La Habana de Eusebio dice adiós a Eusebio, de La Habana

Por: Fr. Manuel Uña Fernández, O.P.

En la Universidad San Gerónimo
En la Universidad San Gerónimo
Dr. Honoris Causa Universidad Lateranense
Dr. Honoris Causa Universidad Lateranense

Hace apenas unos meses celebrábamos los 500 años de fundación de nuestra ciudad, la “Real y Maravillosa”, por muchos llamada La Habana de Eusebio, no por afanes reduccionistas sino en honor a un fragmento de su verdad. Hoy, como parte del mismo ciclo de memoria y gratitud dirigimos nuestra mirada hacia quien muchos han calificado como “su alma”: Eusebio, de La Habana.

Recuerdo que era noviembre del año 1994 cuando nos vimos por vez primera, en el despacho del Historiador de la Ciudad, dentro del Palacio de los Capitanes Generales. En diciembre de ese mismo año Eusebio me devuelve la visita, acercándose a San Juan de Letrán. “Vengo personalmente -me dijo- para dos cosas: Invitarle para que el próximo día 5 de enero vaya a La Habana Vieja, porque ese día es el aniversario de la Fundación de la Universidad San Gerónimo. El acto tiene lugar donde está el monumento a la Campana”. Continuó expresando su agradecimiento porque hacía unos años el prior les había donado la campana original perteneciente a esta primera universidad cubana, erigida por los frailes dominicos en 1728, pasando así de los jardines de San Juan de Letrán, donde se encontraba “sepultada”, a recuperar su sitio y a alzar su vuelo.

La corriente de amistad que ese día comenzamos no hubo que forzarla. Unos pocos años después, el 21 de enero de 1998, el verbo ABRIR estalló como un grito de esperanza en el aeropuerto José Martí de La Habana. Fue en labios de Juan Pablo II al pronunciar el discurso inaugural de su visita a Cuba, histórica visita.

Como los caminos de la Providencia nos llevan hacia las “coincidencias”, por aquellos tiempos los dominicos deseábamos hacer realidad un sueño: abrir en nuestro convento un espacio que posibilitara el encuentro y la reflexión; espacio de puertas abiertas con un criterio no exclusivo sino incluyente, para recibir a todos sin diferencia de credos, confesiones o ideologías. Uno de los primeros invitados a dictar una conferencia fue él, en mi memoria se conservan frescas sus palabras al despedirse aquel día: “Esto que he visto sí que es nuevo y qué falta nos estaba haciendo. Deseo que esta casa irradie cultura… y se convierta en un lugar de encuentro y diálogo donde se respete la pluralidad, lo diverso”.

No pasaron muchos meses y “Andar La Habana”, el programa televisivo conducido por Eusebio, me había cautivado. Pendiente a la hora de su transmisión para no perdérmelo, decidí ver en persona los monumentos y lugares que estaba conociendo “de oídas”. Monumentos y lugares que no parecían ser de “piedra muerta” por la continua metamorfosis que iban sufriendo. Resonaban en mi interior las palabras del Dr. Fernández Retamar: “Padre Manuel, lo más nuevo de La Habana, es La Habana Vieja”. También me gusta, y mucho, el término con el que el mismo Dr. Retamar calificara a Eusebio: “Vivificador”, con ocasión de uno de los homenajes que le realizaron en la Biblioteca Nacional de Cuba en el año 2009. El diccionario de María Moliner precisa que vivificar es lo mismo que comunicar vida a algo inerte. Es lo mismo que amar, reanimar, renovar…

El Dr. Leal devolvió juventud a las piedras, alegría a las viviendas deterioradas, esperanza a las personas desesperanzadas.

Nunca podré olvidar en noviembre del 2019, la visita de los reyes de España a Cuba, a los que tuve el gusto de saludar, ni a Eusebio golpeado por la enfermedad, lleno de hombría y cubanía, dirigiéndoles unas palabras… Me hace recordar lo que dice el Dr. Torres Cuevas al referirse a la cubanidad plena, sentida, consciente y deseada, como compendio de esas dos palabras. Así es la “cubanidad con las tres virtudes, dichas teologales, de fe, esperanza y amor”.

Eusebio Leal - P. Manuel (izq)
Eusebio Leal – P. Manuel (izq)

Cuando celebró sus 75 años alguien refiriéndose a su persona expresó: “Es el orador que escuchándole deleita y recrea. Es un polifacético intelectual y también el hombre de a pie, cercano, que anda la Habana y al que todos desean saludar porque de todos es conocido”.

Me emociono al leer sus propias palabras: “Mi voz es la de un guardián del Espíritu, la de un defensor de las piedras y de todo aquello que por momentos parece que cederá al paso inexorable del tiempo… La memoria es el más preciado y excelso privilegio… A los cubanos no se nos pedirá cuentas de porqué se nos quitó, sino de lo que no hicimos” (Argel Calcines, Legado y Memoria, p. 22 y 23).

Esa “voz” es la que sentimos perdurar cuando ya se apagó la vida. Queda esparcida en los sonidos cotidianos de nuestra Habana, colgada de cada luz que embellece al Capitolio, en cada piedra que recobró dignidad y raíces. Gracias, Eusebio, fuiste y serás siempre Constructor de Memoria, Fundador Espiritual, Amigo leal capaz de sentirte necesitado de escucha y cercanía. Eres el hombre-Cuba, experto en crear, creer y amar la Alianza con lo más tuyo. Que nuestro Maestro te reciba ya no en la noche, sino en el día pleno de la Patria Celeste, que para ti será una “eterna Habana”.

 

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