Desde el cartel clásico, una propuesta contemporánea en tiempos de Covid-19

Por: Yarelis Rico Hernández

Iván Alejandro Batista Cadalzo, diseñador de la revista arquidiocesana Palabra Nueva
Iván Alejandro Batista Cadalzo, diseñador de la revista arquidiocesana Palabra Nueva
Autorretrato de un cartel clásico.
Autorretrato de un cartel clásico.

Una propuesta cartelística expone de manera singular el aporte de un grupo de diseñadores cubanos contra el Coronavirus. Durante este tiempo de aislamiento físico, estos creadores han intervenido y reinterpretado conocidos carteles cinematográficos cubanos para transmitir un mensaje de bien público y evitar la propagación de la Covid 19.

Agrupadas en el proyecto “Carteles de cine en tiempos de Covid”, las obras pueden ser vistas, hasta el momento, en distintas plataformas digitales, donde han tenido muy buena acogida. Sus autores, radicados dentro y fuera de la Isla, convergen en el deseo de rescatar aquella memoria gráfica que recoge lo mejor de la cartelística cubana de todos los tiempos para darla a conocer a los más jóvenes.

Iván Alejandro Batista Cadalzo, diseñador de la revista arquidiocesana Palabra Nueva, fue uno de los primeros en sumarse a esta iniciativa, pues de manera individual trabajaba desde antes en el concepto que la inspira. Con el deseo de que su creación “ojalá vaya por más”, aprovechamos la aún vigente cuarentena para conversar con él sobre su participación en este proyecto.

¿Cómo nace esta idea y cuándo te incorporas a ella? ¿Quiénes, además de ti, se sumaron?

“Annick Woungly, diseñadora cubana radicada en Suiza y coordinadora del sitio “Diseñadores cubanos por el mundo”, creó un proyecto denominado “Carteles de cine en tiempos de coronavirus”; ella es, con justeza, quien empieza a darle forma a esta iniciativa. Cuando visito el sitio y veo su intención, me sumo a ella, pues yo había hecho ya dos adaptaciones: la del cartel de la Canción Protesta de Alfredo Rostgaard y la de Cinemateca de Cuba de Rafael Morante, ambas producciones originales de los años sesenta. Casi al unísono se sumaron diseñadores como Javier Gonzáles Borbolla, Alejo Romero, Kendrick Martínez, entre otros.

”He trabajado duro en esta serie, tengo más de quince adaptaciones y ha sido muy estimulante ver la aceptación que han tenido; la gente se identifica con ellas, las replica. Así que si captan el mensaje, entonces los carteles cumplen verdaderamente su función social.

”No solo se ha trabajado en esta serie, se han producido muchos carteles con la misma función, en los que han participado otros diseñadores, entre ellos Richard Velázquez, Walter Díaz Moreno, Yaimel López y Claudio Sotolongo”.

¿Por qué esa necesidad de retomar el cartel cinematográfico cubano? ¿Qué te atrae, particularmente, de autores como Eduardo Muñoz Bachs o Raúl Martínez, por ejemplo? ¿Qué te interesa retomar de estos artistas para el trabajo de diseño que haces?

“Uno de los valores de esta iniciativa es la de rescatar aquella memoria gráfica que recoge lo mejor de la cartelística cubana de todos los tiempos, para que los más jóvenes que no la vivieron -pues son obras de las décadas de los sesenta, setenta y ochenta fundamentalmente- las disfrutaran en su versión original y pudieran apreciar también el trabajo creativo de adaptación a esta situación epidémica. Es, además un homenaje a sus creadores, referentes del diseño gráfico cubano y de quienes, aquellos que hoy peinamos canas, guardamos un recuerdo muy grato. Algunos de ellos nos trasmitieron sus experiencias y pudimos aprender de su trabajo y beber de su calidad humana.

