Alocución de S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García, arzobispo de La habana

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez

Con la lectura del fragmento del evangelio según San Mateo, capítulo 15, versículos 21 al 28, el cardenal Juan dela Caridad García, arzobispo de La Habana, estableció un paralelismo entre la insistencia de la mujer cananea ante Jesús por la curación de su hija, y la fe a toda prueba de una madre, para la que nada es imposible.

En su alocución, el pastor compartió con los fieles algunas historias de vida que, ocurridas en distintos lugares y en medio de circunstancias también diferentes, prueban la pasión desmedida de una madre por los hijos y la familia, de las abuelas por los nietos y de las madrinas por los ahijados.

A continuación ofrecemos íntegramente el texto y el audio de la alocución del cardenal Juan García, arzobispo de La Habana:

“Qué grande es tu fe, mujer y madre cananea”

El Señor Jesús conocía bien la fe de esta mujer que vivía en una zona que no pertenecía a Israel, y a quienes vivían allí los israelitas los trataban despectivamente. Jesús no necesitaba probar la fe de esta mujer sino que la trató mal para que nosotros conociéramos su fe. Rechazada tres veces, esta mujer permaneció en la petición de la curación de su hija. Ella sabía que solo Jesús podía curarla y no le importó su desprecio e insistió hasta que consiguió lo que quería. Para una madre, nada es imposible. Con Jesús decimos: “¡Qué grande es tu fe, mujer y madre cananea!”.

(Canción)

Hoy hay también personas que tienen la fe perseverante de la cananea.

Caridad López estaba embarazada y cogió sarampión. Médicos, enfermeras, familiares, amigas, vecinas, el pueblo entero le rogaron que se hiciera el aborto. Pero Caridad sabía que el fruto bendito del amor de su esposo era su hija, imagen y semejanza de Dios. Y a los nueve meses nació Judith, espectacular criatura… y hoy Caridad disfruta de su hija y de sus nietos. ¡Qué grande es tu fe, Caridad!

(Canción)

Emilia, polaca, tenía un hijo; después, su segunda criatura murió. A los cuarenta años, Emilia, con limitada salud, quedó embarazada, y a pesar de que muchos recomendaron el aborto, Emilia siguió hacia adelante y nos regaló a quien después se convirtió en el Papa San Juan Pablo II, a quienes muchos de ustedes conocieron. ¡Qué grande es tu fe, Emilia!

(Canción)

Ángel se casó con Ana María. Al primer año del matrimonio nació un hijo y, al otro año, el segundo hijo. Después del segundo parto, Ana María quedó inválida. Su esposo y la familia atendían a Ana María. Él, antes del trabajo la bañaba, adelantaba el almuerzo y, ayudado por su familia, atendía a los niños. Crecieron los hijos, se casaron y Ángel seguía al lado de Ana María. Hizo de todo, logró que a ella no le faltara nada y le sobrara todo el cariño de los hijos, de las nueras y de toda la familia. La víspera del aniversario sesenta del matrimonio ella murió. Al regreso del entierro, entrando por la puerta de la casa, Ángel murió. La muerte no pudo separar a quienes se amaron durante más de sesenta años, de tal manera que eran una sola persona.

Ángel, ¡qué grande es tu fe en el amor matrimonial!

(Canción)

Teresita iba a cumplir quince años y su mamá, la mejor costurera y bordadora del pueblo, le había preparado un elegantísimo vestido.

La amiga de Teresita y compañera de escuela, Tania, era muy pobre y no tenía un vestido digno para sus quince. Teresita llevó a Tania a su casa, entraron en el cuarto, abrió el escaparate, lleno de elegantes vestidos confeccionados por su mamá, y le dijo a Tania: “Escoge el vestido que más te guste para tus quince”.

Tania ni corta ni perezosa escogió el elegantísimo vestido que había preparado la mamá a Teresita: “Llévatelo, es tuyo, celebra tus quince con él”, dijo Teresita.

Después de muchos años, todavía en el pueblo se escuchan los clamores de la señora bronca que hizo la mamá a su hija Teresita. ¡Qué grande es tu fe, Teresita, en el amor al prójimo!

