Internet: una puerta abierta al mundo

Por: Yarelis Rico Hernández

Diácono Orlando Fernández Guerra
Diácono Orlando Fernández Guerra

Orlando Fernández Guerra es diácono permanente de la Arquidiócesis de La Habana. En este difícil 2020 cumplió diecisiete años de ordenado, durante buena parte de este tiempo ha dirigido el Departamento de Animación Bíblica de la Pastoral del arzobispado habanero. A grandes rasgos, el contenido de su trabajo se orienta, primero, a gestionar Biblias para la actividad pastoral parroquial. Debido a que estas no se producen en Cuba, su adquisición depende de la generosa colaboración de cristianos de otros países. La otra parte del quehacer de este hombre incansable, con seguridad la que más demanda de su tiempo y esfuerzo, es la de compartir la Escritura con los miembros de las comunidades parroquiales, movimientos pastorales y Casas de Misión. Esta obra la realiza a través de talleres, cursos, charlas y retiros, en los que aborda temas variados que se corresponden con algún ciclo litúrgico o las necesidades de formación bíblica que advierte en la diócesis.

Aunque el escenario fundamental de su misión es la Arquidiócesis de La Habana, que alcanza tres provincias y el municipio especial Isla de la Juventud, Orlando colabora con todas las diócesis del país.

Para un hombre extremadamente laborioso, con un respeto casi inglés por los horarios, la Covid-19 significó lo que para tantos: cierto desajuste emocional. El nuevo virus ponía en riesgo muchas vidas y obligaba al mundo, a cada persona, a detener su apresurado paso, a recogerse en casa y a replantearse el día a día desde una nueva realidad. Nada de cruzarse de brazos. Como otros, Orlando encontró en las redes sociales el espacio ideal para continuar compartiendo la Escritura. Al respecto, conversó con Palabra Nueva, justo cuando, además, se reestrenaba como abuelo, esta vez de una hermosa niña a la que nombraron Saile.

Diácono Orlando Fernández Guerra
Diácono Orlando Fernández Guerra

Eres un hombre muy activo en tu obra pastoral, ¿cuál fue tu reacción al verte obligado a un confinamiento que te impedía continuar con tus charlas y cursos sobre la Biblia y otros temas en comunidades habaneras y fuera de esta diócesis?

“Para los primeros meses del confinamiento, ya tenía organizados talleres de Lectio Divina todos los sábados en comunidades de la diócesis, algunos retiros en la cuaresma como preparación a la Semana Santa, mis habituales clases semanales en el Centro de Estudios Eclesiásticos Padre Félix Varela y en mi comunidad parroquial, donde tenemos una Escuela Bíblica Zonal con un ritmo semanal. Con la pandemia tuve que pararlo todo, esto me obligó a repensar otra rutina de trabajo desde la que pudiera seguir sirviendo a la Iglesia y a la causa del Reino”.

¿Cómo y de qué manera decides reajustarte al necesario aislamiento físico?

“No me gusta estar ocioso, trato de aprovechar mi tiempo al máximo cada día. Así que tenía que encontrar alguna forma de llegar con la Buena Noticia, aunque fuera a menos personas. El evangelio ha sufrido tropiezos desde su mismo inicio, esto no es nuevo, pero ha prevalecido por siglos sorteando todas las dificultades geográficas, sociales, políticas y culturales. Le han acompañado guerras, pandemias, catástrofes naturales, prohibiciones y las persecuciones, que no pocas veces han sido cruentas. Todavía hoy, en el siglo xxi, los cristianos siguen siendo perseguidos a causa de su fe en muchos lugares del mundo y mueren mártires por no apostatar de ella. Pero eso no parece ser noticia para los medios de comunicación.

”Llega este nuevo virus y con razón acapara la atención del mundo; pero no nos iba a parar. Por mi parte, solo necesitaba resituarme en un nuevo escenario. Hoy contamos con las tecnologías de la información y las comunicaciones, con las redes sociales, a las que cada vez tienen acceso más personas en nuestro país. Intuí que esta podría ser una solución para continuar con mi trabajo pastoral y aposté todo a ello”.

Impartiendo cursos bíblicos
Impartiendo cursos bíblicos

Desde antes de la pandemia tu estado de WhatsApp era una plataforma de intercambio importante, ¿por qué ese interés en descansar en esta red digital para llegar a amigos, conocidos etc.?

