Hoy y mañana de una pandemia (6)

Por José Antonio Michelena y Yarelis Rico Hernández

El 2020, año bisiesto que comenzó un miércoles, estará marcado a fuego en la historia de la humanidad por la transmisión incontenible, hacia los cinco continentes, del virus SARS-CoV-2, causante de la Covid-19, propagación iniciada en China durante 2019.

La Covid-19 ha cobrado muchísimas vidas y puesto a prueba, en el manejo de la crisis, a gobiernos y estados de sociedades muy diversas: desde las más democráticas y abiertas, hasta las más autoritarias y cerradas.

Pero también nos ha puesto a prueba a nosotros, que estamos viviendo una experiencia inédita, inimaginada, y no sabemos con exactitud cuándo ni cómo va a terminar esta pesadilla. Tampoco qué vendrá después que concluya.

Mucho se ha especulado al respecto, al punto de llegar a la (casi) saturación del tema, pero no por mirar hacia otro lado la pandemia dejará de estar ahí, como el dinosaurio de Monterroso. Cada día nos levantamos y acostamos junto a su sombra.

Como han hecho otras publicaciones, hemos querido consultar el parecer de un grupo de intelectuales, al que decidimos sumar la opinión de algunos católicos, entre ellos sacerdotes, religiosas, religiosos y jóvenes laicos, para inquirir sobre sus experiencias particulares durante todo este tiempo, saber cómo lo han empleado, cómo han transcurrido sus días, qué piensan sobre este presente y qué esperan del futuro, cómo lo imaginan.

HOY NECESITAMOS MANOS RELIGIOSAS Y LAICAS QUE SOSTENGAN EL ALMA DEL MUNDO

Por Padre Simón Azpiroz (Religioso de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios)

Padre Simón, ¿cómo ha vivido estos meses de encierro? ¿Le ha sacado provecho?

“Me sentí llamado como hombre de fe  a comprender que la cuarentena no iba a ser solamente un violento remedio forzoso, del cual viese solamente los lados negativos, sino que me podía ayudar, aunque sea con un esfuerzo innegable, a convertir el chrónos en kairós, es decir convertir el tiempo simplemente cronológico en tiempo de Dios.

”Realmente he vivido estos meses de encierro así, como una escuela de aprendizaje. He aprendido a conocerme más a mí mismo. La vida en comunidad me ha hecho aprender el arte de la convivencia, del respeto, de la prudencia, de la sana tolerancia, de la paciencia y de la humildad.

”Para mí ha sido un tiempo propicio, algo parecido a unos Ejercicios Espirituales. He aprovechado las horas trabajando y profundizando en temas a los que antes dedicaba poco tiempo. En el Albergue donde vivo, hemos quedado un grupo de treinta y seis residentes internos (personas con discapacidad), otro grupo, externo, integrado por treinta emigrantes, que al final se quedó en veinte, además de colaboradores y de Hermanos en formación. En fin, creo que no me he aburrido en ningún momento. Aproveché  también  para comunicarme  telefónicamente más con mis familiares y amigos de España”.

¿Hay alguna conclusión que haya hecho, en términos existenciales, que quiera compartir?

“Estamos pasando por momentos de cruz, de Pasión, pero en la celebración del Misterio Pascual sabemos que después de la cruz viene la Resurrección. El Dios revelado en Jesucristo no es una fuerza impersonal ajena a nuestros sufrimientos y desgracias, sino el Dios cercano y amigo del hombre que se acerca a nosotros y nos abraza, aunque no nos demos cuenta de ello inmediatamente, aun cuando el silencio, un silencio duro y denso, parezca la verdad más tangible. Pascal escribió que ‘las manos sostienen el alma’. Hoy necesitamos manos –manos religiosas y laicas– que sostengan el alma del mundo. Y que muestren que el redescubrimiento del poder de la Esperanza es la primera plegaria global del siglo XXI.

”Quiero compartir también que es posible vivir y aprovechar un tiempo aparentemente de desgracia en una oportunidad de crecimiento personal y autoconocimiento que nos ayude a crecer en humanidad, como personas de fe y confianza en aquel que sabemos que nos ama.

”La vida es más que la materialidad necesaria para la supervivencia. Es también esto, pero es más que eso. Significa asumir una actitud contemplativa. Se nos reta a tener una mirada que vaya más allá de nosotros, que salte los límites de una vida ya definida, que trascienda el perímetro de nuestras preocupaciones, que se proyecte más allá de lo que no logramos ver nosotros solos… porque la vida no se reduce solamente a lo que logramos hacer, sino que consiste en el diálogo misterioso entre lo que es ahora y lo que pertenece al orden de lo eterno”.

¿Qué enseñanzas pudiera dejarnos, como seres sociales, este tiempo de aislamiento?

“Saldremos de este tiempo de aislamiento más maduros si sabemos aprovecharlo como un don, como un espacio moldeable y abierto, como un tiempo para ser. Saldremos juntos y más fortalecidos de esta experiencia, más resilientes, más humanos, más fraternos, con la conciencia de formar parte de una única familia humana, más solidarios los unos con los otros, más cercanos y más fraternos.

”En medio de la emergencia que estamos viviendo, no podemos olvidar el altísimo testimonio humano que están dando todos los que ofrecen su asistencia. Son héroes de esta historia colectiva. Y son millones aquellos que, de manera anónima y con un sentido de la abnegación extraordinario, mantienen abiertas fábricas y oficinas, siguen produciendo alimentos y otros bienes indispensables, vigilan la seguridad y, naturalmente, combaten en primerísima línea, por todos nosotros, en los hospitales.

”Hay quien dice que la generación que está viviendo el torbellino de esta pandemia mirará la vida, inevitablemente, con ojos diferentes. Esperemos que sepamos tener en su debida cuenta también todas las historias de amor que se están escribiendo, empezando por la verdadera multitud de profesionales y de voluntarios que acercan nuestra experiencia actual a la inolvidable parábola del buen samaritano”.

¿Cómo avizora el futuro pospandemia?

“Después del corona-virus que estará con nosotros durante un buen tiempo, habrá que afrontar el hambre-virus, causado por los graves problemas económicos y sociales que la paralización de la economía producirá en amplios sectores de la población mundial.

”Al igual que al Papa Francisco me preocupa cómo se fundamentará el día después a la emergencia sanitaria mundial. Habrá muchos desafíos socieconómicos y culturales en el futuro pospandemia, habrá que proponer pautas para enfrentarlos y como afirma el Pontífice habrá que propiciar un gran ‘movimiento’ ciudadano que rompa con ‘esquemas, modalidades o estructuras fijas o caducas’ para reconstruir la sociedad desde ‘los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad’, en favor de ‘un desarrollo sostenible e integral’ para proteger a la humanidad”.

Padre Simón Azpíroz Iturri (OH)

Natural de Pamplona (Navarra), España. Ostenta Diplomado universitario en Enfermería. Licenciado en Estudios Eclesiásticos y Máster en Bioética. Como sacerdote hospitalario ha misionado en España, México, Honduras, Cuba y actualmente en Ecuador. Cuba es el país donde ha permanecido por más tiempo (diez años y medio). Según confiesa “ha sido el lugar donde me he sentido pleno y realizado, por lo tanto, llevo a Cuba y a su gente en mi corazón”.

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