El silencio tiene ruidos

Por: Teresa Díaz Canals

La mujer y sus derechos
La mujer y sus derechos

“La realidad quiere tomar la palabra”.
Karl Rahner

“La voz, ser frágil y efímero, puede dar testimonio
de las más fuertes realidades…
Pero antes de hablar, hay que oír”.
Gaston Bachelard
La poética del espacio

La ablación de la Palabra

Casi a diario leo o escucho algún acontecimiento que se relaciona con las mujeres por su condición de serlo. Hace pocos días, tres de ellas fueron condenadas a más de ¡cincuenta años! porque se quitaron sus velos en una región donde es obligatorio llevarlo; en la Paz, Bolivia, un grupo de hombres hizo una movilización para que se pusiera fin al feminicidio1 en ese país; en el caso cubano, en lo que fuera el cine Neptuno de nuestra capital, una mujer fue lanzada después de asesinarla y me contaron que a otra el marido la dejó sin sus manos, también alcancé a ver algunas fotos espeluznantes de una sobreviviente tirada por el esposo de un balcón. Asimismo, en el momento en que me senté ante la computadora para redactar estas ideas, escuché una canción del querido programa Palmas y cañas, donde un cantante de música campesina deleitaba al público diciendo horrores de la suegra y el estribillo con la frase “matar a la vieja”.

La responsabilidad de los intelectuales es muy grande con respecto a su tiempo y a la nación a la cual pertenecen. El deber de comunicar la verdad forma parte del oficio del filósofo y del sociólogo (como de cualquier otra profesión); precisamente Baruch de Spinoza (1632-1677) llamó la atención acerca de que la idea no tenía por sí misma fuerza, es débil, por ello es muy importante difundirla, porque enseñamos, escribimos, hablamos con frecuencia de múltiples temas. Por otra parte, la palabra puede ser el más peligroso de los bienes, con ella puede decirse lo más puro y lo más oculto, la mayor fineza y la más dura vulgaridad, la verdad, pero también la falsedad. Se practica la ablación de sus genitales a millones de mujeres y existe también la ablación de la palabra.

Leí en Facebook una cuestión importante, a propósito de una reunión de altos funcionarios del Estado donde se divulgó por televisión que se realizarán determinadas acciones a favor de las “personas con conducta deambulante”. Solo unos años atrás, una estudiante de Sociología defendió su tesis de licenciatura precisamente con este tema. Enseguida reaccionó por esta vía de comunicación la mencionada socióloga cuando leyó la noticia oficial de las medidas, señaló que le molestaba que a este fenómeno social lo nombraran de esa manera, cuando en realidad se llama indigencia –como en cualquier lugar del mundo– es decir, pobreza extrema. Propuso como vía de solución llevar a cabo un profundo trabajo social, explicó que los centros que existen para los considerados “desahuciados” carecen de los medios necesarios y que solo la medicalización y el asistencialismo no solucionarán tal problema. Agradeció a sus profesores y terminó con un ¡cuánto hay por hacer! Entonces –según la joven especialista– la denominación de “personas con conducta deambulante” no corresponde a la desgarradora realidad. A veces las palabras son infieles a las cosas.

Ética del sí-mismo finito

La palabra feminismo ha resultado ser a lo largo de la historia de una complejidad enorme. No obstante, constituye una corriente de pensamiento, una ética diferente a la tradicional, un movimiento social. Tuvo mucha razón la chilena Julieta Kirkwood cuando destacó que todo movimiento social es más lo que pretende ser que lo que efectivamente es. Esta idea es importante para hacer una valoración crítica y cualitativa y para darnos cuenta sobre lo que no puede ser cambiado. El amor es el reconocimiento de alguien en lo que es, sin que haya que definirse o probar nada. Una comunidad humana se teje, a la vez, con lo que cambia y lo que permanece, con lo que se acumula y lo que se disipa.