“Te introduzco primero en cuál contexto me desenvuelvo pastoralmente para que se entienda mi trabajo. Nuestra diócesis es miembro asociado de la Federación Bíblica Católica (FEBIC). De esta filiación soy su secretario, y la preside el cardenal Juan de la Caridad García como arzobispo. Hablamos de una plataforma de trabajo creada por el Papa Pablo VI hace ya cincuenta y un años, al finalizar el Concilio Vaticano II. Tiene como objetivo promover la Sagrada Escritura en la Iglesia católica. En lo que ahora se llama CEBITEPAL (Centro Bíblico Teológico Pastoral para América Latina), organismo dependiente de las Conferencias Episcopales de la región, con sede en Bogotá, fui entrenado en el nuevo paradigma eclesiológico que iba emergiendo desde este continente para el mundo. Este quedó definido –al menos en el nombre, porque la tarea está abierta siempre–, en la V Conferencia General del Episcopado celebrada en el 2007 en Aparecida. Es lo que se ha llamado la Animación Bíblica de la Pastoral (ABP).

”La ABP se entiende como el esfuerzo por hacer de la Escritura, ya no solo el ‘alma de la teología’, como quería el Vaticano II; sino ‘el alma de toda la vida pastoral y misionera de la Iglesia’. Todas las obras de la Iglesia han de inspirarse necesariamente en la Biblia, si quieren seguir llamándose ‘cristianas’.

”Ese es el motor que me impulsa. Mi mayor motivación es generar mejores iniciativas de acompañamiento y servicio a la Iglesia donde la Biblia sea el centro. El corazón de la fe cristiana es la Palabra de Dios proclamada, vivida y celebrada en la Iglesia. Por esta razón es para mí un imperativo estar siempre pastoralmente activo. Todos los cristianos deberíamos sentir la urgencia de la evangelización y escuchar en nuestro corazón las palabras de San Pablo: ‘¡Ay de mí si no evangelizare!’ (1 Cor 9.16). Pero cuando tienes responsabilidades diocesanas, el ardor ha de multiplicarse exponencialmente para no convertirte en ese siervo perezoso que escondió los talentos que le dio su Señor (Mt 25.26-29)”.

¿De esa experiencia primera es que nace este nuevo grupo de WhatsApp “Amigos de la Biblia”?

“Ciertamente. El primer grupo de difusión que hice (todavía activo y con muchos miembros) se llama ‘Febic-Habana’. Aquí tengo como destinatarios principales a los obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos, a quienes envío semanalmente los comentarios a las lecturas dominicales, la Lectio Divina y algunas otras cosas. Este grupo lo inicié mucho antes de la pandemia. Luego se me ocurrió lo de ‘Amigos de la Biblia’, que en la práctica es un clon del primero, porque envío el mismo contenido a ambos grupos. Pero quería que fueran personas diferentes, así que ahí hay muchos laicos católicos, fieles evangélicos y pastores de distintas congregaciones, incluso agnósticos interesados en un mensaje espiritual y de Esperanza para estos tiempos.

”Por supuesto que el contenido ha ido creciendo y diversificándose. Algunos de estos miembros tienen a su vez grupos de difusión por el que comparten algo del material que pongo. He escuchado audiotestimonios de agradecimiento por la calidad y seriedad del material, así como por la perseverancia. Te cuento esto porque uno nunca sabe el impacto que puede tener lo que dices, o haces, o compartes con otros. ¡A cuántos corazones se puede llevar sosiego y esperanza usando estos medios!”.

¿Cómo haces para mantener esa programación diaria de este grupo? Como diríamos en buen cubano: tienes amplia oferta.

“Tengo muchos y buenos materiales digitales, en texto y audio, algunos incluso de producción propia. También he recibido desde el inicio colaboraciones de colegas en el trabajo bíblico de distintas partes del mundo. Sería ingrato no nombrarlos. Por ejemplo, de la Pastoral Bible Fundation de los Claretianos en Hong Kong recibo los comentarios semanales a las lecturas dominicales; de Mons. Damián Nannini, obispo de la diócesis de San Miguel en Argentina, la Lectio Divina con las lecturas de cada domingo; de la FEBIC y la Sociedad Verbo Divino, materiales que ponen a libre disposición para compartir; de las SBU, igualmente, un paquete de materiales relativos a la pandemia y la fe. Desde Temuco, en lo más austral de Chile, recibo a diario las meditaciones para cada mañana. Esto último lo graba artesanalmente un chico en su casa, restándole tiempo a sus estudios universitarios. También desde Estados Unidos me llegan materiales devocionales, y desde España cuento con la colaboración de un diácono de Sevilla y un seminarista de Huelva que me envían literatura para compartir. Como ves, hemos tejido una red de apoyo internacional para llevar a cabo esta obra. Eso hace que la oferta no solo sea amplia sino rica en contenido”.

