Una oportunidad para hablar de Cristo

Vecinos de Jaimanitas reciben en sus hogares a los misioneros.
Vecinos de Jaimanitas reciben en sus hogares a los misioneros.

“Seguir a Cristo, escuchar a Cristo,
humillarse en Cristo,
sufrir silenciosamente en Cristo,
arder en Cristo, perdonar en Cristo,
amar en Cristo, sacrificarse en Cristo”.
Beata María de Jesús Crucificado Petković

 

Vecinos de Jaimanitas reciben en sus hogares a los misioneros.
Vecinos de Jaimanitas reciben en sus hogares a los misioneros.

Durante una semana, Jaimanitas y Santa Fe fueron tierra de misión permanente. En estos poblados del litoral norte habanero, donde no hay sacerdote, laicos cubanos y extranjeros impulsaron, junto a religiosas de la Congregación Hijas de la Misericordia de la Tercera Orden Regular de San Francisco, la Misión Internacional Cuba 2020.

De esta manera, se cumplía con el segundo momento del jubileo por el centenario de la fundación de esta comunidad religiosa, la cual está presente en la Isla desde el 2014. La hermana Salvadora Mercado, CFM, consejera general de la Congregación, responsable de la formación del área de laicos a nivel mundial, comentó a Palabra Nueva que “Cuba es una tierra sedienta de la Palabra de Dios, abierta a ser evangelizada”, por eso su elección para vivir este tiempo de celebración.

Insertados en la realidad de estas dos localidades habaneras, misioneros de Cuba, Paraguay, Perú, Chile, Italia, Croacia y Argentina tocaron a las puertas de las casas para anunciar a Jesucristo e invitar a vivir su evangelio en la lógica divina de su amor gratuito y misericordioso por cada persona humana.

El jubileo por el centenario de las Hermanas de la Misericordia comprende, además de esta misión en Cuba, otros dos momentos: un simposio que tuvo lugar en Paraguay, al que asistió una delegación de cubanos, y un campamento en Perú, que se celebrará en el 2021.

Una comunidad que apuesta por la misión

La Congregación Hijas de la Misericordia de la Tercera Orden Regular de San Francisco (CFM), fue fundada en Blato, Korćula (Croacia), el 4 de octubre de 1920, por María Petković (1892-1966), en religión María de Jesús Crucificado, hoy beata en los altares. De acuerdo con el deseo de la madre fundadora, a quien se califica como “una eterna enamorada de Jesús”, el instituto por ella creado tendría la misión de servir a los más necesitados. Este quehacer pronto se traduciría en obras que expresaron el Amor y la Misericordia del Padre.

Respondiendo a los desafíos de cada tiempo y lugar, poco a poco las seguidoras de María Petković desarrollaron su carisma por medio de la educación a niños y jóvenes, el cuidado de personas ancianas y enfermas, y del apostolado parroquial y las misiones. En su servicio a la Iglesia, se expandieron hacia nuevos países y continentes hasta estar presentes hoy en Europa, América y África. En su caminar ha resultado decisivo el apoyo y la colaboración de los fieles. Es por esta razón que el jubileo por su centenario ha unido en una gran misión a laicos y religiosas.

Desde su llegada a La Habana, la hermana Onoria Paredes Martínez, mujer inquieta por naturaleza, ha insistido en que la misión fundamental en Cuba es dar a conocer a Jesús y su evangelio. “Aquí encontramos que las personas nos hablan de la Virgen María de la Caridad con cierta cercanía, sin embargo la figura de Jesús les resulta desconocida, lejana. Y Él es el centro del cristianismo. Es imposible definirse como católico y no conocerlo”, explica.

Coincidiendo con esta opinión, la hermana Asunción Segovia Cohene, también paraguaya y con cuarenta y tres años de vida consagrada, afirma: “En Cuba falta enamorarse de Cristo. Todo el mundo cree en Dios, pero no en Cristo. Y eso es lo que motiva esta misión: queremos que los cubanos conozcan a Cristo, se enamoren de Él. Es Él quien da la vida, la es-peranza… Veo a las personas muy desesperanzadas. Falta motivarles la esperanza en Cristo. Las personas humanas fallamos, pero Él no nos fallará”.

