Hoy y mañana de una pandemia (2)

Por: José Antonio Michelena

El 2020, año bisiesto que comenzó un miércoles, estará marcado a fuego en la historia de la humanidad por la transmisión incontenible, hacia los cinco continentes, del virus SARS-CoV-2, causante de la Covid-19, propagación iniciada en China durante 2019.

La Covid-19 ha cobrado muchísimas vidas y puesto a prueba, en el manejo de la crisis, a gobiernos y estados de sociedades muy diversas: desde las más democráticas y abiertas, hasta las más autoritarias y cerradas.

Pero también nos ha puesto a prueba a nosotros, que estamos viviendo una experiencia inédita, inimaginada, y no sabemos con exactitud cuándo y cómo va a terminar esta pesadilla. Tampoco qué vendrá después que concluya.

Mucho se ha especulado al respecto, al punto de llegar a la (casi) saturación del tema, pero no por mirar hacia otro lado la pandemia dejará de estar ahí, como el dinosaurio de Monterroso. Cada día nos levantamos y acostamos junto a su sombra.

Como han hecho otras publicaciones, hemos querido consultar el parecer de un grupo de intelectuales para inquirir sobre sus experiencias particulares durante todo este tiempo, saber cómo lo han empleado, cómo han transcurrido sus días, qué piensan sobre este presente, y qué esperan del futuro, cómo lo imaginan.

Virgilio López Lemus
Virgilio López Lemus

SI NO PENSAMOS COMO ESPECIE, EL FUTURO SEGUIRÁ SIENDO INCIERTO

Virgilio López Lemus

Virgilio, ¿cómo has vivido estos meses de encierro? ¿Le has sacado algún provecho?

“Como suelo pasar buena parte de mi tiempo encerrado en casa trabajando, no he notado mucho la diferencia, salvo que nadie me llama para pedirme que vaya a este o aquel encuentro literario y que no recibo visitas. Pero claro que he tenido más concentración, he leído mucho más porque distribuí mi tiempo entre laboreo de libros que escribo (un poemario, dos de ensayos), lecturas necesarias para mi información o para mi deleite (por ejemplo, releí El Pabellón de Oro, de Mishima, y los dos tomos de la Obra poética de Octavio Paz), trabajo doméstico, y un poco de útiles miradas a la televisión. Con este ritmo, nunca me aburro, nunca me siento en soledad”.

¿Hay alguna conclusión que hayas hecho, en términos existenciales y espirituales, que quieras compartir?

“El pésimo orgullo vanidoso de nuestra especie en fase de industrialización contaminante se ha visto frenado por un resorte de la naturaleza: un virus. Hoy una pandemia no sería acusada en grandes términos como ‘castigo de Dios’, salvo por grupos religiosos fundamentalistas o apocalípticos. Pareciera que una de las tesis de T. R. Malthus sobre demografía entró en función, pero el sabio clérigo británico no contó en su siglo con la capacidad humana para hallar remedios, ergo vacunas. El Ensayo sobre el principio de población se opone ya en 1798 a las que serían futuras ideas del socialismo, por lo que ha tenido una secuela de refutaciones inmensas. Pero he aquí una pandemia en pleno siglo xxi, al menos en su primera quinta parte, lo cual nos haría reflexionar fuera de la línea malthusiana (guerras y enfermedades ‘necesarias’) en la exigencia humana de mirar en favor del Planeta, luchar por la no contaminación masiva de su entorno vital, seguir atento a la pacífica exploración cósmica que nos ofrezca luego otro hogar sin renunciar al nuestro natal, y muchos recursos de vida para evitar el exceso contaminante y el agotamiento de patrimonios de mares y tierras planetarios. Si no se ha aprovechado este mal epidémico para reflexión y acciones apropiadas en favor de toda la especie, daremos otro paso más hacia nuestra extinción frente a otros males futuros de salud o geográficos, geoeconómicos, geopolíticos. Si no pensamos como especie, el futuro seguirá siendo incierto y demasiado al albur de nuestros instintos”.

¿Qué enseñanzas pudieran dejarnos, como seres sociales, estos meses enclaustrados?

“Creo que al intentar responder la pregunta anterior, expreso algunas especulaciones sobre la condición de los ‘seres sociales’, mejor ‘biosociales’, ante los retos de la vida en un planeta de recursos en fase de gradual agotamiento. Podría agregar que esta pandemia, a diferencia de otras pretéritas, ha puesto en claro la necesidad de colaboración y solidaridad mundiales frente al impulso egoísta capitalizador y frente al síndrome demasiado aprehendido de la ‘propiedad’ como derecho humano ‘sagrado’. Por ejemplo: una o varias vacunas contra la Covid-19 deben ser puestas en servicio social generalizado y no como cara mercancía de propiedad totalitaria. El Planeta es una ‘propiedad’ no solo de la especie humana y estamos dañando incluso de manera irreversible este condominio. Si se sigue deteriorando, primero sus bienes que sostienen la vida aumentarán de precio y, luego de la muerte de millones, se devaluarán de una manera ‘pandémica’. ¿No pensamos en esto? ¿Seguiremos acabando indiscriminadamente con tales recursos? ¿De verdad precisamos un automóvil per cápita? ¿Hay grupos sociales de alto poder económico y político que no cederán jamás al menos un poco su dominio, su control y la masiva explotación de recursos? ¿Son estas ideas propias de solo una ‘ideología’, o una manera decisiva de observar el desarrollo vital de nuestra especie? No basta con apuntar, hay que disparar; o sea, la vida necesita de la reflexión (en mi caso soy un hombre al servicio de la poesía), pero ella debe dirigir el impulso hacia la imprescindible carrera ejecutiva por el Bien y la Belleza, que no pasan por la presión depredadora indomeñable e implican desarrollo armónico entre la ciencia y la técnica y el espíritu humano”.

¿Cómo avizoras el futuro post pandemia?

“No tengo don avizor. Me encantaría ‘nostradamundiar’ al Planeta, pero soy un pobre poeta sin don profético que mira de manera lírica hacia la realidad. De modo que la praxis casi siempre me desborda y hasta me abruma. Solo quisiera que nuestra especie no fuese víctima de sí misma, y me marcaría al lado de una utopía de solidaridad, de Amor Universal, de indulgencias y de borraduras de la aprehensión egoísta del mundo. Tengo la fe de un futuro mejor, la esperanza de que pueda ser cierto y la caridad de contribuir a ello, no sin algún resorte pretencioso, con mi escritura, que es lo mejorcito que sé hacer. Deseo que ese futuro pertenezca por completo a la bondad, y un deseo es mucho más que una predicción. Avizoro que en el futuro moriré, moriremos poco a poco todos los que ahora estamos vivos, y anhelo un mundo próximo mucho mejor para los continuadores de nuestra especie”.

Virgilio López Lemus

Poeta, ensayista, traductor, profesor universitario, investigador literario. Doctor en Ciencias Filológicas. Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba.

 

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