El preolímpico de béisbol de Arizona y las últimas rayas al tigre

Por José Antonio Michelena

El preolímpico de béisbol de Arizona
El preolímpico de béisbol de Arizona

El muy reciente aplazamiento del torneo de béisbol preolímpico en Arizona, como consecuencia de las medidas que se toman en el ámbito deportivo por el coronavirus, ha puesto una nota de suspenso en las expectativas de los países involucrados, entre los que se incluye Cuba.

Llegar a participar en los próximos Juegos Olímpicos de 2020 se le hace cada vez más cuesta arriba al béisbol cubano, al que le quedan dos posibilidades, o una, en dependencia de cómo le vaya en el preolímpico, donde la competencia será muy dura.

La selección cubana deberá enfrentar allí (en fecha ahora pendiente) a Venezuela, Canadá y Colombia, por ese orden; y si ocupa el primer o segundo lugar de su grupo, podrá pasar a la súper ronda, donde estarán los dos clasificados del otro grupo, en el que competirán República Dominicana, Puerto Rico, Nicaragua y Estados Unidos.

El vencedor de la súper ronda obtiene una plaza para Tokio, y los que queden en los dos lugares siguientes tendrán una última oportunidad de buscar el boleto en un repechaje que se jugará en Taipéi de China, donde estarán Holanda, Australia, China, y el país sede.

De acuerdo con las actuaciones de las selecciones cubanas en los últimos torneos, pasar por encima de Venezuela y Canadá, o acompañar a una de ellas para la siguiente fase, parece bien difícil, para decirlo suave, sin exagerar. Mucho más desde que Major League Baseball (MLB) dio el visto bueno para que jugadores de esa organización participen en la cita.

Luego, si el seleccionado de Cuba pasara a la súper ronda, allí deben estar, clasificados (probablemente) por el otro grupo, las dos mayores potencias del béisbol en América: el país donde nació este deporte (Estados Unidos) y el de mayor cantidad de peloteros por Latinoamérica en la liga más fuerte del orbe (República Dominicana).

La última década ha visto la caída en picada del béisbol cubano, el descenso indetenido de su calidad, una realidad atravesada por muchas causas, pero con una muy fuerte: la fuga incesante de talentos en busca de oportunidades para un desarrollo que no le brinda la liga local.

Otro factor de peso ha sido la falta de una respuesta inteligente, bien vertebrada, de las estructuras del béisbol cubano para salir de la crisis, para crecer y desarrollarse en el complejo panorama planteado. En esa insuficiencia está varada la pelota en la Isla hace mucho tiempo.

Por contraste, paradójicamente, como la Isla sigue siendo una tierra muy fértil en ese deporte, los peloteros cubanos se han abierto su espacio en la MLB, al punto que en la temporada de 2019 se lograron cifras históricas de participación y actuaciones sobresalientes de varios de ellos, como el liderato de jonrones para el habanero Jorge Soler, el Premio de Novato del Año para el tunero Yordan Álvarez, y el de Mejor Relevista para el holguinero Aroldis Chapman, todos en la Liga Americana.

En la temporada que comenzará en breve en La Gran Carpa, nuevos talentos cubanos se perfilan para establecerse.Varios de ellos ya empiezan a sonar, merced a sus actuaciones en la pretemporada, como Luis Robert Moirán, o Randy Arozarena.

Cabe pensar cuántos de esos peloteros de talento, probado en el mejor béisbol del mundo, hubieran hecho el equipo Cuba si hubieran permanecido en su país. Porque el ingreso en la selección, ya se sabe, está determinado por factores extradeportivos, como se ha visto una y otra vez, desde hace muchos años.

El último capítulo protagonizado por quienes deciden el seleccionado (la eliminación del jardinero capitalino Yosvani Peñalver y del antesalista tunero Yordanis Alarcón) es un eslabón más de una larga cadena de injusticias y arbitrariedades cometidas por la cúpula dirigente de ese deporte, apenas una raya más al tigre.

Lo que les sucedió ahora a esos atletas, les ha ocurrido innumerables veces, con matices diversos, a muchos peloteros con méritos para hacer la selección. La lista es bien larga, y entre las probables “causas” afloran: el miedo a la deserción, el regionalismo, y el espíritu de “piña”.

Sucede que en el pasado había una cantera tan grande que la exclusión de algunos por favorecer a los “sembrados”, a los “de confianza”, a “los que se sabe no se van a quedar”, no traía consecuencias mayores. Aunque cabría preguntarle a los excluidos cuánto daño les ocasionaron las injusticias cometidas con ellos.

Cuando eso pasaba, en los ochenta y los noventa, los peloteros seguían jugando en la liga cubana. Heridos por dentro, pero seguían. Sin embargo, a partir de los noventa, se abrieron las puertas de la diáspora; y en la década siguiente, la fuga de talentos se incrementó, tomó protagonismo, y cada exclusión podía costar la pérdida del pelotero, decepcionado porque no lo valoraban con justeza.

Ahora, cuando el talento no abunda, la eliminación de Alarcón (el jugador más valioso de la temporada pasada) y de Peñalver (que no se ha cansado de batear en todo el año, incluyendo la etapa de preparación), suena a teatro del absurdo. ¿Cómo es posible, a estas alturas, más de lo mismo?

Al preolímpico de Arizona van, prácticamente, los mismo peloteros con los que se han perdido los últimos torneos, con las mismas carencias ofensivas, sin una renovación esencial, y solo un milagro permitiría la clasificación del béisbol cubano a los próximos Juegos Olímpicos. Pero los milagros hay que favorecerlos.

De momento hay que esperar porque se apaguen las alarmas por el coronavirus para que se pueda celebrar el torneo. Detener la pandemia es ahora la prioridad.

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