Los venturosos andenes de una escritora

Por: Miguel Terry Valdespino

Durante el acto de premiación en España.
Durante el acto de premiación en España.

Ningún obstáculo parece detenerla. Mucho menos la escasez de visión. Escribe de manera persistente y lo hace especialmente bien. De este magnífico don ha dejado pruebas en varios libros y en un importante premio internacional ganado en España.

Hoy Gilda Guimeras Pareja, habanera residente en Guanajay, satisfecha de la vida a pesar de todo, y de haber encontrado iluminación y plenitud en su acercamiento a la Iglesia católica, tiene mucho que contar a los lectores de Palabra Nueva.

 

¿Cuándo nace tu vocación de historiadora?

“Crecí escuchando temas históricos. Amparo, la señora encargada de mi cuidado, había trabajado en casa de unos familiares del cronista Eladio Secades. Era muy buena contadora de anécdotas y las utilizaba para mantenerme tranquila o hacer que me sentara a comer. Mi papá tenía una enciclopedia de Historia.

” Mirando sus láminas surgió el deseo de conocer lo que había sucedido antes de mi existencia. Por último, mi mamá, aparentemente menos atraída por esa disciplina, terminó haciendo su licenciatura cuando yo era adolescente.

” La Historia era algo tan natural que no me parecía una opción profesional, sino un hobby. Me atraían la lógica y la armonía de la Matemática. Estudié esa licenciatura en la Universidad hasta principios de tercer año, cuando nació mi hijo y tuve que radicarme en Guanajay. Entonces apelé a mi vieja amiga, la Historia”.

 

¿Después de esta vocación nacieron tus inclinaciones literarias… o todas nacieron a la vez?

“Todas a la vez, por la misma razón de estar rodeada de libros, pero no en el sentido de querer ser escritora. Aprendí a leer a los cuatro años, con ayuda de Amparo, y desde entonces fui muy buena lectora. Eso quería seguir siendo. Tener tiempo para leer todo tipo de libros, no solo los relativos a mi profesión. No sentía necesidad de escribir algo propio ni creía tener nada especial que decir. Además, eso de redactar, revisar y reescribir textos, me parecía engorroso. No obstante, en 1997 comencé a publicar crónicas con el fin utilitario de divulgar la historia local”.

Frente a la iglesia de San Hilarión Abad, en Guanajay.
Frente a la iglesia de San Hilarión Abad, en Guanajay.

¿Dada su falta de visión, cómo se las arregla?

“Con ayudas para ciegos. La realidad es que, si no hubiera comenzado a perder la vista, nunca me habría aventurado en la literatura de ficción. Cuando dejo de trabajar en el museo, se volvió complicado que aceptaran mis crónicas en la prensa, y los compañeros de la Asociación Nacional del Ciego (ANCI), por esas crónicas, me instaban a participar en sus concursos de literatura. La mezcla de ambas cosas me llevó a la ficción. Conocí entonces que en las computadoras se podían instalar programas para ciegos.

” Yo no tenía computadora en casa, en aquella época no estaban a la venta. Logré hacerme de una gracias al apoyo de Abilis, una fundación finlandesa de ayuda a discapacitados, y de la ANCI, que facilitó el proceso. Mi hijo, graduado en Ciencias de la Computación la adaptó a mis necesidades e instaló el Jaws, un lector para ciegos.

” Comencé escribiendo con la pantalla en negro y las letras blancas en gran tamaño porque, de lo contrario, no podía leer nada. Así trabajo. Poco a poco las letras grandes han ido tornándose invisibles, pero queda el lector.

” De chica, mi mamá me enseñó el teclado. Tecleo de memoria, solo he tenido que incorporar los comandos específicos para trabajar a ciegas. No me gusta la opción de dictar textos porque los dictados introducen errores difíciles de rectificar. Solo dicto al teléfono cuando se me ocurre una idea o verso, mientras estoy haciendo otra cosa.

” Muchas personas dudan que eso sea posible. Lo preguntan una y otra vez, como si ya no les hubiera explicado. Algunos creen que mi esposo se dedica a teclearme los textos, cuando su ayuda consiste en leerme trabajos y libros que no están digitalizados, o suponen que hago trampa y me presento como discapacitada para obtener alguna ventaja. Desconocen que no soy la única persona ciega que escribe de este modo. Hay quienes tienen muchas más habilidades que yo. Reviso con más lentitud que los videntes, pero eso no me preocupa. Solo doy gracias por tener una manera de seguir trabajando”.

 

Cuéntanos tu aventura en el Premio Tiflos de Poesía en España, el cual finalmente obtuviste en su categoría principal.

“Un amigo español me envió la convocatoria y, como existía un apartado especial para discapacitados que ofertaba dos premios, pensé que mi poemario tal vez podía aspirar al segundo de ellos. Viví toda una odisea con el correo, que terminó devolviéndome el original cuando lo suponía en Madrid y ya no quedaba tiempo para nada. Gracias a la ayuda de varios amigos, y fundamentalmente del escolapio Francesc Carreró, logró entrar antes del cierre del concurso.