A este propósito, las hermanas y los laicos que junto a ellas trabajan, suman otros objetivos que mucho tienen que ver con el carisma con-gregacional. “Buscamos fomentar –precisa la hermana Onoria– los tres pilares sobre los cuales se asienta nuestro carisma: la misericordia, la fraternidad y la misión. Hermanas y laicos en comunidad formamos, oramos y misionamos con humildad, sencillez y alegría franciscana moti-vados por la fe, la esperanza y la caridad. Tenemos el firme propósito de reanimar la vida de fe en estos dos barrios habaneros que no tienen la asistencia habitual de un sacerdote. Nuestro proyecto busca, además, acompañar al cardenal, quien es el arzobispo de la arquidiócesis. Él es un gran misionero, y en los inicios de su gobierno eclesial en La Habana, nos conmovió su propuesta de práctica de la Lectio Divina. A partir de esa iniciativa, pensamos en la creación de pequeñas comunidades cristianas (casas de oración, no de misión) basadas en la Palabra de Dios”.

De izquierda a derecha, las hermanas Asunción Segovia, Angelina Rodas y Onoria Paredes, quienes conforman la comunidad de Cuba.
De izquierda a derecha, las hermanas Asunción Segovia, Angelina Rodas y Onoria Paredes, quienes conforman la comunidad de Cuba.

Asentada en el poblado de Jaimanitas desde su arribo a Cuba, esta comunidad religiosa pronto estableció contacto con jóvenes misioneros de la Arquidiócesis, fundamentalmente de localidades de Mayabeque, para informarse sobre la realidad del país, de la Iglesia y trabajar en comunión. Las hermanas querían escucharlos y aprender de ellos. Jaimanitas y Santa Fe eran tierras dormidas en la fe y necesitaban reanimarlas. Después de ese encuentro inicial, los invitaron a colaborar con ellas y juntos desarrollaron una misión de tres días.

Pronto las religiosas se percataron de la necesidad de formación que tenían estos jóvenes. Al respecto, la hermana Onoria rememora: “Les dije, ‘miren, ustedes son fantásticos, tienen el dinamismo y la buena voluntad, pero les falta una clara espiritualidad. Nosotras les ofrecemos la formación en la espiritualidad nuestra, y ustedes nos ayudan a dinamizar estas comunidades’”. Aceptaron. Fue el nacimiento de un equipo de misioneros, en constante formación, que se autotitula LAIMIS (Laicos Misioneros de la Misericordia)”.

Ahora, juntos, caminan en la vida de fe. Son conscientes del crecimiento que llevan acompañados por las hermanas y forman nuevos líderes; lo han hecho en San Nicolás de Bari, Melena del Sur, Jaimanitas y otras comunidades… Los Laimis, por lo general, son laicos comprometidos con Cristo en su Iglesia, a ejemplo de María, que sirven en sus comunidades eclesiales y colaboran activamente en las diversas pastorales. En este camino sienten la cercanía del cardenal arzobispo de La Habana, Mons Juan de la Caridad García.

Quien ama no descansa

Después de tres años en Cuba, a la hermana Asunción le sigue impresionando la solidaridad, la amabilidad, el amor y espontaneidad de las personas. Es la responsable de la catequesis de adultos y niños y conduce la Infancia misionera. Le preocupa la perseverancia de los pequeños, quienes, por lo general, asisten por voluntad propia y no motivados por sus familias.
Asegura que con los adultos ha buscado otras dinámicas. “Voy a sus casas, porque me dicen que no tienen tiempo. Doy catequesis a domicilio, personalizada”.

Toda una familia misionera: Dailenis Marrero junto a su esposo e hijo.
Toda una familia misionera: Dailenis Marrero junto a su esposo e hijo.

En el proyecto de Infancia misionera ha logrado sumar cada vez más niños, quienes junto a ella visitan a otros pequeños para invitarlos a las actividades, van y oran por los enfermos. “Acá son los niños los que evangelizan a los padres. A través de ellos, atraemos a los familiares. Los encuentros los tenemos bien definidos; un tiempo de catequesis, de misionar, tiempo de compartir, mirar películas… y un tiempo de formación. Para esta semana de misión internacional, hemos convidado a niños de ambas barriadas para que vengan y disfruten de las iniciativas pensadas para ellos”.

