Alocución, domingo 25 de octubre de 2020

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez

Hoy, domingo treinta del tiempo ordinario litúrgico se lee en todas las iglesias católicas del mundo el evangelio de San Mateo, capítulo 22, versículos 34– 40.

Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a
prueba:
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?”.
Él le dijo:
‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente’.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas”.

 

  • Damos gracias a Dios por tantas personas que van a misa todos los domingos del año.
  • Damos gracias a Dios por todas las familias que junto a todos los que viven en la casa, bendicen los alimentos en el almuerzo y comida y rezan unidos antes de dormir.
  • Damos gracias a Dios por todas las abuelas que enseñan el catecismo a sus nietos.
  • Damos gracias a Dios por los novios que leen, comentan, rezan y viven el evangelio de todos los días.
  • Damos gracias a Dios por todos aquellos que, al ir al trabajo y a las clases, cuando pasan delante de un templo, entran y se arrodillan ante el Santísimo Sacramento y les presentan sus sonrisas y sus lágrimas.
  • Damos gracias a Dios por la iglesia La Milagrosa, en Santo Suárez, que mantiene abiertas sus puertas desde las siete de la mañana hasta las siete de la noche.

Estas personas aman al Señor Dios con todo su corazón, con toda el alma y con toda su mente.

 

(CANTO)

 

  • Damos gracias Dios por los esposos que celebran 25, 50, 75 años de matrimonio. ¡Qué amor al prójimo!
  • Damos gracias a Dios por las madres embarazadas que llevan la alegría de su fruto bendito, hablan con su fruto bendito, acarician a su fruto bendito y lo defienden como leonas.
  • Damos gracias a Dios por las madres incansables de los hijos discapacitados, a quienes tratan como verdaderos príncipes y princesas.
  • Damos gracias a Dios por las hijas que mantienen blanquitas las sábanas de sus mamás y papás postrados en cama.
  • Damos gracias a Dios por los doctores, enfermeras, agentes sanitarios, que sufren con sus enfermos y luchan denodadamente en favor de la salud.
  • Damos gracias a Dios por los empleados que nos tratan con cariño y vencen las dificultades para servirnos.
  • Damos gracias a Dios por las Hijas de la Caridad en El Rincón, La Edad de Oro y Bejucal. Damos gracias a Dios por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados en Santovenia y en Santa Teresa Jornet. Damos gracias a Dios por las Siervas de San José en Miramar. Damos gracias a Dios por las Religiosas de María Inmaculada en el Servicio doméstico. Damos gracias a Dios por los Hermanos de San Juan de Dios en San Rafael y San Juan de Dios. Damos gracias a Dios por las Hermanas de Marta y María en el hogar de los padres mayores. Y también damos gracias Dios por lo jóvenes y adultos que ayudan a estas monjas y a estos hermanos en la atención a los que están en estos santos lugares.
  • Damos gracias a Dios por las personas en conflicto que buscan soluciones pacíficas.
  • Damos gracias a Dios por nuestros difuntos que nos legaron una herencia de fe, honradez, concordia familiar, servicialidad y amor verdadero al prójimo. ¡Qué ejemplo de amor a Jesucristo presente en estas personas!

 

(CANTO)

 

Un matrimonio que integraban el experto Felipe y la hermosa Chabela, vivían en una casa de campo. Eran felices. Llevaban una vida tranquila y se amaban mucho. Cierto día sucedió un terrible accidente en la cocina. Mientras la mujer preparaba la comida, se incendió la sartén. Las llamas cubrieron los brazos, las manos y el rostro de la mujer. Al escuchar los gritos, el marido llegó corriendo. Hizo todo lo posible para apagar las llamas, lo cual consiguió, no sin antes quedar él mismo muy malherido.

Ambos fueron inmediatamente llevados a un hospital, donde los ingresaron en la unidad de cuidados intensivos.

Cuando recuperó la conciencia y supo lo que había sucedido, Chabela quedó muy afectada. Por más que pidió un espejo, las enfermeras no quisieron dárselo. Temiendo lo peor, un día logró salir de su habitación y entrar en otra que estaba vacía. Allí, en el baño, se miró al espejo, ¡y quedó horrorizada! ¡Estaba totalmente desfigurada! Se dijo que no quería seguir viviendo. Ya nunca volvería a ser la hermosa mujer que tanto había impresionado a su esposo, y determinó irse muy lejos de él.

Pocos días después dieron de alta al marido. Lo primero que este hizo fue visitar a su mujer. Dado que los médicos le habían explicado el estado en que iba a encontrarla, él pensó: “Tengo que cuidarla mucho, porque estará muy atormentada; con lo feliz que lucía con su hermosa cara…”. Así que entró en el cuarto de ella, tanteando con un bastón, y le confesó:

“Amada mía, ¡cómo te he echado de menos! Gracias a Dios, me han dicho que te estás recuperando rápidamente. En cuanto a mí, estoy bien. Es verdad que el fuego me afectó los ojos y me he quedado ciego, pero lo importante es que estamos vivos los dos y nos tenemos el uno al otro. No te importe que no pueda verte, amor, porque siempre tendré grabada en mi corazón la belleza de tu rostro. ¿Estás bien, amor mío?”.

– ¡Estoy bien, amor! -dijo ella suavemente.

Triste por lo que le había ocurrido a su esposo, ella pensó: “Cuánta tristeza que esté ciego, aunque así no podrá ver lo deforme que he quedado. En cuanto a mí, tengo que ser fuerte… porque él me necesita”. Ese día desterró para siempre el deseo de marcharse.

Cuando dieron de alta a la esposa, ella y su esposo retornaron al hogar. Tuvieron que realizar muchos esfuerzos para adaptarse a la nueva situación, pero lo lograron, y ayudándose mutuamente, vivieron muchos años juntos y fueron muy felices.

Cuando la mujer falleció, sus amigos fueron a dar el pésame al esposo. Entonces vieron que caminaba sin necesidad del bastón que había llevado desde aquel lejano día del accidente; los amigos pensaron: “¿Qué es esto, un milagro?”.

Llegado el momento de la despedida, el esposo se acercó al cuerpo de su amada esposa, besó y acarició su rostro y le dijo en voz baja: “¡Qué linda eres, amor mío! ¡Cuánto te amo! ¡Nunca te olvidaré!”.

Uno de los amigos se atrevió a preguntar lo que todos pensaban: “¿Qué pasó? ¿Hubo un milagro? ¿Cómo es que ves de nuevo?”.

Respondió Felipe: “Nunca estuve ciego”.

 

Cada esposa pregunte a su esposo: ¿Me amas como Felipe a Chabela?

 

(CANTO)

 

Rezamos al Padre de todos que nos hace hermanos y próximos.

(Padrenuestro)

Rezamos a la Virgen, Madre que carga a todos sus hijos y nos une en la gran familia de los cubanos.

(Ave María)

El miércoles 28 de octubre leemos la Carta de San Judas y enviamos al Arzobispado la frase que más nos llama la atención.

Y la bendición de Dios Todopoderoso, Padre Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre… Amén.

 

(CANTO)

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del cardenal y arzobispo de La Habana, Mons. Juan de la Caridad García.

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