Cuarto día de la Novena a la Virgen

2 de septiembre del 2020

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Santa María de la Caridad, Madre del Señor
Jesús, te veneramos con especial cariño y
amor.
Te alabamos, Madre y Patrona del pueblo
cubano, porque has estado presente en
todas las luchas, penas y alegrías de tu
pueblo.
Virgen Mambisa, proclamada y venerada
por nuestros veteranos, te pedimos que
hoy, como ayer, estés presente en la vida
de tu pueblo querido: este pueblo que busca
el amor, la comprensión y la unión sincera
de todos los cubanos.
Te ofrecemos; el esfuerzo de nuestros
cristianos, el trabajo de nuestros obreros y
campesinos, el estudio de nuestros jóvenes,
la sonrisa de nuestros niños, el dolor de
nuestros enfermos, el desvelo vigilante y
callado de todas nuestras madres, la
soledad de tantos hermano, viudas y
huérfanos la entrega generosa de nuestros
mártires y difuntos, el sentimiento noble y
sencillo de nuestro pueblo
Madre de la Caridad, llegue hasta tu altar
del Cobre, tan amado y venerado, las
súplicas que te presentamos.
Amén

 

María, vive con fe la dificultad

Recordando la profecía de Simeón, que anunció que el Niño sería como una bandera discutida y que una espada de dolor traspasaría el corazón de la Madre (cf. Lc 2, 34-35), celebra también la íntima unión de la santísima Virgen con el Hijo en la obra de la salvación: «El mismo amor asocia al Hijo y a la Madre, / el mismo dolor los une / y una misma voluntad de agradarte los mueve»

El anciano Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, se convierte en testigo de que «todas las cosas se cumplieron» según la ley, para que surja el Evangelio. Un Niño «signo de contradicción», una Madre llamada a una maternidad mesiánica de dolor junto a su redentor, y un anciano temeroso de Dios son los protagonistas del resumen de todo el Evangelio. Antigua y nueva alianza, Navidad y Pascua: aquí se encuentran en figura todos los misterios de la salvación, aquí se recapitula la historia, se le da cumplimiento en el tiempo, respondiendo a la colaboración y a la expectativa de los justos de todos los tiempos: José y Ana.

La Madre de Dios constituye el vínculo de unión entre dos acontecimientos de la salvación, tanto por las palabras de Simeón como por el gesto de ofrenda del Hijo, símbolo y profecía de su sacerdocio de amor y de dolor en el Gólgota.

María siempre responde con una fe confiada, la misma fe que en el momento de la Anunciación le hace expresar que es “la esclava del Señor”, que guarda en el corazón lo que todavía no entiende, pero que sabe que es voluntad de Dios, la fe, que la saca de un inmovilismo para lo mismo subir a la montaña, a casa de su prima Isabel, que, a ponerse en camino a Belén, que a levantarse de noche y, junto a José, huir a Egipto.

Con prisa también la Virgen viene a nuestro encuentro, la historia de su hallazgo nos dice de una tormenta y de unas olas, de la  necesidad de la búsqueda de sal, de esfuerzos y sacrificios, pero de una fe que empieza a caminar, porque todo se confía a Dios y porque Dios todo lo puede y Dios quiere la felicidad plena del hombre.

Ante la dificultad, la fe, que no hace confiar y caminar por los senderos de Dios, aunque todo parezca inútil, o no veamos ahora. Habría que decir como san Juan de la Cruz: “que bien se yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche”.

Decena del Rosario

En este momento piensa en
silencio aquella
gracia que quieres pedir a Dios
por intercesión de la Virgen de la
Caridad durante esta
novena (Breve silencio).
Ofrecemos esta
decena del rosario por todos
nosotros que hemos
acompañado a la Virgen,
pidiendo por los que en medio de
la dificultad se sienten agobiados
y cansados, sin esperanza, para
que la Virgen nos mueva a dar
razón de nuestra fe y alegría en
el Señor, que no abandona.

ORACIÓN FINAL

Virgen de la Caridad del Cobre «Has venido
a visitar nuestro pueblo y
has querido quedarte con nosotros como
Madre y Señora de Cuba, a lo largo de su
peregrinar por los caminos de la historia».
– «Tu nombre y tu imagen están esculpidos
en la mente y en el corazón de todos los
cubanos, dentro y fuera de la Patria, como
signo de esperanza y centro de comunión
fraterna».
– «¡Madre de la reconciliación! Reúne
a tu pueblo disperso por el mundo. Haz de la
nación cubana un hogar de hermanos y
hermanas, para que este pueblo abra de par
en par su mente, su corazón y su vida a
Cristo, único Salvador y Redentor».

Compromiso personal

¿A qué me comprometo a vivir en este día? Pienso en algo concreto que pueda hacer para manifestar el amor y la fe en el Señor.

Bendición

El Señor Todopoderoso, nos bendiga, nos
guarde de todo mal y nos lleve a la vida
eterna. Amén.

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