Sabemos las limitaciones que en el tema de conectividad tienen los cubanos, sin duda mejoradas en los últimos meses. Sin embargo, el intercambio es rico en tus estados. ¿A qué crees que se deba esto?

“Al interés que tienen muchos por alimentarse de la Palabra, especialmente cuando no se puede asistir a misa o a los cultos, como en el caso de los evangélicos que son miembros del grupo. Esta pandemia global ha dejado claro que el uso de las redes sociales para la evangelización no es coyuntural. Esto llegó para quedarse. Pienso que todas las pastorales de la Iglesia tendrían que empezar a proyectar su trabajo futuro más allá del aula parroquial. El templo ya no es el único espacio donde encontrarnos con aquellos que no conocen a Cristo. A pesar de todas las limitaciones –que sueño se vayan resolviendo en un futuro cercano–, Cuba cuenta con seis millones de usuarios de telefonía celular. No es raro ver desde un niño hasta un anciano con un teléfono o tablet entre las manos consumiendo contenido digital.

”Hay buenas y malas ofertas en el mercado disputándose la atención de estos consumidores. La Iglesia no puede obviar esta realidad ni permanecer ajena a la misma. Tenemos que estar ahí. No podemos permitirnos estar ausentes donde se hace necesaria nuestra voz, que es la voz de Cristo que nos ha enviado, como criterio de discernimiento en las cada vez más complejas relaciones sociales”.

Por último, ¿qué importancia le concedes a las plataformas digitales para el trabajo pastoral de la Iglesia en Cuba hoy? ¿Crees que se explote adecuadamente? ¿Qué haría falta para mejorarlo?

“Ya hace algunos años que el Papa san Juan Pablo II dijo que los medios de comunicación –y por eso se entienden hoy también las redes sociales–, son el nuevo areópago que los cristianos debemos aprovechar para proponer el mensaje del evangelio, que siempre es Nueva y Buena Noticia, revelándose como la respuesta a los que buscan razones para vivir y soñar con un mundo mejor.

”Tengo conocimiento de que hoy se están celebrando simposios y conferencias en línea en todo el mundo para compartir las experiencias tenidas en este tiempo de pandemia y para planear sobre la base de ellas el futuro de la evangelización usando las redes sociales. Siempre se puede hacer más y mejor el trabajo a medida que nos vayamos preparando para ello y vayamos destinando tiempo y recursos para su crecimiento y explotación. Existen algunas plataformas con un potencial increíble, por ejemplo, YouTube, donde no solo se pueden colgar videos sino también podcast, ahora muy de moda. Pero todavía no estamos en situación de usarlas con eficiencia por la dificultad para adquirir las herramientas técnicas necesarias para la producción de contenidos, así como por el uso que se le pudiera dar teniendo un acceso a la web tan limitado, lento y caro.

”Por otra parte, existen algunas buenas plataformas para la educación a distancia y la evangelización que están cerradas para Cuba debido al embargo norteamericano. Pero en otros casos ese acceso está censurado desde dentro, por políticas del país. Ambos extremos ciertamente nos limitan, pero no impiden el trabajo pastoral, si somos creativos. Lo que más daño hace al usuario es el precio de internet y el ancho de banda. Y a la Iglesia, lo que más la daña, es la incomprensión de sus pastores y líderes laicos para hacer un buen uso de estos medios. Seguimos atados a un modelo educativo-catequético y evangelizador que supone la presencia física. Y hoy este no es el único escenario para ello.

”Los cubanos usan internet para comunicarse con sus familiares que están fuera del país. Las aplicaciones más populares son: Gmail, Facebook, Messenger y WhatsApp. Estas cuatro, entre tantas, les abren una ventana de contenido que no siempre es bueno ni de calidad. Como bien sabes, internet es un océano donde navegar, pero también donde naufragar. Hay de todo… y muchas veces muy malo. Si las personas tuvieran un acceso mejor a la web, ilimitado, rápido, barato y libre, se podría hacer una oferta increíblemente hermosa en el área de la educación a distancia y de la evangelización al hogar, pensando sobre todo en los más ancianos o en aquellos con alguna minusvalía que les impide asistir al templo”. Ω

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