El dolor prematuro de la vida

Por: Daniel Céspedes Góngora

Cada aldea tenía su brujo o su bruja, cada príncipe tenía su astrólogo.

Voltaire

 

La película "El pájaro pintado"
La película «El pájaro pintado»

Película extensa la de Václav Marhoul. Representación crudísima para el niño protagonista Joska (Petr Kotlár) y cualquier espectador, acaso más que El pájaro pintado (1965), la novela de Jerzy Kosinski (1933-1991) que la inspiró y le dio nombre. Con Udo Kier, Stellan Skarsgård, Harvey Keitel, Julian Sands, Barry Pepper… entre muchos otros, es una obra maestra del séptimo arte.

La violencia con la que comienza El pájaro pintado (2019), el más reciente largometraje del checo Václav Marhoul (Tobruk, Mazaný Filip), no es comparable a cuanto le espera al chico protagonista de esta trama rodada totalmente en blanco y negro.

Amante de los animales de mal agüero y tratado como tal, el niño judío Joska (Petr Kotlár) se encuentra de paso en un pueblo huraño y rústico. El pueblo lleva a cuestas dogmas manifiestos. Es partidario de creencias ancestrales concernientes al mal más trivial y tribal de cuanto la contemporaneidad no pueda ya sospechar. Una avioneta en el cielo deja ver una cruz. Al espectador le es fácil conocer el período histórico en que transcurre la historia: la Segunda Guerra Mundial. Checoslovaquia está ocupada por los alemanes, quienes los consideraron casi en tu totalidad personas inferiores. Mientras querían y lograron exterminar a muchos judíos como a gitanos, polacos y serbios, la visión de la brujería y lo demoníaco en este contexto rural es un arrastre no tanto del medioevo como de la Edad Moderna. La aproximación que se establecerá entre lo segundo y lo primero es espeluznante, sobre todo porque la contienda bélica comprende y sobrepasa por desgracia el Holocausto.

Otro asunto a atender sería las relaciones establecidas en rigor sobre la base de la provocación, cuando no del espanto de los personajes con diferentes animales: comadreja, perros, caballos, gatos, serpiente… El momento en que los cuervos se acercan a picar la cabeza del niño enterrado, los gatos intentando comerse los ojos arranados de un visitante… el pájaro que, al pintarse por el anciano, es rechazado en pleno vuelo por su especie abrevia, como la alegoría mayor, la pesadumbre de Joska. Es un mundo de deshumanización, donde no puede perderse de vista también la insistencia del fuego como signo de muerte invariable en la quema de cadáveres por ejemplo. El salvajismo testimoniado por el chico no ha sido confrontado aún con la supresión judía por los alemanes. Acaso porque no estamos ante un relato del Holocausto sino de la Segunda Guerra Mundial. El protagonista pasa de un amo a otro, de una profesión a la siguiente y casi ni le escuchamos hablar. Por primera vez le escuchamos unas palabras cuando decide ocuparse de un caballo cojo. Él observa cómo va el mundo y sigue en su empeño por vivir, pero sin conseguir dormir «el rápido sueño de la vida». Ella tiene que ser mucho más de cuanto él esta experimentando.

El recurrir al blanco y negro para moderar los efectos de las escenas violentas bien descritas en varias ocasiones, cuando no completadas por la imaginación del espectador, acrecientan la estetización de la misma, otorgándole una plasticidad monocroma impresionante. Ha confesado su director: «Sólo en la oscuridad podemos ver la luz». Mas, ¿a qué precio en un relato donde campean el abuso y la soledad, el vagabundeo y la incomprensión, la xenofobia y la violación, la muerte y la decadencia moral y física? Y, no obstante, qué retrato más enaltecedor de amor a la vida, de la supervivencia, desde ese protagonista que, pese a las dificultades y el maltrato constante de los demás, procura no contaminarse de la malicia. A decir verdad, demora bastante en defenderse de los excesos. La persistencia nada tiene que ver con la conformidad. El deterioro físico y emocional se lo ha enseñado. ¿Qué vida de niño es la que él lleva? Se le quiere pedir además lo que todavía es incapaz de ofrecer. Cuando anda buscado a una madre, se le exige ser hombre. Ridiculizar es otra forma de comprometer la existencia. Joska se despide de la inocencia. ¿En quién lo han convertido?

Con El pájaro pintado se irrita más de una vez el espectador. Pero sale convencido de que la miseria y desgracia terrenales tienen más de un nombre. ¿En cuanto a la esperanza? La esperanza sí puede ser una, especialmente cuando de abrigar al mismo y diferente ser humano se trata.

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