eficaz, es la familia, y en nuestro caso, desde una experiencia de fe, de amor a Dios. Abraham es siempre muy persistente en que a los niños hay que crearles buena autoestima, en que hay que hacerlos sentir seguros, en que hay que ayudarlos. Es como en las películas, esa parte antes del combate o del partido deportivo en que alguien anima a los guerreros o a los jugadores; si en el hogar funciona esa parte, ‘la calle’ no se sostiene.

”Porque en este país, la educación queda para la casa, pero la instrucción no se escoge; existe un sistema de enseñanza donde tus hijos van a aprender cosas que no es quizá lo que tú quieres que les enseñen; entonces tú tienes que intervenir; pero tratando de no convertirlos en seres esquizofrénicos, que vivan dos realidades paralelas en la casa y en la escuela, y que tampoco sean extraterrestres, que desconozcan la realidad de su país.

”El reto del cristiano está en lo que dijo Jesús, en ser mansos como palomas y astutos como serpientes. Fíjate que no nos dijo sean mansos y más mansos. Y también nos dijo aprendan a vivir como corderos entre lobos. La casa es ese espacio para reconfortar, para generar autoestima, para explicar las cosas de la calle: ‘aquello que está sucediendo, existe, sucede todos los días, pero no significa que esté bien’.

”Al fin y al cabo, ellos están ocho horas de su día interactuando con un mundo que tú no puedes controlar ni cambiar ni escoger; y eso solo tú lo logras manejar y le logras dar otro significado cuando el puesto de mando, el control de las teclas, está en la casa, para que conversemos, para contar la historia de Cuba de otra forma. También para no tener a nuestros hijos todo el tiempo enfrentados con el medio, porque eso tampoco es saludable… muchas veces queremos que los hijos libren batallas que son nuestras. Cuando tú educas a un hijo, tienes que intentar hacerlo libre de ti, tu historia es tuya, la de ellos tienen que construírsela ellos, poco a poco.

”Y siempre hay valores, hay normas; nosotros vamos los domin-gos a la iglesia y yo digo, a lo mejor mañana no quieren ir y tendré que respetarlo.
”Lo que tienes es que darles las mejores armaduras, crearles ese espacio y que sepan que siempre van a poder llegar a la casa, y siempre tendrán allí la cobija que los va a proteger, como también la vara que los corrija”.

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