Veinte años transcurrieron desde mi aproximación a los estudios de género. Durante ese tiempo, tuve la oportunidad de viajar y traer conmigo alguna literatura sobre el tema, de intercambiar con muchas colegas y asistir a eventos donde se discutían aspectos trascendentales. Asimismo, participé en concursos internacionales que me permitieron profundizar y reflexionar sobre aquello que tenía naturalizado como “la verdad”, contribuí con un grano de arena a conformar la reconstrucción de la memoria dispersa, sin medidas, sin nombres.
Tengo la certeza de que la filosofía me ha enseñado algo de inapreciable valor: las cosas son, y al mismo tiempo, no son. Instituciones diversas desarrollan todo un conjunto de acciones dirigidas a lograr la equidad de género. La intención del presente artículo, es solo dejar constancia de algunas cuestiones que se pudieran tener en cuenta en la tarea de lograr una sociedad de mayor solidez en el respeto a la diferencia.
Las relaciones entre los géneros ha resultado históricamente una relación de desigualdad. No obstante, es necesario oponerse a la injusticia sin sucumbir al mito de la justicia. Liberar a las mujeres es al mismo tiempo liberarlas de la creencia en la liberación. Toda representante de este, digamos movimiento, funciona bajo determinadas condiciones, controla entradas y salidas. Muchas veces se habla en nombre de las que no tienen voces, sin consultarle, ello explica el surgimiento de otros feminismos como el negro, el árabe, el indígena.
La ética de sí mismo debe tener un lugar en el pensamiento feminista. Por qué colocar en el cuerpo sexuado del otro, la causa de todos los males de una manera maniquea, absoluta, esencialista. El feminismo tiene como tarea pendiente que la verdad debe ser lograda no como algo que nos pertenece, sino como algo con lo que debemos establecer una escucha, una relación, pues el centro está en todas partes.
El concepto de autonomía es necesario desarrollarlo en una sociedad donde el paternalismo ha estado presente durante mucho tiempo, entiéndase autonomía como la capacidad de elegir y perseguir las propias metas, o, dicho en otras palabras, la capacidad de elegir entre posibles modelos de vida.2 Atender el tema femenino de manera consecuente no permitiría una subordinación total e incondicional al poder político. La política de la “presencia” (de las mujeres colocadas en diferentes niveles en el sistema político) no es igual a la solución de sus problemas, pues tendrían estas representantes que actuar con enfoque de género, no reproducir las relaciones patriarcales. El sistema de cuotas asegura la igualdad de oportunidades, pero no asegura el resultado de la carrera hacia el poder. Esta peculiar forma de ejercer la política por parte de las mujeres que llegan a puestos de dirección, algunas teóricas la llaman la “incompleta investidura”.

No se debe concebir un movimiento de mujeres alejado del contexto social donde nace. ¿Cómo es posible que solo concibamos una lucha por la equidad de género, sin expresar preocupación por el medio ambiente? El ecofeminismo es en la actualidad un imperativo para poder obtener determinados resultados ante los efectos del cambio climático. El movimiento Chipko nació en la India en la década de los setenta del siglo xx, quiere decir “Abrazar”, porque un grupo de mujeres en una aldea de ese país, se abrazó a los árboles para impedir la tala de un bosque que alimentaba a esa comunidad. El ecofeminismo considera a la mujer dadora de vida, por eso la vincula a la naturaleza –lo que no quiere decir que toma una posición esencialista de fundición de la mujer con el hábitat– y aspira al desarrollo de su cuidado desde lo maternal, no porque conviene y es útil al ser humano, sino porque es necesario que aprendamos a amarla.

No es concebible un movimiento femenino que abogue por la verdadera justicia y se dedique solo a acciones propiamente de género, sin tener en cuenta otros debates significativos, cuando se supone que debe constituirse su expresión teórica en una nueva ética, en una nueva cultura. Leí que en Australia impondrán una multa de quinientos euros por arrojar cabos de cigarros al piso, ¿cómo es posible divulgar esto sin hacer alusión a la suciedad espeluznante de nuestras calles que conlleva a la tupición de alcantarillados, a la inundación de muchos lugares cuando llueve?, ¿cómo es posible que un ciudadano cubano expresara que la muerte de tres niñas fallecidas el 27 de enero del presente año, como consecuencia de un derrumbe, es un hecho común que sucede en otros países e intentara así disminuir el enorme dolor causado por la irresponsabilidad y la desidia? Es fundamental comprender que esto no fue tan solo el drama de un momento fatal, esas muertes simbolizan el resultado de una larga y dolorosa historia, hay un signo peor que las lágrimas lloradas y es el de las lágrimas escritas. Aquí las cubanas pudieran aportar, pues es evidente que existe violencia en este lamentable hecho, y el feminismo debe ser en esencia una cultura de paz ambiente.

Es preciso leer aquello que no se leyó en una obra leída, ver en medio de la noche aquello que no resulta visible, con mirada de invidente.

Notas

1 Feminicidio: Los términos femicidio y feminicidio a veces se utilizan como sinónimos, pero en otras ocasiones se utilizan de manera diferente. El primero se considera que es el asesinato de mujeres como cualquier otro homicidio cometido. El segundo se refiere al crimen cuando se realiza por su condición de género, tomando en cuenta las relaciones de poder de un hombre sobre una mujer y se vincula con la participación del Estado por acción u omisión.

El femicidio, parte del bagaje teórico feminista, procede tanto de las autoras Diana Russell y Jill Radford en su obra Femicide. The politics of woman killing como por Mary Anne Warren en 1985 en su libro Gendercide: The Implications of Sex Selection. Ambos conceptos fueron castellanizados por la feminista mexicana Marcela Lagarde como feminicidio.

2 Véase Alejandra Castillo: Nudos feministas, Santiago de Chile, Editorial Palinodia, 2011, p. 67.

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