Con cólera esperanzada

Por: Antonio López Sánchez

Cubanos conectándose
Cubanos conectándose

…que hay que hacerle el jueguito a la dirección
que si eres sincero
lo seas a media voz
no vaya a ser que algún cretino
diga que uno es contrarrevolucionario.
Santiago Feliú

Dice mi inefable Vicente Feliú en una de sus canciones que “la cólera es amiga de la esperanza.” Debido a mi profesión, soy periodista, no soy de los que fomenta pataletas en las redes. Además, como me enseñara mi inolvidable profesora Miriam Rodríguez, mi derecho a la libertad de expresión no es, ni una licencia para decir estupideces frente a miles, ni me permite gritar ¡fuego! en mitad de una multitud. Por eso trato, en lo profesional y como ahora, desde posturas personales, ejercerla con la mayor mesura y lucidez posible. Puede que, quizás justamente por creer en la esperanza, y defenderla desde aquí adentro, es que me decido a dejar caer algunas gotas escritas de mi cólera.
Por obra y gracia de un trabajo periodístico, en un solo saco cabemos, bajo la etiqueta de mercenario –o en el peor caso, de rata ignorante y embobada por los Hamelines de las sempiternas flautas campañeras contra Cuba–, todos aquellos que solicitamos precios más bajos en los servicios de ETECSA, en las actuales circunstancias.
En los últimos días, el propio Primer Ministro reconoció ante los medios que muchas de las medidas recién tomadas ante la pandemia, obedecen, además de los obvios análisis gubernamentales, al pedido del pueblo. No escuché a ningún dirigente decir que se cerraban las fronteras, las escuelas, o se tomaba cualquier otra medida, porque lo pedía algún mercenario desde afuera. Duele ver, en las durísimas circunstancias que vivimos (más duras que siempre), que todavía haya quien se escude, en nombre no sé de qué retorcida defensa y atrincheramiento, en los agrietados argumentos de blanco y negro, de todo o nada, de conmigo o contra mí. Pensar como país es, justamente, escuchar a todos. Si algunos estamos equivocados, no es con acusaciones, acomodaticias y reafirmantes para el acusador, que se enseña y educa.
Si cada vez que este país decida hacer algo, por decisión soberana; si cada vez que el pueblo, ese enorme dragón de millones de cabezas y criterios, pide algo (y ya se sabe que vox populi, vox Dei); si cada pensamiento que se alza en crítica o en solicitud va a ser culpa del enemigo o consecuencias de la hipnosis de alguna nueva campaña, pues, nada nos queda por hacer. Ya nos ganaron. Somos todos unos lerdos atontados sin criterio propio.
Voy a resumir mis pensamientos y sentires en unos versos. Para quienes acusan a sus compatriotas de mercenarios, arribistas o cipayos por emitir sus criterios, brotan en respuestas estas estrofas del cubano mayor, José Martí, al que todavía no hay mancha capaz de rebajarlo:
(…)
Miente como un zascandil
El que diga que me oyó,
Por no pensar como yo
Llamar a un cubano «vil».
(…)
¡Qué dijera yo de aquel
De opinión diversa, si
Me llamara vil a mí
Por no opinar como él!

Quiero a Cuba amante y una;
quiero juntar y vencer
¿Y empiezo por ofender
Al que ha nacido en mi cuna?
(…)
A mis hermanos en pena
No los he de llamar viles,
Los viles son los reptiles
Que viven de fama ajena.
(…)
Y cuando todas las manos
Son pocas para el afán,
¡Oh patria, las usarán
En herirse los hermanos!

Algo en el alma decide,
En su cólera indignada,
Que es más vil que el que degrada
A un pueblo, el que lo divide.

¿Quién, con injurias, convence?
¿Quién, con epítetos, labra?
Vence el amor. La palabra
Sólo cuando justa, vence.

Si es uno el honor, los modos
Varios se habrán de juntar:
¡Con todos se ha de fundar,
Para el bienestar de todos!

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