Una iglesia construida desde sus cimientos

Palabra Nueva

Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en Tamarindo, Ciego de Ávila.
Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en Tamarindo, Ciego de Ávila.
Horacio de Jesús Oria Norcisa
Horacio de Jesús Oria Norcisa

Su nombre es Horacio de Jesús Oria Norcisa. Nació hace algunos años, los suficientes como para haber conocido la antigua y pequeña iglesia de Nuestra Señora de Fátima en el poblado de Tamarindo, actual provincia de Ciego de Ávila. Aún recuerda con nostalgia aquella casita de madera que por más de setenta años acogió el templo católico del pueblo. Horacio hoy revienta de júbilo. Aunque vive en La Habana, se siente apegado a su terruño y por eso todavía disfruta como reciente lo ocurrido el 13 de mayo de 2016, sobre lo que aceptó conversar con Palabra Nueva.

casa de madera que sirvió como templo
Casa de madera que sirvió como templo

¿Qué ocurrió ese día, Horacio?

“En Tamarindo se inauguró la añorada iglesia de Nuestra Señora de Fátima. Fue construida desde sus bases, no restaurada. Durante mucho tiempo los fieles se congregaron en una casa de madera que sirvió como templo, pero como estaba a punto de derrumbarse, comenzaron a realizar la eucaristía en casa de uno de los miembros de la comunidad”.

¿Cómo era aquella casa templo que durante más de setenta años fue la iglesia del pueblo de Tamarindo?

“La capilla estaba en la sala comedor y en la parte posterior la pequeña sacristía. Presentaba un altar de madera torneada y barnizada, a lo ancho del salón se ubicaban seis bancos. Ya desde los años cincuenta del siglo pasado, existía la idea de construir un templo decoroso para el poblado, y con ese propósito se donó un solar en una zona céntrica del pueblo. A partir de ese momento comenzaron a acumularse materiales para su futura construcción”.

¿Pero por qué no fue hasta el 2016 que se construye la actual iglesia? ¿Qué ocurrió durante todo este tiempo?

“Al triunfo de la Revolución, el terreno donado fue intervenido o nacionalizado, también los materiales. En ese espacio se construyeron dos viviendas y hubo que seguir celebrando misa en la iglesia de madera y tejas, la cual continuaba deteriorándose. Su deterioro llegó a tal punto que fue llamada ‘templo de los murciélagos’”.

Usted era un niño cuando asistía a esa iglesia, la de madera y tejas; ¿recuerda alguna anécdota de esos años?

“Recuerdo una misa solemne que se celebró y a la que asistieron los barbudos rebeldes que bajaron de la loma del Boquerón, donde estaba la comandancia de Camilo Cienfuegos. Guardo, incluso, una foto de ese momento y un collar de semillas de Santa Juana, que ellos obsequiaron a los fieles de la comunidad. La iglesia tenía en la vigueta del portal, unida a uno de los postes, la campana, que por esos años desapareció y la encontraron después en los alrededores del poblado. Cuatro señoras católicas fueron a buscarla, se sentaron en la hierba y esperaron largo rato hasta que se la entregaron. Luego la trasladaron en un madero, dos de ellas por cada lado, en un trayecto de tres kilómetros. Poco tiempo después, la campana volvió a desaparecer y no apareció jamás”.

¿Cómo y cuándo se inician los trabajos por construir una nueva iglesia?

