Un gesto de amor que se extiende en el tiempo

Por: Yarelis Rico Hernández

Damnificados-reciben-ayuda
Damnificados-reciben-ayuda

Un año ha pasado desde aquella noche del 27 de enero de 2019 cuando más de 1 200 familias habaneras vivieron en carne propia los demoledores efectos de un tornado. Los capitalinos totalmente ajenos a un evento meteorológico de este tipo, eran sorprendidos en la noche con vientos de 300 kilómetros, velocidad que definía a este fenómeno como categoría F4 en la escala Fujita-Pearson. Los municipios de Regla, Guanabacoa y Diez de Octubre fueron los más duramente afectados.

Concebido para la atención a los damnificados ante catástrofes naturales, el Programa de Emergencias y Ayuda Humanitaria de Cáritas Habana respondió de manera rápida al devastador paso del evento meteorológico. El panorama que entonces se presentaba conmovía: “cinco fallecidos y 195 lesionados, pérdidas considerables en los hogares, cientos de núcleos familiares que quedaron sin el amparo de un techo, sin nada material y con necesidades extremas”.1

Ante esa realidad, el equipo diocesano de Cáritas Habana recorrió los municipios afectados e intercambió con párrocos, miembros de las comunidades, damnificados, religiosos y religiosas en los lugares más dañados y pronto comenzó la entrega de alimentos de primera necesidad: agua, pan, latas de conserva y leche. También se les dio mantas y velas a quienes las necesitaron. Los domicilios con niños y ancianos fueron priorizados. Acompañar a las familias en su dolor era, sin dudas, la respuesta más humana del momento.

Aparejado a este quehacer, la Cáritas diocesana apoyó la creación y funcionamiento de comedores emergentes, donde se elaboraron alimentos para cientos de personas. Este servicio se activó primero en la iglesia de Jesús del Monte, pero pronto se habilitó en la parroquia Cristo Redentor y en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, ambas en el municipio de Regla. Por último, aparecieron otros dos comedores, en la Comunidad de los Padres Escolapios en Guanabacoa y en la Casa de Cáritas del mismo municipio. Sin dudas, tal propósito exigió de una constante comunicación con las comunidades a fin de acompañarlas, abastecerlas de insumos y realizar el diagnóstico de necesidades a las familias más necesitadas. De acuerdo con lo registrado, más de 800 personas recibieron servicios de alimentación durante las dos primeras semanas después del paso del tornado.

Para los niños, voluntarios del Programa GDH (Grupos de Desarrollo Humano) de Cáritas Habana organizaron actividades culturales y recreativas.

Mientras todo esto sucedía, la solidaridad de católicos y pueblo en general se expresaba a través de colectas que de manera espontánea se organizaban en las comunidades habaneras y de otras diócesis del país. Así, fueron muchos los espacios convertidos en almacenes donde se clasificaron ropa, zapatos y otros artículos de uso personal que diariamente eran entregados a las personas que más lo necesitaban.

En la medida que avanzaba esta primera etapa de respuesta a emergencia, se comenzó un levantamiento que contempló la elaboración de una planilla para registrar las personas afectadas y referir todas sus pérdidas, de manera que hubiese un control y una distribución organizada y eficiente de los recursos. Este trabajo no se limitó al espacio de los templos, incluyó también visitas a hogares y otras zonas donde se hallaban personas damnificadas. Para estos recorridos resultó determinante el apoyo de los voluntarios de las Cáritas parroquiales, seminaristas, jóvenes católicos, religiosas y sacerdotes.

 Un año después

Durante los meses siguientes al paso del tornado por la capital cubana, el equipo diocesano de Cáritas Habana siguió actualizando la base de datos con las fichas de damnificados atendidos y continuó registrando nuevas familias que fueron visitadas por voluntarios para identificar sus necesidades reales.

Según las afectaciones cuantificadas en hogares de los municipios Diez de Octubre, Guanabacoa y Regla, se organizaron entregas de colchones, camas y módulos con enseres para el hogar (olla de presión eléctrica u olla arrocera y de presión convencional, colcha, sábanas y toallas).

En el municipio Diez de Octubre, la organización humanitaria y la Iglesia habanera han contado con el apoyo de los trabajadores sociales, quienes junto a los voluntarios han visitado personas y han entregado ayuda; una cooperación que se agradece y crea pautas de trabajo para el futuro.

Según refiere un reciente reporte de Cáritas Habana, la ayuda brindada no se ha limitado a los damnificados por el tornado. Si bien este es el propósito fundamental del actuar de la institución para este período, también se han entregado ventiladores y cocinas a casos excepcionales detectados en las visitas, entre los que cuentan ancianos encamados, madres solteras con varios hijos, enfermos, personas con discapacidad, etc.

Hasta el cierre de este artículo, se registraban 1 810 familias beneficiadas con los módulos o colchones en los municipios de Diez de Octubre, Regla y Guanabacoa. Las familias visitadas son casi el doble de las atendidas.

