Mujer de Iglesia por la gracia de Dios

Por: María Caridad López Campistrous

Mujer de Iglesia
Mujer de Iglesia

“El lugar de la mujer en la Iglesia no es solamente para la funcionalidad. El papel de la mujer en la organización eclesial, en la Iglesia va más allá, y debemos trabajar sobre este más allá, porque la mujer es la imagen de la Iglesia madre, porque la Iglesia es mujer… La Iglesia es capaz de llevar adelante esta realidad y la mujer tiene otra función. No debe tener un trabajo funcional… es necesario abrir este nuevo horizonte para entender bien qué es la mujer en la Iglesia”.1

“Entender bien qué es la mujer en la Iglesia”, es el final de la larga cita del Papa Francisco con la que comienzo esta atrevida reflexión sobre la mujer en el hoy de la Iglesia católica cubana. No soy “experta” en el tema, pero tampoco es secreto que en nuestras pequeñas o grandes comunidades, las mujeres (niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres maduras o ancianas) somos un número sensiblemente mayor. Bastaría para comprobarlo dar una ojeada a alguno de nuestros templos en una misa de domingo y hacer cuentas, como muchas veces hago solo por curiosidad.

Más allá de los números, la vida de la comunidad cristiana está marcada por la presencia y servicio constante y generoso, ardoroso y fiel, de cientos, miles de mujeres catequistas, misioneras, animadoras de la liturgia y de comunidades, visitadoras de enfermos, voluntarias de Cáritas o de la pastoral penitenciaria, ministras extraordinarias de la eucaristía, comunicadoras, profesoras en los centros de formación de la Iglesia, al cuidado de ancianos y enfermos en los asilos… y no es osado afirmar que no hay acción pastoral de la Iglesia en Cuba en la que no estén las manos y el corazón de la mujer.

A pesar de nuestra cultura todavía machista, la mujer está en muchos ámbitos decisorios de la vida pastoral de la Iglesia cubana; ya sea en las comisiones nacionales o diocesanas, o en los consejos parroquiales o comunitarios. En muchos casos son responsables y en su quehacer proyectan su pensamiento y espiritualidad, su experiencia de vida cristiana y encuentro con Dios, su visión teológica. Desde ahí proponen, organizan, deciden proyectos y acciones pastorales y evangelizadoras, trabajan y se comprometen en la sociedad que exige siempre el testimonio coherente.
Pero no todo es perfecto, no todo está bien. También la mujer en nuestra Iglesia, puede ser utilizada y olvidada, y es desde esa perspectiva que el Papa enfatiza “es necesario abrir este nuevo horizonte para entender bien qué es la mujer en la Iglesia”; la mujer no es solo para que todo funcione bien, no para que se haga porque no hay nadie más, no olvidándose de sí misma, no para un activismo continuo sin tiempo para el silencio y el Espíritu, así no.

Crecí en una comunidad, parroquial y diocesana, marcada por el testimonio de mujeres increíbles: Macusa, Gloria, Laura, Elena, Teté, Raquel, Luz, Elvira, Paquita, Ana, Esperancita, Caridad Cristina, Hna. Raquel, Zaida, Belkis… larga sería la lista; solteras, casadas, viudas, trabajadoras, jubiladas o amas de casa, laicas comprometidas o religiosas consagradas que en su época marcaron la pauta del ser Iglesia, de ser Pueblo de Dios. Mujeres que amaron ardorosamente a Cuba y a la Iglesia, que cuidaron templos y parroquianos, que bautizaron sus nietos, y les llevaron al catecismo. Mujeres que nunca decían: “no estés, no vayas, no hagas… sino ve y vive tu fe sin miedo, da testimonio”. Me miro, miro a nosotras, mujeres del hoy de la Iglesia cubana y me pregunto ¿estaré, estaremos dejando esa misma huella?

Nota
1 Discurso del Papa Francisco al Dicasterio para los laicos, familia y vida, 16 de noviembre de 2019, Ciudad del Vaticano.

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