El amor te libera del miedo

Por: Miguel Terry Valdespino

La diáspora significa reinventarse la vida
La diáspora significa reinventarse la vida

Cuando abrí las páginas del libro La Media Vuelta (editorial Unicornio), cuando descubrí en ellas la historia de un pueblo donde todo se hacía o quedaba a la mitad, exactamente todo (media calle, medio estadio, media risa, medio pensamiento, medio entusiasmo….), además de reír de lo lindo, no pude menos que aplaudir la fecunda imaginación de su autor, Eric Adrián Pérez González, a cuya pluma también debemos títulos como El bigote sin prisa y El patio de mi casa.

La Media Vuelta (editorial Unicornio)
La Media Vuelta (editorial Unicornio)

Jamás olvidaré la tarde en que un grupo de escritores decidimos leer textos de nuestra autoría a la entrada de un cine, y el poeta que seguía en la lectura a Eric Adrián, tras escucharlo leer un fragmento de La Media Vuelta, decidió simplemente guardar sus papeles y confesar en voz alta, sin ambages: “perdonen, caballeros, pero  después de oír lo de Eric, no  me atrevo a leer lo mío”. Y no lo leyó.

Si no lo pensara, no lo diría. Y mucho menos me atrevería a escribirlo. Pero cuando se descubre a un autor como este, y en especial un libro como el  mencionado (perfecto para cualquier clase de lector, aclaro), uno siente que es posible, aun en pleno siglo XXI, desandar en el acto de la escritura literaria por caminos novedosos y sugerentes.

A fin de cuentas, los grandes temas de la literatura son unos pocos. El escritor es quien se encarga de hacernos creer lo contrario cuando saca copioso zumo a lo que otros autores trataron y volvieron a tratar en el eterno desafío a la página en blanco.

Explicar que hoy Eric Adrián Pérez González o Yitzjaq Aharon, judío sefardita al igual que su esposa Idalmis, son dos nombres unidos en uno solo por una coherencia ética indiscutible, podría llevar no pocas explicaciones en esta entrevista.

Prefiero resumir que, cuando su hermano Daniel, también poeta y lector acucioso, me habló de este nuevo nombre, di por seguro (sin conocer apenas nada de la religión judía) que era un nombre lleno de alma, con  mucha belleza y luz en su significado. Y no me equivoqué. A este noble amigo y escritor lo que sea torvo y oscuro nunca va con de su mano.

Tu hermano Froilán Escobar, autor de ese libro tan hermoso llamado Martí a flor de labios, asegura que no existe literatura para niños o para adultos, sino literatura buena o mala. ¿Qué piensas al respecto?

“Coincido con su criterio. Hay un nivel en la creación literaria donde desaparecen las barreras. ¿Dónde ubicaríamos obras como El Quijote, El Principito, Robinson Crusoe, Pinocho, Alicia en el país de las maravillas, Pippa Mediaslargas, los cuentos de Andersen, Las aventuras de Huckleberry Finn, y otros muchos, que están entre los libros más traducidos y publicados del mundo? Salvando las dificultades de los arcaísmos y regionalismos, estas y muchísimas obras más te agarran por el alma en cualquier etapa de la vida, porque el alma, como estas obras, no tiene edad”.

Diversos autores del ámbito internacional incluyen en sus textos para niños y adolescentes temáticas que siempre parecieron impropias para este tipo de lectores: la violencia, el divorcio, las drogas, la  dura vida en los barrios marginales… ¿Cómo ves este vuelco dentro de la literatura más contemporánea escrita para ellos?

“Escuché a un rabino decir que no importa cuánto sepas sobre un tema; si no eres capaz de hacerte entender por un niño de tercer o cuarto grado, todavía no sabes lo suficiente. Los niños no están exentos de esas vivencias. Lo importante es tratar esos temas de manera que el lector, tenga diez o cien años, se transforme, crezca.

”En la Biblia misma hay escenas de sexualidad, de violencia, de alcohol, indigencia… No hay nada nuevo debajo del sol; pero la meta del escritor no es repetir con mediocridad, o egoísmo, sino fecundar la realidad y hacer que dé a luz. Como escribió Huidobro: ‘…cuanto miren los ojos creado sea, y el alma del oyente quede temblando… Por qué cantáis la rosa, ¡oh Poetas! Hacedla florecer en el poema…’”.

¿De qué escritores  te has sentido más cerca?

La Torah enseña que Dios creó el universo con la Palabra. Siendo así, todo es una gran metáfora de su esencia divina, y Él es el Autor por excelencia. Es de Él de quien estoy más cerca. Descendiendo al nivel humano, estimo por encima de todos los escritores a Moisés, porque recibió la inspiración directamente de Dios, y su obra toca la eternidad.

