¿Qué buscas?: El valor de las pequeñas cosas

Por: Paulinos en Cuba

En la sociedad actual, siempre más condicionada por el funcionamiento de partes, secciones y detalles, paradójicamente hay más distracción en la mente de las personas, tanto en relación con los aparatos de que se sirve a diario, como al respecto de la interdependencia con los demás. Pareciera como si la abundancia de aparatos y subsidios técnicos de que disponen las personas hubiera generado en ellas un exceso de confianza en lo automático y en su rápido reemplazo. Tal automatismo deshumaniza y vuelve a la gente atenida, poco previsora en muchos campos y a la larga sin control de las propias acciones.

Así, se van delegando funciones en lo automático y cuando esto falla, quedamos como desvalidos e impotentes, faltos de soluciones. Hemos olvidado que todo invento surge a partir de una necesidad del hombre, a la cual él le encontró solución, depende, por tanto, de este, es él quien tiene el control, no al revés, y en este proceso a lo largo de los siglos el hombre también se fue desarrollando.

Somos seres sociales, necesitamos del otro, tanto para dar como para recibir, tanto en lo material como en lo espiritual, aislarnos, distraernos de nuestra propia naturaleza es involucionar. Aunque no lo parezca, estamos enlazados con el prójimo a través de mil pequeñas cosas y atenciones. Ama a tu prójimo como a ti mismo, porque a la larga no es algo diferente a ti, no es algo ajeno y ninguna máquina podrá jamás sustituirlo.

Cuida, entonces, los detalles, reconoce el valor de lo pequeño. A veces algo aparentemente insignificante resulta decisivo, para bien o para mal.

Las cosas pequeñas tienen su valor y los detalles cuentan mucho: para el buen funcionamiento de los instrumentos y aparatos que se vuelven cada día más imprescindibles, y también para lograr una feliz convivencia con los demás. Sé independiente, sé capaz de utilizar la técnica más avanzada y de prescindir de ella con creatividad, en cualquier momento, disfruta de la vida en su sencillez y no la olvides. Así te convertirás en un apreciado inquilino de la casa común en que habitamos.

Recuerda que, de una cosa mínima, en apariencia insignificante, como puede ser una aguja, un simple botón, un destornillador o un termómetro, pueden depender cosas de más valor, como la posibilidad de usar una determinada prenda, el hacer funcionar un aparato o el percatarse de una grave amenaza contra la propia salud. Una fecha diligentemente apuntada en la propia agenda puede hacer duradera una relación amistosa. Por la falta de un documento que no aparece donde debía estar, puede perderse la oportunidad de un óptimo puesto de trabajo.

No menosprecies lo pequeño o de apariencia insignificante; esfuérzate más bien por reconocer su valor y demuéstralo con tu conducta. Tampoco descuides los detalles en las cosas que realizas, ni siquiera cuando un aspecto de las mismas no sea visible. Steve Jobs recordaba, entre lo que aprendió de su padre adoptivo, la recomendación que le hacía de que buscara la perfección hasta en los aspectos no visibles: si parte de una cerca quedaba junto a un muro, había que pintar también esa parte no visible.

El que valora las pequeñas cosas y cultiva los detalles, con toda probabilidad es una persona responsable y capaz de realizar bien los asuntos y tareas de mayor importancia. Y así se le juzga.

Sé, pues, cuidadoso de las pequeñas cosas y practica los detalles, en lo tuyo y en lo que ayude al bien común. Es poca cosa que seas ordenado y previsor en los espacios de tu pertenencia. Contribuye también, lo más que puedas, a mantener ordenado y en buen funcionamiento el ambiente que te rodea. Serás así un apreciado inquilino de la casa común que es el planeta Tierra. Ω

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