Las hermanas son muy queridas tanto en Jaimanitas, donde tienen su casa, como en Santa Fe. La Misión Internacional Cuba 2020 da fe de ello. Constantemente las llaman y junto a los misioneros cubanos y extranjeros que recorren calles y tocan puertas, son bien recibidas. La acción de estos días riega la semilla que ellas han sembrado. De ahí la posibilidad de ver el agradecimiento de tantas personas a las que han dado alimento, ropa, consejo espiritual; familiares de presos a los que las hermanas y los laicos han acompañado, así como los padres, cuyos hijos hoy se benefician con clases de inglés, música, fútbol o ajedrez.

“Pero hay que continuar perseverando”, sentencia la hermana María Asunción. “Nosotros sembramos, sembramos y sembramos, y es Dios quien hace crecer. Hay que promover a los niños, adolescentes y jóvenes, porque en ellos está el futuro de la Iglesia católica. Hay que acompañarlos con mucha paciencia. Lo que les falta es el convencimiento de fe, que lo que hagan sea por Cristo”.
Dailenis Marrero Rodríguez y Kadill Gil Cainzos son dos laicos misioneros de la misericordia (LAIMIS), como enseguida piden ser identificados. Ella atiende en Santa Fe los talleres para niños, específicamente el de fútbol. “La experiencia –precisa– ha sido un regalo de Dios y es el Espíritu Santo quien la ha ido guiando”.

Integrantes de la Misión Internacional Cuba 2020.
Integrantes de la Misión Internacional Cuba 2020.

Con satisfacción reconoce el significado de estos talleres para los pequeños y sus familias. “Trabajamos con niños de todo tipo y en estos espacios desarrollamos valores. Se trata de pasarla bien aprendiendo, esa es nuestra máxima. En los encuentros tenemos un tiempo para compartir algún gesto de amor y misericordia que hayan tenido hacia otra persona en la escuela o en el barrio.

onmueve escuchar sus historias. El entrenador de fútbol es también profesor de Educación Física de la escuela, y se encarga todos los días de pasar por la aulas a ver cómo están. Aunque es cristiano no católico, participa con los niños en todas las actividades de la comunidad parroquial. Muchos de los que vienen a los talleres, se han incorporado a la catequesis”.

Como Dailenis, Kadill identifica la Misión Internacional Cuba 2020 como una gran oportunidad para llevar el amor misericordioso de Dios a los hogares. “Preparando este encuentro misionero –cuenta Kadill– tuve la suerte de vivir durante quince días en la parroquia de Santa Fe. Trabajamos intensamente en la limpieza del templo, arreglando aquí y allá. Según mi apreciación, era una iglesia en ruinas que esperaba ser avivada. Dios no se confunde, este era el lugar que escogía para la misión. Nosotros, los jóvenes, y tantos hermanos de otros países confluimos justo en este espacio para vivir la espiritualidad de Cristo y anunciarlo en medio de un pueblo apagado. El primer día de esta gran misión, una vecina que ni visita la iglesia, me dio las gracias porque la despertamos con una canción que le alegró toda la jornada. Esa alegría era Cristo”.

Por su parte, la hermana Salvadora Mercado, consejera, se alegra de haber escogido a Cuba para esta misión: “Es la tierra que más necesitaba de un aliento, una fuerza, una motivación, una esperanza. Es el Señor y el espíritu misionero de la beata María Petković, los que han permitido hacer realidad este sueño. Dios nos ha premiado regalándonos nuestra presencia en esta Isla. Por su inspiración estamos aquí, donde es muy difícil la vida. Acá las hermanas deben ser solventadas por el gobierno de la provincia religiosa. Ellas no ganan dinero, no trabajan… Pero, indiscutiblemente, y esto lo aseguro, de todos los países donde nos encontramos hoy, Cuba era el que más necesitaba del aliento misionero”. Ω

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