(Canción)

La madrina de la Hna. Yaquelín, Sierva de San José, estaba a punto de casarse cuando su hermana murió repentinamente y dejó tres niños pequeños. La familia no sabía qué hacer. La madrina dijo: “Yo me ocupo de los tres”. El novio dijo: “Esos niños no son tuyos y yo no me voy a encargar de ellos”. La madrina haciendo las veces de mamá, habló con el novio y le manifestó: “Tú sigue tu camino y cásate con otra, yo me quedo con los tres niños”. Hoy la madrina y los tres niños ya mayores son felices. ¡Qué grande es tu fe, en el amor a los niños, y en tu misión de madrina!

(Canción)

Los padres, los abuelos, los padrinos de Rebeca de la Caridad, han andado 5 kilómetros con la niña cargada para llegar al templo y bautizarla. ¡Qué grande es la fe de la familia de Rebeca de la Caridad en el Bautismo!

(Canción)

¡Conocemos católicos quienes participan en Misa dominical los 52 domingos del año, los que vienen desde kilómetros lejanos en guaguas, camiones, bicicleta, botella, a pie y los que bajo truenos, relámpagos, lluvias torrenciales, llegan con las suelas de los zapatos despegadas! ¡Qué grande es la fe de estos católicos dominicales!

(Canción)

Mujer cananea, Caridad, Ángel, Teresita, madrina de la Hermana Yaquelín, familiares de Rebeca de la Caridad, católicos de todos los domingos, ayúdennos a vivir la fe como ustedes.

Envíen al Arzobispado narraciones de titanes de la fe para imitarlos, rogar por ellos y dar a conocer sus hermosos testimonios.

(Canción)

Durante la Segunda Guerra Mundial, el rosetón, una maravilla del arte, de la histórica catedral de Reims (Francia), edificada en el siglo XIII, saltó por los aires, hecho añicos, debido a una bomba que estalló muy cerca. Una vez pasado el bombardeo, los feligreses que vivían cerca de la catedral, se reunieron y de rodillas recogieron durante días, de entre los escombros, todos y cada uno de los fragmentos de cristal del histórico rosetón.

Al terminar la guerra se reconstruyó el rosetón con los fragmentos de cristal que los fieles con tanto ahínco y amor habían recogido.

Dicen que hoy el rosetón de la catedral es más hermoso y es mostrado con orgullo por los habitantes de la ciudad de Reims.

Para el cristiano enfermo, crucificado, sufriente…

-aunque su vida se haya roto en mil pedazos, sirve;

-aunque viva inmerso en el sufrimiento físico o espiritual y le parezca que nada vale, el valor del sufrimiento, incorporado al de Cristo, es inmenso;

-aunque le parezca que su dolor es estéril, inútil… todo sufrimiento es válido, sirve y se aprovecha para el propio bien y el de los demás; para esta vida y para la eterna.

El Papa Juan Pablo II, enfermo, ha dicho: “La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo transforma, lo vuelve válido para la eternidad”.

(Canción)

Dios Padre, nos creaste con salud. Gracias por la maravilla de nuestro cuerpo y por habernos creado a tu imagen y semejanza.

Jesucristo, sanador, cura nuestras enfermedades de cuerpo y alma.

Espíritu Santo, da tu don de sabiduría para que los científicos y médicos puedan encontrar soluciones a las enfermedades que padecemos.

Santa María de la Caridad, ruega para que nunca falte el amor a los enfermos y ayúdanos a cuidarlos como tú lo hiciste con San José y tus vecinos.

Beato Olallo Valdés, enfermero, cirujano, epidemiólogo; dinos cómo pudiste querer a tantos enfermos en medio de las epidemias de tu tiempo. Beato Olallo Valdés ruega por nosotros. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre los enfermos, sobre quienes los cuidan y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

 

de todo y logró que a ella no le faltara nada y le sobrara todo el cariño de los hijos, de las nueras y de toda la familia. La víspera del aniversario 60 del matrimonio ella murió. Al regreso del entierro, entrando por la puerta de la casa, Ángel murió. La muerte no pudo separar a quienes se amaron más de 60 años, de tal manera que eran una sola persona.

Ángel, ¡qué grande es tu fe en el amor matrimonial!

(Canción)

Teresita iba a cumplir 15 años y su mamá, la mejor costurera y bordadora del pueblo le había preparado un elegantísimo vestido.

La amiga de Teresita y compañera de escuela, Tania, era muy pobre y no tenía un vestido digno para sus quince. Teresita llevó a Tania a su casa, entraron en el cuarto, abrió el escaparate, lleno de elegantes vestidos confeccionados por su mamá, y le dijo a Tania: “escoge el vestido que más te guste para tus quince”.

