Los pasionistas y el tricentenario de la congregación

Por: Presbítero Carlos Díaz, CP

Año Jubilar por el tricentenario de la fundación de la Congregación de la Pasión de Jesucristo
Año Jubilar por el tricentenario de la fundación de la Congregación de la Pasión de Jesucristo

La Congregación de la Pasión de Jesucristo, fundada el 22 de noviembre de 1720, está celebrando durante el 2020 el Año Jubilar por el tricentenario de su fundación. Esta congregación, aun cuando es conocida por no pocos como “Los Padres Pasionistas”, en alusión a los sacerdotes que la integran, no está compuesta exclusivamente por ellos, sino que también incluye a hermanos, religiosas y monjas de clausura. De modo que, cuando hablamos de “los pasionistas”, estamos hablando de una gran familia de hombres y mujeres que han consagrado sus vidas a Dios siguiendo un carisma común, el mismo que movió a san Pablo de la Cruz: identificarse con Cristo en su Pasión, convencido de que “la Pasión de Jesucristo es la obra más grande y admirable del amor de Dios”.
Esta es, pues, la familia, la congregación que está celebrando sus trescientos años de fundada, la misma que, como toda obra de Dios, ha ido creciendo lentamente y que en nuestros días se encuentra presente en más de sesenta países, con unas cuatrocientas comunidades. De modo que este Año Jubilar no se limita solo a “hacer memoria”, sino que es, ante todo, ocasión propicia para dar gracias a Dios por estos tres siglos de existencia y, al unísono, implorarle que continúe derramando sobre la Congregación de la Pasión esa fuerza que emana de la Cruz, de modo que, sin desviar nuestra mirada de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, sepamos descubrir, unidos a ella, los nuevos crucificados de hoy, y compartir con ellos y con todos los hombres y mujeres de nuestro pueblo, la convicción en el poder salvador de la Cruz del Señor. Esa es, precisamente, la razón de ser de los pasionistas en la Iglesia y en el mundo, y que renovamos al celebrar el Jubileo por el Tricentenario: continuar haciendo presente, en palabras y obras adaptadas a nuestro tiempo, la espiritualidad y las enseñanzas siempre actuales de san Pablo de la Cruz, nuestro santo fundador.

San Pablo de la Cruz
San Pablo de la Cruz

San Pablo de la Cruz

San Pablo de la Cruz nació en Ovada, Italia, el 3 de enero de 1694. A los diecinueve años experimentó una llamada especial de Dios a seguir las huellas de Cristo crucificado y, dócil a esa llamada, el 22 de noviembre de 1720, a los veintiséis años, de manos del obispo de Alejandría, Mons. Gattinara, es revestido con el hábito de la Pasión. A partir de aquí, con nuevos bríos, san Pablo de la Cruz inicia una vida de oración y penitencia. Poco a poco se le van uniendo otros compañeros, y la congregación comienza a crecer nutriéndose de la savia de la meditación y la contemplación de la Pasión y muerte de Cristo. Pero no solo fueron hombres, algunas mujeres también se sintieron llamadas por el Señor a seguir el carisma pasionista, surgió así, en 1727, la Congregación de Monjas Pasionistas de vida contemplativa, fundadas por el propio san Pablo de la Cruz.
Misionero convincente, valiente fundador y místico enamorado, además de un experto en acompañamiento espiritual, san Pablo de la Cruz es considerado uno de los místicos más grandes del siglo xviii. El 18 de octubre de 1775 muere en Roma a la edad de ochenta y un años. En 1853 es beatificado y el 29 de junio de 1867 el Papa Pío IX lo declaró santo.

Los pasionistas, un caminar de 300 años

Hoy la Congregación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo está extendida en los cinco continentes. Con el paso de los años han surgido varias congregaciones que, siguiendo el mismo carisma fundacional, viven y proyectan la memoria del Señor Crucificado y Resucitado, con distintos modos de vida y apostolados. Baste mencionar, entre otras, a las Hermanas Pasionistas de San Pablo de la Cruz, a las Hijas de la Pasión o a las Siervas de la Pasión.
De este modo, la celebración del tricentenario de la fundación de la congregación es la celebración de un carisma que se proclama con palabras y con obras siempre nuevas, que promueven y proyectan en el tiempo la indivisa espiritualidad pasionista de su fundador. De ahí que no estemos celebrando grandezas o éxitos personales o comunitarios, pues todo ha sido obra de Dios; celebramos, más bien, las bendiciones que durante estos tres siglos Dios ha derramado sobre la congregación y la fidelidad de innumerables pasionistas que, con su vida y su misión, en medio de su fragilidad humana, han mantenido vivo el recuerdo de la Pasión de Jesús.
Es por ello que este Año Jubilar lo celebramos con nuestra mirada fija en Jesús, Aquél que hace todas las cosas nuevas. Lo que se propone la congregación, tanto personal como comunitariamente, es:

  • profundizar su compromiso de mantener viva la Memoria de la Pasión de Jesús, como la máxima expresión del amor de Dios para toda la gente y toda la creación;
  • encontrar formas nuevas y contemporáneas para promover esta Memoria (memoria passionis);
    renovar la Misión para proclamar el Evangelio de la Pasión;
  • recordar el pasado humildemente con acción de gracias al Dios de Amor y Compasión que nos ha bendecido (gratitud);
  • leer los signos de los tiempos y encontrar nuevas formas de evangelizar a través de la lente de la Pasión de Jesús (profecía);
  • discernir los planes y las promesas de Dios para un futuro significativo (esperanza).

Nuestro Año Jubilar, punto de partida

En la preparación para celebrar los trescientos años de la fundación de nuestra Congregación, damos gracias al Señor por el carisma de san Pablo de la Cruz, por nuestra vocación personal de pasionistas y por todo el bien que nuestros hermanos han podido realizar en el mundo. Damos gracias a Dios, por esa rica mies de la que dan testimonio los numerosos santos y beatos pasionistas. Con ellos, y a imagen de ellos, queremos vivir, servir y compartir el carisma de la Pasión, ofreciendo cada día respuestas esperanzadoras a nuestro pueblo y, con espíritu de profecía, enfrentarnos a los retos que se presentan en nuestra misión con una vitalidad nueva, cimentada en nuestra vivencia de fe, sabedores de que solo sustentados en la fe podemos mirar el futuro llenos de confianza y gratitud.
Durante este Año Jubilar, nuestra congregación realizará una serie de eventos que constituirán ocasión propicia para que la familia pasionista se reúna. Entre ellos cabe destacar el Congreso Internacional de Teología: Cátedra Gloria Crucis de la Universidad Lateranense “La sabiduría de la Cruz en un mundo plural”, además de otras celebraciones que se desarrollarán en cada país durante este año.
El icono que presidirá todos nuestros encuentros y celebraciones representa a san Pablo de la Cruz, al pie del Crucificado y acompañado de la Virgen María, y junto a ellos cuatro imágenes: san Gabriel de la Dolorosa, santa Gema Galgani, el beato (hermano) Isidoro de Loor y el misionero ecuménico beato Domingo de la Madre de Dios. El autor de la obra es el griego Loukas Seroglou; este icono recorrerá la congregación en los sesenta y dos países donde estamos presentes.
Nuestro corazón, lleno de gratitud, profecía y esperanza, lo ponemos en sintonía con el corazón de todos nuestros hermanos religiosos y laicos pasionistas en este III Centenario de nuestra Congregación, para así todos, a una voz, proclamar las palabras que están grabadas en nuestro escudo congregacional, y que cada pasionista siente y vive como propia: “Que la Pasión de Jesús esté siempre en nuestros corazones”. Ω

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