Notas del año de la Covid (4)

Por José Antonio Michelena y Yarelis Rico Hernández

Ilustración: Ángel Alonso
Ilustración: Ángel Alonso

Nos adentramos en el octavo mes del año lidiando con la Covid-19. Hubiéramos querido vivir todo este tiempo en una cápsula, en una cámara hiperbárica, en hibernación, y salir afuera solo cuando todo pasara. Pero han sucedido tantas cosas en la aldea global en estos siete meses… Y qué es la vida sin la experiencia del día a día, de lo que acontece y nos acontece.

Por muy aislados que estuviéramos, no podíamos estar sin escuchar el latir del mundo, las múltiples historias, desde el origen y la propagación del nuevo coronavirus y el seguimiento a la crisis sanitaria, hasta los efectos sociales por la asfixia de un afroamericano por un policía en Minneapolis. ¿Acaso no es todo un solo relato?

En la Isla no hemos estado ajenos a los sucesos de afuera, pero también adentro han pasado cosas. Y para todo hay criterios y posicionamientos que provocan desencuentros y choques cuando aflora la intolerancia, las voces que gritan más alto porque quieren ser las únicas escuchadas, las que se creen portadoras de la verdad.

Palabra Nueva ha querido compartir las expresiones de un grupo de voces diversas para ofrecerlas a sus lectores como una muestra de las experiencias personales y colectivas que se han vivido en este año bisiesto tan peculiar y asombroso, este veinte-veinte convertido en cuarent(en)a.

Hemos solicitado a esas personas que nos narren sus vivencias en estos siete meses, cómo han transcurrido sus días, de qué manera han enfrentado los desafíos y qué lectura hacen de lo acaecido, cuáles son sus ideas al respecto.

La pandemia de los sobrevivientes

Por Carlos Esquivel

  1. Noé aparece en el sueño de una novela que no es mi novela, pero funciona como tal (los sueños son novelas inconclusas).
  2. Cuba desprendida de sus anclas oceánicas. Algo parecido a como ocurre en La balsa de piedras, de José Saramago.
  3. Cuba se alimenta de pequeños peces, de hierbajos incoloros, como una ballena lamentable.
  4. A salvo de un virus que asecha. A bordo de sobrevivencias demoradas.
  5. ¿Huimos de nosotros mismos?
  6. Aquí escapan los ejemplares salvados de miserias terrestres y divinas, de honores extraños y de honores tan simples como besar la mano que te da de (mal) comer. Toda una plebe masticada por grados supremos. Especies salvadas, especies autóctonas. Quizás el único paraíso que conocen es el devastado. No pueden moverse porque escasean los medios, o porque tierra extraña significa, a pesar de lo raro que resulta creerlo, aventuras extrañas, vidas extrañas, y suponen, justo y genuino, conservar ese algo que creen de ellos (aun cuando sepamos que nada les pertenece).
  7. Como nos estábamos quedando sin país, hicimos nuestro propio país y lo convertimos en un arca rodante que pudiera atravesar lo que todavía quedaba de lo que fuera mundo.
  8. Noé era un fragmento, un desperdicio, de todos nosotros.
  9. La devastación ocurría tierras más allá. El virus inefable era también el virus de otros.
  10. Un arca para escribir y vivir. Un país rodante para iguales, o simulados, trances. Leer: Fiódor Dostoyevski, William Faulkner, Franz Kafka, Ezra Pound, Robert Musil, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Cormac McCarthy, David Foster Wallace, Jonathan Franzen, Kjell Askildsen, Mario Levrero, Jennifer Egan, Joan Didion.
  11. Nos llevábamos a muertos gloriosos. De aquí y de todas partes.
  12. Los cobijábamos en tumbas heroicas, las que merecían.
  13. No había bandera porque todas tenían los mismos colores y señales.
  14. No había himnos porque eran acordes desoídos de la música que Satanás escuchaba en casa de Dante.
  15. Escribí algo que no fuese la atropellada novela de todo el tiempo. Sufrí la pandemia que escribieron (y murieron) vecinos de especie. Llegó un haiku. Dos:

 

En mi evasión

escaparon conmigo

otros fantasmas.

 

Supervivencia

del uno contra el uno.

Eternamente.

 

