Una carta para Edith Stein

Por: Olga Sánchez Guevara

Homenaje
Edith Stein
Edith Stein

Edith, hermana nuestra:

Desde que el Señor te llamó a la eterna luz, el mundo no ha cambiado mucho. Todavía algunos dudan que una mujer pueda pensar, y cualidades como decisión, energía, atrevimiento, capacidad de pensamiento lógico y otras virtudes semejantes, son atribuidas preferentemente al hombre-hombre. Hablo del hombre-hombre porque en lengua española al ser humano, hombre o mujer, se le define como “el hombre”, en primigenio acto de discriminación; y así, en varias traducciones españolas leemos en el Génesis: “Y creó Dios al hombre a su imagen”. Pero Dios, sabiamente, añade: “A imagen de Dios los creó, varón y hembra los creó”. Para que no se dude de que también la mujer fue creada a imagen de Dios. Aunque siempre haya ciegos que no desean ver.
A un académico español del siglo xix, para elogiar a la poeta cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, se le ocurrió comentar que era “mucho hombre esa mujer”. Pero la así elogiada no era mucho hombre, sino mucha mujer, y tanta, que el señor académico no pudo calibrar su mujerío.

¡Y cómo puede alguien afirmar que la mujer no piensa! Como ejemplos de mujeres pensantes solo mencionaré, entre tus compatriotas, a Roswitha von Gandersheim, aquella benedictina del siglo x, quien escribió vidas de santos, poesía y piezas dramáticas en las que imitaba a los clásicos latinos, y a Hildegard von Bingen, la santa abadesa del siglo xii, cuyo acendrado misticismo no le impidió tratar en sus escritos sobre temas políticos y sociales de su época. Y entre las de este lado del Atlántico está Juana Inés de la Cruz, la humanista y gran poeta mexicana cuya erudición y altura lírica le ganaron el sobrenombre de “la décima Musa”. “Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito”, apuntaba sor Juana desde su siglo xvii, no sé si ingenuamente o en genial ironía, porque guisar, lavar y cuidar hijos, ajenos o propios, han sido cargas seculares de la mujer, salvo excepción de algunas favorecidas por la suerte o por su obstinación.

A la cineasta brasileña Suzana Amaral, entrevistada al recibir el premio máximo del Festival de Cine de La Habana por su película La hora de la estrella (1985), se le preguntó la razón de su tardío acceso al mundo de las filmaciones. Contestó más o menos: “Cuando mis colegas varones realizaban sus primeras obras, entre los veinte y treinta años, yo estaba lavando pañales”.
Perdona, Edith, mi larga digresión: solo te hablo de esto porque durante años fuiste una feminista militante. Y encima te atreviste no solo a pensar, sino a pensar en grande y en profundo: ¡filosofar, una mujer! Les habrá parecido algo inaudito a los señores académicos. Pero que recibieras a los treinta el bautismo católico, cinco años después de graduarte con honores en la Universidad de Friburgo, les habrá parecido una locura. Y peor aún, tu entrada en el Carmelo. ¿Qué habrán dicho los que aseguran que son inconciliables un intelecto cultivado y una fe religiosa?, olvidando, entre muchos otros, a Albert Einstein, por citar solo un caso.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, tienes mucho que hacer en este mundo nuestro donde aún las mujeres siguen buscando su lugar, donde ser una intelectual de fe es casi una tarea imposible, donde un diálogo en la sinceridad y desde la verdad se hace tan arduo, donde ya tantos proclamaron la muerte de Dios y tantos otros se suman al coro, donde el cansancio puede ser tan peligroso como la rendición.

“Quien busca la verdad, busca a Dios”, dijiste. En estos tiempos de relativismo, muchos prefieren las medias verdades o la mentira, que puede ser más cómoda. La búsqueda de la verdad es el camino estrecho del que habla el Evangelio. Tu compromiso en esa búsqueda fue sellado con el martirio aquel 9 de agosto de 1942.
Ruega para que al menos intentemos vivir en la verdad y andar erguidos, para que no caigamos en la tentación de creer inútil nuestro esfuerzo, para que la esperanza inconmovible en Jesucristo nos salve del desánimo.

Camina con nosotros, Edith. Tienes mucho que hacer en nuestro mundo.

Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz (1891-1942), santa carmelita descalza, filósofa, mística y mártir alemana de origen judío, cuya fiesta se celebra el 9 de agosto, fue canonizada en 1998 por san Juan Pablo II, quien en 1999 la proclamó copatrona de Europa, junto a santa Catalina de Siena y santa Brígida de Suecia.

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