”Debían pasar meses antes de que saliera el dictamen y, sinceramente, me olvidé del asunto. Mi sorpresa fue mayúscula cuando una mañana de febrero de 2016 recibí una llamada desde España, anunciándome que había ganado el premio absoluto, concursando no con otros discapacitados, como había imaginado, sino con el resto de poetas participantes. Yo no me sentía poeta. Era mi primer poemario y lo había escrito sin otra pretensión que dar salida a recuerdos y emociones.

” La noticia me provocó un nerviosismo tal, que preparé tilo con un gajo recién fumigado y estuve un par de días afectada de la garganta. Me fui a la iglesia a dar gracias a Dios por concederme algo a lo que nunca habría aspirado. Yo no escribí poemas, ni siquiera cuando era joven, cuando a tantas muchachas les da por escribir o coleccionar versos.

” El viaje y la premiación, donde el profesor, escritor y crítico Ángel Luis Prieto de Paula realizó el elogio del libro, por momentos me parecieron irreales. Viví la rara experiencia de pasar por delante de monumentos y lugares que conocía por los libros y el cine, sin poder verlos en lo absoluto.

” Toqué la fachada de la casa donde vivió Martí durante su estancia madrileña y conocí un museo tiflológico, al que muy amablemente me acompañó doña María José Sánchez Lorenzo, jefa del Departamento de Promoción Cultural y Braille de la ONCE. Un espacio diseñado para ciegos, donde, entre otras cosas, es posible percibir la forma de los principales monumentos del mundo. Algo que algún día debiéramos tener aquí.

” Pude ver cuánto han logrado los españoles en materia de integración de los discapacitados visuales, escuchar las señales sonoras de semáforos y elevadores, transitar por aceras rebajadas para facilitar el paso, supe de los tantos ciegos que se pasean orientados por su perro guía. Fue muy esperanzador comprender lo mucho que se puede hacer en favor de la comunidad ciega”.

 

En poesía has ganado tu premio más importante. ¿Es el género que más disfrutas leer y escribir?

“Es el género donde más cómoda me siento, donde tomo conciencia del peso de cada palabra, de su musicalidad y ritmo. Disfruto cuando soy capaz de sintetizar emoción o pensamiento en unas pocas líneas. Sin embargo, también me encanta escribir crónicas, en ellas intento que el trabajo previo de búsqueda de información desaparezca y salga a la luz algo sencillo, al alcance de cualquier lector. Y tampoco puedo sustraerme de esas historias que dan vueltas por mi mente y no se marchan hasta que las convierto en cuentos”.

 

Hasta hoy, ¿cuántos libros has publicado? ¿Cuántos más quisieras publicar?

“Cinco y, asombrosamente hasta para mí, tres son de cuentos: Es mejor la noche, Estaciones de Eva y el más reciente de todos, Las reglas del juego; uno donde recojo crónicas de Guanajay: Contado en pocas líneas y el poemario Quien llega a los andenes, el del premio Tiflos. Tengo en la editorial otro libro de crónicas, que viene a ser la segunda parte del anterior. También he terminado un nuevo poemario: Ante la misma puerta, una parte del cual, con el título La obviedad del espejo, obtuvo mención en el pasado concurso Villena.

” Así que, de momento, me encantaría que estos dos que ya están concluidos salieran a la luz, algo que se está haciendo cada vez más difícil por las limitaciones económicas”.

 

¿Habanera… o guanajayense?

“Habanera de Cayo Hueso. Nací y viví allí mis primeros veintidós años. Es el lugar de referencia del que nunca he podido ni querido desprenderme. Me siento en casa cuando estoy en cualquier sitio de La Habana, sobre todo si tiene mar. De La Habana son casi todos los lugares por donde se mueven mis poemas y muchos de mis cuentos.

” Claro, después de tantos años radicada aquí, algo de guanajayense seguramente ha ido enriqueciéndome. Aquí creció mi hijo, hice amigos, construi una casa, he realizado todo mi trabajo y vivido un sinfín de experiencias. De Guanajay ha sido la historia que me he encargado de divulgar. Eso pesa, y no poco. Casi siempre se me presenta como guanajayense, y lo tomo como una suerte de adopción extraoficial, una manera de integrarme a este entorno”.

En los últimos años, has tenido un acercamiento a la Iglesia católica. ¿Qué has encontrado en este acercamiento?

“Una especie de iluminación espiritual, una plenitud que no he hallado en otro sitio. La certeza de que todo camino posible pasa por el amor y que este es incluyente, más allá de toda diferencia o mérito. Una mayor capacidad de perdonar, que me hace crecer como ser humano. Esperanza, alegría, fortaleza y mucha paz interior”.

 

Como Violeta Parra, y a pesar de todo, ¿también das gracias a la vida?

“Por supuesto, la vida es una oportunidad maravillosa que nunca deja de sorprenderme. Cada día doy gracias a Dios por existir. Tengo muchas limitaciones, no solo las visuales, pero también muchas razones para dar gracias. Estoy casada con un hombre que me ha apoyado en las más difíciles circunstancias, mi hijo es una persona de bien con la que siempre puedo contar, nuestra pequeña familia se mantiene unida. Doy gracias por las puertas que, pese a los obstáculos, se me han abierto, por vivir con alegría y por haber descubierto un don que me permite seguir interactuando con el mundo”. Ω

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