”Todos estos creadores estaban envueltos en un realismo mágico creativo, las soluciones eran maravillosas, de alto impacto visual, con recursos gráficos de representación muy novedosos y experimentales para la época, en la que no existían ordenadores ni softwares para el trabajo de diseño. Muchos de ellos lograron un estilo característico, como es el caso de Eduardo Muñoz Bachs y Raúl Martínez, inspirados en corrientes artísticas polacas y norteamericanas. Esos estilos los he retomado como tributo a ellos y por la inquietud de experimentar y de mezclar esas formas de representación con elementos míos en la ilustración”.

¿Cuántas obras cuentan dentro de la propuesta “Diseñadores cubanos contra el coronavirus”? ¿Qué sigue ahora?

“El proyecto cuenta con alrededor de cuarenta obras; aunque no las he contado con rigor, la cifra anda por ahí. Yo me he detenido ya en esa línea de trabajo porque como he dicho en otras ocasiones, atiborrar o abusar no son buenas palabras y la simpatía no se puede transformar en monotonía y rechazo. Mientras quede alguna solución interesante, es válida, pero sin excesos. Ahora resta seguir trabajando con soluciones gráficas que contengan mensajes dirigidos a no descuidarnos y a mantener la cautela, aunque el balance del comportamiento de la enfermedad en Cuba sea favorable”.

¿Crees firmemente que este tipo de trabajo contribuya a que las personas ganen en disciplina y responsabilidad ante situaciones de riesgo? ¿Consideras que pueda llegar a un público amplio?

“En la serie de adaptación de los carteles de cine no se escogieron las obras al azar, se trabajó fundamentalmente en aquellas que el público pudiera recordar, posters de filmes como Se permuta, La quimera de oro, Besos robados, Fresa y chocolate, Plaff, Clandestinos, Lucía… En otros casos fueron documentales de trascendencia como Hanoi martes 13, Vecinos, La Familia, y también efemérides o eventos recordados como el de la Canción Protesta. La calidad de esos materiales despertó en su momento un efecto de simpatía con el público; hoy, parte de ese público se reencuentra con esas joyas gráficas (hay que recordar que las personas de edad avanzada son las más vulnerables a padecer la enfermedad). Por otro lado, la adaptación que se les hizo produjo un efecto de hilaridad y de asombro al ver el resultado, lo sabemos bien por los comentarios en las redes sociales y en los sitios donde están posteados. La gente ha acogido bien la iniciativa, se ha apoderado de los mensajes, los ha hecho suyos, los ha replicado en internet y ese es el resultado esperado: concientizar, educar y prevenir con el gracejo criollo que nos caracteriza y a la vez con la responsabilidad social que llevan plasmadas estas acciones de comunicación”.

Hasta el momento disfrutamos de las obras en el soporte digital, un escenario poco accesible para muchos cubanos, ¿no han pensado en imprimirlas y exponerlas en el futuro?

“Pienso que habrá que hacer una exposición o varias donde esté el aporte de muchos profesionales del diseño en el combate a la pandemia. De esta manera, todos los que no tienen la posibilidad de conectarse a internet, que no son pocos, podrán disfrutarla. Pero vienen tiempos difíciles y cualquier idea de este tipo requiere recursos. Veremos cómo poder lograrlo y quede para la posteridad”.

¿Hasta qué punto estos meses de “enclaustramiento” han resultado provechosos para tu trabajo como diseñador? ¿Crees que necesitabas de este tiempo para tu obra creativa?

“Ocupado todo el tiempo en la rutina que lleva el cuidado, la gestión, la administración y la logística de la impresión digital, uno se va descuidando de crear, o al menos pasa a un segundo plano. Palabra Nueva se convierte en un oasis dentro todo esto porque tengo la satisfacción y el deber de hacerla bimensual y cuidar de su diseño y realización. Estos meses sabáticos -que he dedicado a mis inquietudes creativas- los he aprovechado muy bien. La creación ha ido de la mano con la labor de persuadir, educar, colaborar (todo traducido en carteles), para que el diseño gráfico contribuya junto con todos los mecanismos del país a salir airosos de esta situación terrible. Forzosamente, de momento he dejado la impresión y gustosamente me he dedicado al diseño desde casa. Divulgo mi trabajo aprovechando las ventajas de internet”.

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