Tania ni corta ni perezosa escogió el elegantísimo vestido que había preparado la mamá a Teresita: “Llévatelo, es tuyo, celebra tus 15 con él”, dijo Teresita.

Después de muchos años, todavía en el pueblo se escuchan los clamores de la señora bronca que hizo la mamá a su hija Teresita. ¡Qué grande es tu fe, Teresita, en el amor al prójimo!

(Canción)

La madrina de la Hermana Yaquelín, Sierva de San José, estaba a punto de casarse y cuando su hermana murió repentinamente, dejando tres niños pequeños, la familia no sabía qué hacer. La madrina dijo: “Yo me ocupo de los tres”. El novio dijo: “Esos niños no son tuyos y yo no me voy a encargar de ellos. La madrina haciendo las veces de mamá habló con el novio y le manifestó: “Tú sigue tu camino y cásate con otra, yo me quedo con los tres niños”. Hoy la madrina y los tres niños ya mayores son felices. ¡Qué grande es tu fe, en el amor a los niños, y en tu misión de Madrina!

(Canción)

Los padres, los abuelos, los padrinos de Rebeca de la Caridad, han andado 5 kilómetros con la niña cargada para llegar al templo y bautizarla. ¡Qué grande es la fe de la familia de Rebeca de la Caridad en el Bautismo!

(Canción)

¡Conocemos católicos quienes participan en Misa dominical los 52 domingos del año, los que vienen desde kilómetros lejanos en guaguas, camiones, bicicleta, botella, a pie y los que bajo truenos, relámpagos, lluvias torrenciales, llegan con las suelas de los zapatos despegadas! ¡Qué grande es la fe de estos católicos dominicales!

(Canción)

Mujer cananea, Caridad, Ángel, Teresita, madrina de la Hermana Yaquelín, familiares de Rebeca de la Caridad, católicos de todos los domingos, ayúdennos a vivir la fe como ustedes.

Envíen al Arzobispado narraciones de titanes de la fe para imitarlos, rogar por ellos y dar a conocer sus hermosos testimonios.

(Canción)

Una señora enferma fue al médico y le diagnosticó su enfermedad…

(Canción)

Durante la Segunda Guerra Mundial, el rosetón, una maravilla del arte, de la histórica catedral de Reims (Francia), edificada en el siglo XIII, saltó por los aires, hecho añicos, debido a una bomba que estalló muy cerca. Una vez pasado el bombardeo, los feligreses, que vivían cerca de la catedral, se reunieron y de rodillas recogieron durante días, de entre los escombros, todos y cada uno de los fragmentos de cristal del histórico rosetón.

Al terminar la guerra, se reconstruyó el rosetón con los fragmentos de cristal, que los fieles con tanto ahínco y amor habían recogido.

Dicen que hoy el rosetón de la catedral es más hermoso y es mostrado con orgullo por los habitantes de la ciudad de Reims.

Para el cristiano enfermo, crucificado, sufriente…

-aunque su vida se haya roto en mil pedazos, sirve;

-aunque viva inmerso en el sufrimiento físico o espiritual y le parezca que nada vale, el valor del sufrimiento, incorporado al de Cristo, es inmenso;

-aunque le parezca que su dolor es estéril, inútil… todo sufrimiento es válido, sirve y aprovecha para el propio bien y el de los demás; para esta vida y para la eterna.

El Papa Juan Pablo II, enfermo, ha dicho: La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo transforma, lo vuelve válido para la eternidad.

(Canción)

Dios Padre, nos creaste con salud. Gracias por la maravilla de nuestro cuerpo y por habernos creado a tu imagen y semejanza.

Jesucristo, sanador, cura nuestras enfermedades de cuerpo y alma.

Espíritu Santo, da tu don de sabiduría para que los científicos y médicos puedan encontrar soluciones a las enfermedades que padecemos.

Santa María de la Caridad, ruega para que nunca falte el amor a los enfermos y ayúdanos a cuidarlos como tú lo hiciste con San José y tus vecinos.

Beato Olallo Valdés, enfermero, cirujano, epidemiólogo; dinos cómo pudiste querer a tantos enfermos en medio de las epidemias de tu tiempo. Beato Olallo Valdés ruega por nosotros. Amén.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre los enfermos, sobre quienes los cuidan y permanezca para siempre. Amén.

(Canción)

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