Cine e infancia

Por: Daniel Céspedes Góngora

“…avanzamos a cosas mayores y mejores, con suerte”.

Cameron Boyce

 

Las causas tienen su historia. Con la aparición de las salas cinematográficas y sobre todo con la posibilidad de ver el cine desde la televisión, el espectador del siglo xx creció bajo las influencias de las imágenes en movimiento. Los héroes literarios se vieron eclipsados, cuando no menospreciados, por los de la pantalla grande. El cine le pidió un préstamo a la literatura sin devolución. Transformaría a los héroes según sus intereses para exhibirlos como conquista y ganancia. Con el tiempo, creó sus protagonistas, tan influyentes para el público infantojuvenil como cualquier figura homérica, caballero medieval o superhéroe de masas.

Cada país ostenta sus héroes y otras figuras históricas que implican a los públicos por diferentes canales de recepción. En tiempos de transculturación, interculturalidad y globalización, todo entra en el proceso de consumo cultural. Es frecuente ya, celebrar cómo a veces un personaje antiguo logra rebasar sus fronteras hasta asimilarse en las regiones menos sospechadas. La industria editorial y los audiovisuales siempre han repercutido. Cuando los héroes nacionales no bastan o, simplemente ya no estimulan como solían hacerlo, son transfigurados en híbridos contemporáneos para, de alguna manera, continuar perdurando. Paralelo a ello, ocurre la creación de nuevos ídolos, muchos de los cuales se desentienden de su propia historia nacional: marcan un antes y un después en las audiencias. Esos ídolos son infantes, personas en formación, quienes parecen saber por el momento lo que desean. Pero el deseo les puede salir muy caro.

Los niños de Hollywood (Alex Winter, 2020)
Los niños de Hollywood (Alex Winter, 2020)

Del complicado y bien preocupante dueto de cine e infancia se ocupa la nueva película documental de HBO Los niños de Hollywood (Alex Winter, 2020). No es la primera vez que la presencia de niñas y niños en el cine –como una pieza más del entramado cinematográfico– ha sido el tema de otros materiales, pero ahora se nos ofrece un audiovisual bien centrado en el acontecimiento. Desde cómo funciona el proceso de casting en Hollywood para infantes hasta la repercusión de ser hechizado, al pie de la letra, por los cantos de sirena de las industrias cinematográficas de Estados Unidos.

HBO (Home Box Office) tiene una frase para todos: “Disfruta una historia HBO”. Aunque la historia de sus eslóganes es interesante: desde aquel de los años setenta “Diferente y Primero” hasta el actual “Ve más allá”. El abarcador canal es propietario no solo de la corporación multinacional estadounidense Time Warner, sino además de la Compañía Walt Disney. Es revelador que sean ellos mismos quienes produzcan un documental tan crítico como Los niños de Hollywood.

Con las cifras en pantalla de la cantidad de menores de edad que se presentan cada año para obtener papeles en el cine, más la adición de unas imágenes de archivo de Jackie Coogan, el protagonista de El chicuelo (Charles Chaplin, 1921), bailando rodeado de una multitud, al lado de Chaplin, se inicia el documental de Alex Winter. Por si no bastara, se rescata a la olvidada Diana Serra Cary (Baby Peggy), quien fuera estrella infantil de la pantalla grande antes que Coogan. El rescate representa un acto de justicia, pero contiene las cuotas amargas de lo que será un proceder imparable sobre la inocencia, o mejor, sobre su pérdida: “Pensé que todos los padres trabajaban de niños. Esa fue mi conclusión. Yo era una delicia para el director. Lo que él me decía, lo hacía sin problema […]. Me presentaron como la estrella infantil del millón de dólares”, dice a la cámara la anciana Baby Peggy, quien revela también la reacción de su padre al enterarse de que ella no participaba de las ganancias de las películas. La carrera de estrella de Baby Peggy se terminó a los siete años. Fue el fin de su explotación. La niña más lucrativa de la historia del cine no fue Drew Barrymore, sino Shirley Temple.

Los niños… alterna con los casos actuales de un chico que desea entrar a la industria, una niña ya con algo de experiencia en varios papeles y el testimonio crudo de jóvenes que, por motivos diversos (estrés, drogas, abuso sexual, explotación de la familia, colegio y trabajo, muerte…), no pudieron seguir trabajando en el cine. Reconozcamos que hubo trayectos admirables, como el de Mickey Rooney, Elizabeth Taylor, Natalie Wood… y otros más jóvenes como Jodie Foster, Gary Coleman, Todd Bridges, Henry Thomas, Evan Rachel Wood, Milla Jovovich, Natalie Portman… Los que han leído alguna biografía sobre Judy Garland o han visto la reciente biopic sobre ella, saben cuánto le costó a la actriz las continuas exigencias de los contratos y directores. A ello se le suma las reglas que debían seguir con arreglo a sus proyecciones de ídolos infantiles. Aun cuando las prohibiciones del Código Hays se habían anulado en 1967, Hollywood seguiría arrastrando determinadas políticas ideoestéticas de qué y cómo representar en la pantalla. Al respecto, Evan Rachel Wood confiesa: “Muchas chicas eran obligadas, y ahora se ve más el rechazo, pero sé también que muchos son presionados a quedarse en el clóset y a conformase con unas normas de género que predominan en la industria cinematográfica”.

niños Disney
«Niños Disney»

Cuando analizamos los casos más concretos de los “niños Disney”, el asunto es todavía más desconcertante. Pues una gran mayoría son tan condicionados en su manera de actuar que, pasados los años, en la transición de la niñez a la pubertad y, con el afán de continuar sus carreras, hacen lo imposible para borrar la aparente inocencia que interpretaban para sus personajes de Disney. Aquí hay que mencionar principalmente las excentricidades repetidas de Miley Cyrus, protagonista de Hannah Montana, y antes las noticias sonadas sobre Britney Spears que, a pesar de todo, logró retomar su carrera y cambiar las opiniones de fanáticos y crítica.

Las secuelas de la presión física y psicológica a que se ven sometidos estos niños, ya había tenido sus referencias alarmantes cuando, el 31 de octubre de 1993, la joven promesa River Phoenix, de veintitrés años, murió por ingerir una sobredosis de heroína y cocaína. Los casos se siguen repitiendo. No olvidemos las víctimas que sigue acumulando la serie Glee. Ya no es una cuestión concerniente solo al contexto del cine, sino a las redes sociales. Si eres un ídolo, cuanto se espera de ti es un éxito tras otro. No basta con complacerte en tus propias superaciones. Tienes que ayudar a la motivación de los triunfos personales de los demás. ¿Ese es plan de la sociedad para estos niños estrellas? En efecto, pues es el que la industria te vende como sueño y posibilidad de estar en el mundo. ¿Desconectarse del negocio? Sería como ir cuesta abajo. Pocos se alejan y olvidan por cuanto pasaron.

Los niños de Hollywood, dedicado a la memoria de Diana Serra Cary y Cameron Boyce, es asimismo un documental muy sugerente de cómo sobrevivir en el mundo del espectáculo. La otrora Baby Peggy tenía al morir 101 años; el “chico Disney” Boyce solo veinte. Ω

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