  1. Mi autarquía comienza y termina en el mismo sitio: no puedo renunciar a vivir como algunos quieren que viva. Es simple, dentro de mí la vida es oscura y lenta. Independizarme va más allá de un rol filosófico, así de hermoso como de impredecible. Morir la enfermedad de otro parece un acontecimiento romántico que sucede lejos de nosotros.
  2. ¿Los que se rinden son quienes se escapan?
  3. La enfermedad es el oxígeno extremo. Uno se postula para el otro sitio, pero la narrativa de la posteridad no aparece en ningún diccionario.
  4. De una muy antigua entrevista personal: Cuba es otra cosa, el espacio donde convergen mis errores, viven mis ilusiones, el lugar donde tengo necesariamente que estar, permanecer y morir.
  5. Un conocido rebate mi idea de que el coronavirus (SARS-CoV-2) es una variante demasiado contemporánea de guerra mundial (Tercera Guerra Mundial), aun como si atravesásemos una película innombrable y degradada en la que el enemigo resulta invisible y, lo peor, invencible.
  6. Que cada día hay guerras en todas partes, dice. Que las guerras son el verdadero virus de la humanidad (lo que pudiera influir en un opuesto admirable y terrible: la humanidad es el verdadero virus).
  7. Detesto las guerras (desembarqué como soldado falible en las selvas de Angola un día que no quiero recordar), pero una pandemia en un siglo de luces es como una guerra en la que peleas con armas insignificantes.
  8. Porque parece imposible reemplazar lo que yace impostado como consigna.
  9. El delirio también se convierte en enfermedad.
  10. Nos hemos metido en búnker de patria, aislado por influencias imposibles de contener. Madre, hijo, esposa.
  11. Mi madre vive en un país en el que las lógicas parecen extraídas de una fábula de lobos con cicatrices nietzscheanas.
  12. Quiere la comida que no puedo darle.
  13. Quiere que salga afuera y pelee.
  14. La fábula real es distópica. Ella lo desconoce. Igual algunos de quienes nos rodean.
  15. Pienso en la manera de no parecerme (a) su hijo.
  16. De una entrevista personal muy reciente: “Me he dedicado a resistir, a inventarme sobrevivencias que otros inventaron para mí. Leo como un infalible perdedor, sin otra cuenta que celebrar. Veo las películas que jamás vi (la lista es impresionante y caótica). Comparto el tiempo que antes desprecié con las personas que jamás despreciaré: familia, amigos. Escribo tres novelas a un mismo tiempo, a similar velocidad. Terminé un libro de poesía y juego con la posibilidad de descreer de esta borrasca que parece interminable. La literatura no puede salvar lo que ella no enfermó, pero sí nos ayuda a estar más cerca de nosotros mismos”.
  17. Lo que sostiene o rodea el acto mortuorio. Lo que, incluso, parece muerto antes de morirse.
  18. Nos escondemos acaso de nuestro propio país. Esos trances parecen la repetición ominosa de una silueta de repeticiones. El país se esconde de mí.
  19. Mi hermana vive en España. Sus relatos descreen del terror normal, ese que un artista puede suponer lejos de su pesadilla de arte.
  20. Mi hermana habla de cuerpos que se pudren. Yo hablo de países que se pudren. La economía contra el caos. El hambre contra la enfermedad.
  21. Enfrentamos realidades. Ninguno vence. Cada cual necesita lo que desconoce.
  22. Cuba es otra cosa, el espacio donde convergen mis errores, viven mis ilusiones, el lugar donde tengo necesariamente que estar, permanecer y morir. Parece que es ella quien habla.
  23. Otro haiku:

 

Vi quien moría.

Luego vi quién mataba.

Me vi dos veces.

  1. Sor Juana, Hegel, Baudelaire, Gauguin, Apollinaire, Tolouse Lautrec, Gustav Klimt fueron víctimas de epidemias.
  2. Pido perdón a Baudelaire e imagino su muerte.
  3. Escupir sangre es el acto declaratorio cumbre de la enfermedad literaria. Hablemos con Baudelaire, Charles, maldito donde los haya. Lo feo y lo inmoral yacen bajo su látigo. Ama a una prostituta bizca y judía del barrio latino, rechaza la política, es, para muchos, el más grande poeta francés del siglo. Declaración de principios ponzoñosos. O declaración ponzoñosa de principios.
  4. Si hubiese estado en el cuerpo de Baudelaire expulsando la sangre que le pertenece y la que fue de poetas errantes. Los pensamientos suelen atravesar borrascas imprevistas. Lo intuyo por negación.
  5. Sobrevivir, aún después del fulminante vómito de sangre, es lo que menos se merece un escritor maldito. Y el compromiso (o comprometimiento) resulta una escala lúdica que alguien inventó como cura transitoria (la definitiva desentona con el sentimentalismo de la literatura actual, o casi actual, que es lo que merecemos).
  6. Cura o enfermedad. La silueta de Baudelaire se balancea sobre una interminable alegoría de reencarnaciones que no puedo evitar. Desde el interior de la sangre.
  7. Las novelas son sueños inconclusos.
  8. Es decir, todo es al revés, como si al irnos estuviésemos, en realidad, llegando.
  9. ¿Llegando a dónde?
  10. A donde no iremos.
  11. No todas las historias tienen un final terrible, pero esta, que no termina aún, tiene tramos poco gloriosos, un drama coloreado por una biología sangrienta. Somos actores, de los que nadie reconoce. El guion habla de enfrentar la locura, con o más locura, o dejarse arrastrar. Fluir como si fueses un arca en cualquier parte, en un irreconocible mar. Que la noche te borre. O te vuelva a nombrar. Ω

 

Carlos Esquivel Guerra

Carlos Esquivel Guerra (Elia, Camagüey, 1968). Poeta, narrador y ensayista. Distinguido con múltiples premios nacionales y foráneos, ha publicado una treintena de libros. Textos suyos aparecen en antologías y revistas de más de veinte países de Europa, América y Australia.

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