 Equidad en la ayuda

A principios del mes de agosto, Palabra Nueva acompañó la cuarta entrega de Cáritas Habana a familias damnificadas del municipio de Regla. En esta ocasión, la ayuda incluía 84 módulos y 126 colchones. De manera muy ordenada, y en correspondencia con el levantamiento realizado, se atendieron a las personas afectadas en un área habilitada al efecto en la parroquia Cristo Redentor.

Elizabeth Pérez Aguiar y Agneris Brindis García son voluntarias de esta comunidad reglana que atienden los Padres Redentoristas. Ambas han estado visitando hogares desde que pasó el tornado por la localidad. Gracias a su trabajo, y al de otras personas comprometidas, se han podido registrar los casos más alarmantes, a los que se han sumado otros que, aunque no fueron directamente afectados por el evento meteorológico, presentan muy malas condiciones de vida.

Estas dos voluntarias coinciden en que el mayor agradecimiento de las personas beneficiadas es a Dios, “que no olvida a nadie y ve el dolor y el sufrimiento de todos”, asegura Elizabeth. Agneris, cuando intenta describir la emoción que ha contemplado en quienes se favorecen con esta ayuda, pero le resulta difícil. “Muchos lloran, hablamos de personas que perdieron casi todo lo que tenían en sus casas. Algunos nos dijeron que se habían anotado en listas organizadas por el Estado y el Gobierno del municipio, pero hasta el momento de nuestra visita no habían recibido nada. Sentían mucha frustración. Que llegáramos hasta ellos fue como ver una luz dentro de tanta oscuridad. Todos, sin excepción, agradecían este gesto de la Iglesia”.

Elizabeth, por su parte, cuenta la experiencia que vivió con un anciano solo, al que tuvieron que bañar y afeitar, acomodarle un poco el desvencijado sitio donde vivía, entregarle sábanas, zapatos, algo de ropa y alimento. “No hallaba cómo agradecernos. El abandono en que se encontraba era terrible; no me explico cómo seguía vivo. Al marcharnos no dejaba de apretarnos las manos, era como si no quisiera que nos fuéramos. Sin dudas, es un caso que hay que seguir acompañando”.

Elizabeth y Agneris saben que lo que dan es poco. “Pero dentro de tanta pena, es alivio que regocija el alma”, asegura la segunda. Como ellas, otros muchos voluntarios se han mantenido visitando hogares durante varias semanas en los tres municipios más afectados por el tornado. El propósito, además de conocer la necesidad real de ayuda, ha sido acompañar a la familia, a la persona.

Raydel Mirabal y Alejandro Ariosa González dirigen el Programa de Emergencias y Ayuda Humanitaria en Cáritas Cuba y Habana, respectivamente. Aclaran que no todas las familias visitadas clasifican para recibir el donativo. “La decisión –precisa Raydel– depende del criterio de los visitadores, quienes observan en el lugar las necesidades reales de las personas. Lo que se quiere es llegar a los más necesitados, al más desvalido, al más olvidado. Buscamos equidad en la ayuda”.

Según refiere Ariosa González, las entregas anteriores a nuestra visita en agosto de 2019, se efectuaron entre el 7 de junio y el 29 de julio. “En todas se han dado módulos y colchones, incluso, hemos llevado la ayuda hasta la propia casa del afectado, pues también tomamos en consideración la situación en la que se encuentra la persona, si es muy anciana, está encamada o enferma, etc.”.

Por su parte, Migdalia Dopico Paz, directora de Cáritas Habana identifica como lo más relevante de todo este quehacer humanitario, “el trabajo del voluntariado, su entrega y compromiso. Estas personas han permanecido horas y horas junto al equipo diocesano de Cáritas. También es justo reconocer la entrega, cohesión y disponibilidad de quienes integran el Programa de Emergencia y Ayuda Humanitaria. Dar las gracias, por supuesto, a los donantes, esas personas de buena voluntad que, desde fuera de Cuba, y también desde adentro, han hecho posible la ayuda que se ha ofrecido y se ofrece”.

Para quien lo perdió todo como Fredys Dueñas Pedroso, trabajador de ETECSA, esposo y padre de dos hijos, el tornado del 27 de enero de 2019 es acontecimiento inolvidable en su vida. Sabe que recuperarse será difícil, tanto en lo material como en lo espiritual. Sin embargo, no deja de dar gracias Dios, “y lo hago todos los días”, asegura, “porque en medio de tanto dolor, todavía creo en el ser humano y en ese instinto o deseo que nos acompaña de ayudar al hermano. No soy católico, quizás por eso no alcanzo a agradecer a la Iglesia, pero sí a las personas que han llegado hasta mí y hasta mi familia para brindarnos su ayuda, incluso, cuando más la necesitábamos, en medio de una angustia que nos consumía. Esas personas, convierten en realidad el Amor de Dios hacia todos, sin distinción de raza, credo, condición social… A ellos y a Dios, gracias”. Ω

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