”Además, he admirado desde niño a Tolstoi, a Mark Twain, a Hans Christian Andersen; aunque he disfrutado a muchísimos otros, y no debo omitir que reí a carcajadas leyendo El Quijote, que me deleité con la exquisitez de Borges, que saboreé las obras de Balzac, Hugo, Dickens, Verne, Stevenson; que fue extraordinario leer a Herman Hesse, a Tomas Mann, a Dostoievski, y que encuentro injusto no mencionar a Juan Rulfo, Carpentier, Quiroga, García Márquez…

”La lista sería larga, porque he leído mucho y son muchos los autores de los que me he sentido cercano en diferentes etapas de mi vida. También disfruto la casi nunca bien juzgada literatura contemporánea del patio, es decir, los libros de los escritores que conozco personalmente, porque eso crea una doble conexión con la obra”.

Yitzjaq en su boda judía
Yitzjaq en su boda judía

 Ser un hombre de fe ¿hasta dónde te ha ayudado como escritor y  hombre de familia?

“No concibo la vida sino a través de la fe, descrita en la Biblia como la sustancia de lo que esperamos. Todos ejercemos la fe en alguna medida. Cuando sales de tu casa y te despides de tu esposa y de tus hijos, lo haces dando por hecho que solo será un hasta luego: eso es fe. Cuando pisas el pedal del freno de tu carro y no esperas otra cosa sino que se detenga, estás ejercitando la fe. La fe es la convicción con la que planificas lo que harás mañana.

”Ahora bien, la fe en su nivel más alto es la convicción de que Dios es la causa de las causas, y que el universo no existe por sí mismo, de la misma forma que la luz de una bombilla no existe por sí misma. Cuando haces click en el interruptor y se corta el flujo de energía eléctrica, ya no hay luz.

Así mismo lo que conocemos como realidad depende de esa energía pura e ilimitada que llamamos Dios, y mientras más te acerques a su esencia, mejor comprendes que no hay nada accidental, sino que todo responde a su naturaleza infinitamente buena, y entiendes lo ridículo o herético de la ira, del egoísmo, del orgullo, y con ese entendimiento nadie puede ser un mal esposo, un mal padre, un mal hermano, un mal hijo, un mal ciudadano, un mal autor”.

Eres parte de una familia de poetas, narradores y lectores. Cuéntame sobre esta suerte de hermoso milagro.

Sin duda es un milagro. Mi madre tenía cincuenta y dos años cuando me trajo al mundo, y a pesar de que pasó mucho trabajo, nunca perdió su alegría ni su fuerza. Puedo verla inclinada sobre la batea, lavándonos la vida, y tarareando décimas. Todavía a los cien años tiene una memoria y una clarividencia prodigiosas.

”Mi padre era un hombre que no sabía llegar a casa si no traía el sustento; él me acercó al campo, a los misterios de la fe y de la poesía, y se dormía cada noche en el borde de mi cama, contándome cuentos. Con mis hermanos participé en los primeros debates literarios. Viví en un paraíso con techo de guano y un patio tan grande como los sueños. En fin, esas memorias son cómplices del presente. Vivo muy agradecido por todos esos momentos que componen mi ADN espiritual”.

 ¿Qué ha sido para ti ser parte de la diáspora desde el año 2013?

“Nuestra diáspora comenzó un día lluvioso de diciembre; salimos de la casa con la cara empapada y así estuvimos durante casi todo el viaje, excepto en el avión. Nunca habíamos volado y estábamos aterrados. El primer contacto con Miami, desde el aire, fue como esa confusa frontera entre el sueño y la vigilia. Al asomarme fuera del aeropuerto me pareció que la vida iba demasiado rápido, como un tren supersónico, y que si no lograba montarme en ella había venido en vano.

”Tuvimos que reinventarnos, como la mayoría de los emigrantes. Y aunque he publicado todos mis libros aquí; me di cuenta de que el mundo está en otra fase. Creo que con nuestra generación se está cerrando el capítulo de la literatura como un fenómeno de gran protagonismo social. La vida en un país desarrollado es vertiginosa; hay que suspirar sobre la marcha, de lo contrario te quedas en el andén”.

Personalmente, creo que tu novela corta La Media Vuelta es un libro genial, en la que en tono risueño y absurdo se dicen verdades que no solo nos tocan a nosotros, sino también a la realidad de muchas naciones. ¿Cómo concebiste una obra tan aguda? ¿Qué experiencias le reportó a tu vida de escritor?

El punto de partida fue entender que como individuos estamos incompletos. El cuerpo nos impone límites físicos, pero nuestras almas son parte de algo que nos trasciende: un alma colectiva, una energía conectada a cada forma de vida, a cada grano de tierra y a cada estrella del universo.

Mientras más egoísta es el ser humano, menos consciente está de eso. El egoísmo ha engendrado los peores monstruos de la humanidad. El egoísmo se manifiesta en su forma más horrible cuando asume el poder. Entonces pierde por completo la cordura y destroza la dignidad humana.

”La única fuerza liberadora es el amor, el amor verdadero, porque incluso el amor es a veces egoísmo disfrazado. El amor te libera del miedo. Cuando amas de verdad todo empieza a tener sentido, te conectas con esa energía eterna y te sientes completo, porque entiendes cuál es tu parte en ese gran rompecabezas de la vida. La Media vuelta es una pieza cortada a la medida de la realidad cubana, pero el sayo le queda también al mundo”.

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