Desde el Seminario: Homenaje al encantadísimo

Por: seminarista Rafael Cruz Dévora

External view of the new Catholic Seminar of Saint Charles and Saint Ambrose in Havana, inaugurated on November 3, 2010. Cuban cardinal Jaime Ortega thanked Cuban former President Fidel Castro and Cuban President Raul Castro, for the state support for the construction of the first Catholic Seminar in Cuba. AFP PHOTO/ADALBERTO ROQUE (Photo credit should read ADALBERTO ROQUE/AFP/Getty Images)

Al padre Oscar Herrera, in memoriam.

Querido padre Oscarito
gracias por tanta alegría,
es su vida una poesía
que el mismo Jesús ha escrito.
Con un placer infinito
su estancia recordaremos
y por su descanso oraremos
con toda profundidad;
hasta que en la Eternidad
otra vez nos abracemos.

Gracias por cada jornada
de sonrisa desmedida,
gracias porque con su vida
la nuestra quedó marcada
para siempre, porque en cada
palabra sembrabas luz.
Haz cargado con la cruz
has emprendido el camino:
¡empínate peregrino
al encuentro con Jesús!

Gracias por tanta esperanza
predicada y asumida
de cosecha compartida
tu vida fue una alabanza.
Gracias por tanta confianza
en Cristo, Dios verdadero.
Gracias por tu ardor sincero
de entrega a tu Salvador.
Gracias porque en el dolor
te abrazaste del Madero.

Gracias por la letanía
necesaria en el ambón
–¡Apriétate el pantalón,
si quieres salvarte un día!
Gracias porque tanta hombría
se recuerda con ternura.
Aléjense con premura
del pecado, que es real.
–¡Atajen rápido el mal
si echa raíz, no se cura!

Gracias, porque al combinar
lo serio con el humor,
nos transmitías mejor
lo que querías mostrar.
Y gracias por predicar
lo que otros: ¡ni jugando!
¡Qué si Dios te está mirando,
y ve todo tu existir!
–¡Mira que vas a morir,
mira que no sabes cuándo!

Gracias, por la indicación
cantada en aquel bolero,
nadie nunca dio un te quiero
con más desafinación.
El tiempo del corazón
no lo podemos perder.
Charlas a modo taller,
chistecitos con sentido,
en verdad, todo incluido
para ayudar a crecer.

Nos enseñaste a rezar
Y a mejorar nuestro hoy,
sin decir más: –así soy
y nunca voy a cambiar.
Nos enseñaste a enfrentar
la oscuridad del camino
sin obviar que Cristo vino
para ofrecernos su mano:
–porque esto no es a lo humano,
no, esto es a lo divino.

Es toda esa claridad
la gratitud que vivimos,
no sabes cuánto crecimos
a causa de tu humildad.
Creemos que tu bondad
en el Cielo fue acogida.
Pide a la Virgen querida
que aliente nuestro existir
y nos ayude a servir
encantados de la vida. Ω

Deje su comentario

Comparta su respuesta

Su dirección de correo no será publicada.


*