“Después de la visita a Cuba de Su Santidad San Juan Pablo II, se comentaba en el poblado que la propiedad del solar ya mencionado estaba en el Arzobispado de Camagüey, que era la provincia a la que pertenecía la parroquia de Chambas antes de la nueva división político-administrativa de 1975, donde se desglosaron las seis provincias anteriores. Por tal motivo, había que buscar un solar en el poblado –que fuera comprado por el Estado– para construir la iglesia.
”Aparecieron muchos, entre ellos algunos donados por propietarios del poblado; es decir, no había ni que comprar. Pero según los dirigentes del gobierno en el territorio, ninguno era apropiado, pues se hallaban en zonas muy céntricas o alrededor de parques y escuelas. El gobierno proponía alguno pero en las afueras del poblado. Fue así que apareció un terreno donde había una casa deshabitada. Se ubicaba en una calle que no tenía salida y la nueva construcción quedaba algo encubierta; este le resultó factible al Estado, que lo compró para entregárselo a la Iglesia.
”El proyecto se hizo amparado por la parroquia de Chambas y por el sacerdote de la misma, el padre español Francisco Iturbi, quien apoyó con pasión la iniciativa. El proyectista fue el arquitecto Ariel Escalante. Cuando los habitantes del poblado empezaron a ver el levantamiento de tierra y la base del futuro templo, quedaron maravillados, pues ocupaba todo el frente del solar y una extensión respetable”.

Pudiera afirmarse que es una iglesia pequeña…

“No es la gran iglesia, pero resulta muy digna para el poblado de Tamarindo. Digna y justa. Por supuesto, la imagen de la virgen de Fátima la preside. En el salón, en dos secciones, hay diez bancos de madera barnizada; al fondo se hallan los del antiguo templo como recuerdo. El único inconveniente es la campana tan pequeña que no se siente en todo el poblado, aunque el diseño del campanario fue pensado para acoger una mayor que aún no ha aparecido.
”Otra imagen que acompaña a la nueva iglesia es la del Cristo Resucitado, que fue elaborado en los talleres de Holguín. La imagen de Fátima actual, de mayor tamaño que la anterior, fue donada, y resulta más apropiada para el nuevo templo; la antigua permanece en la Sacristía para las procesiones de los 13 de mayo, Día de Nuestra Señora de Fátima. También engalana el nuevo templo una antigua imagen de la Virgen de la Caridad que estuvo en la vieja casa y una cruz de bronce con el Cristo crucificado donada por mi mamá en los años cincuenta del siglo pasado y que fui a buscar a Santa Clara –donde fue trasladada por malos manejos–, pues era deseo de mi madre que regresara a Tamarindo, aunque ella no pudo ver el nuevo templo y su cruz restaurada. Esta cruz fue pulida en La Habana, luego en Chambas se le quitó la base, pues era para poner sobre el altar y se le adicionó un pie de bronce para que ajustara con los candelabros. Yo fui quien la presentó ante la comunidad en la inauguración de la iglesia”.

¿Cómo fue para aquel niño, hoy ya un adulto, asistir a la inauguración de la nueva iglesia?

“La ceremonia comenzó con una procesión desde el antiguo templo con la virgen de Fátima hasta el actual templo. La eucaristía fue celebrada por el obispo vigente en esos años en Ciego de Ávila, monseñor Mario Mestril y concelebrada por sacerdotes que oficiaron en años anteriores, en un total de trece, para homenajear el 13 de mayo, Día de Fátima.
”Cuando la procesión llegó al nuevo templo, que permanecía con la puerta cerrada, un representante de la comunidad de Tamarindo, hizo entrega del edificio al obispo y le presentó los planos de la construcción, así como documentos relacionados a la erección y que describen la marcha de la obra. Entonces el obispo invitó al pueblo a entrar en la iglesia. Terminado el rito de entrada, bendijo el agua para rociar al pueblo, purificar los muros y el altar, y comenzó la eucaristía con representantes de las parroquias de toda la diócesis de Ciego de Ávila. Yo me sentí niño otra vez”.

Horacio está satisfecho. Ha podido compartir la historia de la iglesia que conoció de niño. En algún momento creyó que era el primer templo que se levantaba desde los cimientos en Cuba después de 1959 y por eso consideró urgente contar el suceso. Hoy entiende como lo más importante, que aquel viejo anhelo de quienes soñaron con una nueva iglesia en Tamarindo, es una feliz realidad. Ω

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