Alocución 27 de septiembre de 2020

Por: Mons. Juan de la Caridad García

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial, hoy 27 de septiembre, domingo vigesimosexto del tiempo ordinario litúrgico.

En todas las iglesias católicas del mundo se lee este fragmento del evangelio según San Mateo, capítulo 21, versículos 28 al 32.

(Canción)

Muchas personas han dicho sí a Dios y al decir sí a Dios dicen sí a su familia, a sus vecinos, a sus pueblos, a sus iglesias.

Sí permanente han dicho los matrimonios de muchos años de casados: Esta noche el esposo cuenta a su esposa el sí de ella que más le ha conmovido. Esta noche la esposa cuenta al esposo el sí que más le ha conmovido del amado.

Sí permanente ha dicho la madre embarazada a su fruto bendito, al que ha dado a luz y lo ha acompañado hasta el último minuto de su vida materna: Hoy el hijo, la hija, cuentan a su papá y a su mamá el sí que más le ha conmovido del amor paterno y materno.

Sí permanente han dicho muchos hijos a sus padres, sobre todo, cuando son mayores y han estado a su lado hasta el último minuto de la vida: Hoy los padres cuentan a sus hijos el sí que más les ha conmovido de sus frutos benditos.

Sí permanente ha dicho la Virgen María a la voluntad de Dios Padre, quien le pidió ser madre del Hijo de Dios hecho hombre y así lo dio a luz en la cueva de Belén. Sí permanente ha dicho la Virgen en la huida a Egipto para salvar a su Hijo de las manos malvadas del sanguinario rey Herodes. Sí permanente ella ha dicho en la crucifixión. Sí permanente dice ahora en la casa de Dios Padre y desde allí ruega por sus hijos en esta tierra.

Sí permanente ha dicho el beato José Olallo Valdés, quien a pesar de que su mamá le dijo que no, él dijo sí durante cincuenta y cuatro años al servicio de los pobres, enfermos, presos, angustiados, mambises heridos, y a todos quienes acudían a él y recibía sin acepción de personas.

San Vicente de Paúl dijo no primero y después dijo sí. Sacerdote entregado a los pobres, quien nos ha dejado el regalo de los Padres Paúles y las Hijas de la Caridad, quienes también han dicho sí a Cristo y a los pobres.

Escriba el sí que más le ha conmovido en su vida de las Hijas de la Caridad. Escriba el sí que más le haya conmovido en su vida de parte de familiares, vecinos y amigos y dígalo al teléfono 78624000.

(Canción)

Conocemos a cuatro personajes que se llaman: Todos, Alguien, Cualquiera y Nadie.

Ocurre que había que terminar un trabajo muy importante para el día siguiente.

Todos sabían que Alguien lo haría.

Cualquiera podría haberlo hecho, pero en realidad Nadie lo hizo.

Alguien se enojó cuando se enteró de lo sucedido, porque le hubiera correspondido hacerlo a Todos.

El resultado fue que Todos creían que lo haría Cualquiera y Nadie se dio cuenta de que Alguien no lo haría.

Alguien reprochó a Todos porque en realidad Nadie hizo lo que hubiera podido hacer Cualquiera.

(Canción)

Había una vez un rey de un pequeño país llamado Uvilandia. Su reino estaba lleno de viñedos y todos sus súbditos se dedicaban a la elaboración de vino. Con la exportación a otros países, las quince familias que habitaban Uvilandia ganaban suficiente dinero como para vivir bastante bien, pagar los impuestos y darse algunos lujos.

Hacía ya varios años que el rey estudiaba las finanzas del reino. El monarca era justo y comprensivo y no le gustaba la sensación de meter la mano en los bolsillos a los habitantes de Uvilandia. Por eso hacía grandes esfuerzos por encontrar la manera de reducir los impuestos.

Hasta que un día tuvo la gran idea. Como única contribución para solventar los gastos del Estado, el rey pediría a cada uno de sus súbditos que una vez al año, en la época en que se envasaran los vinos, se acercaran a los jardines del palacio con una jarra de un litro del mejor vino de su cosecha y lo vaciaran en un gran tonel que se construiría para tal fin y en aquella fecha. De la venta de esos 15 mil litros de vino se obtendría el dinero necesario para el presupuesto de la corona, los gastos sanitarios y la educación de su pueblo. La noticia corrió por el reino a través de anuncios y carteles en las principales calles de la ciudad. La alegría de la gente fue indescriptible. En todas las casas se alabó al rey y se cantaron canciones en su honor. En todas las tabernas se alzaron las copas y se brindó por la salud y la larga vida del buen rey.

Llegó el día de la contribución. Durante toda la semana en barrios y mercados, en plazas y en iglesias, los habitantes se recordaban unos a otros no faltar a la cita. Desde temprano, empezaron a llegar de todo el reino las familias enteras de los viñateros con su jarra, en la mano del cabeza de familia. Uno por uno subía la larga escalera hasta el tope del enorme tonel real, vaciaban su jarra y bajaban por otra escalera al pie de la cual, el tesorero del reino colocaba un escudo con el sello del rey en la solapa de cada campesino.

A media tarde, cuando el último de los campesinos vació su jarra, se supo que nadie había faltado. El enorme barril estaba lleno. Del primero al último de los súbditos habían pasado a tiempo por los jardines y vaciado sus jarras.

El rey estaba orgulloso y satisfecho; al caer el sol, cuando el pueblo se reunió en la plaza frente al palacio, el rey salió a su balcón aclamado por su gente. Todos estaban felices. En una hermosa copa de cristal, herencia de sus ancestros, el rey mandó a buscar una muestra del vino recogido. Con la copa el en camino, el soberano les habló:

“Maravilloso pueblo de Uvilandia: tal como había imaginado, todos los habitantes del reino han acudido hoy al palacio. Quiero compartir con ustedes la alegría de la corona, al confirmar que la lealtad del pueblo con su rey es igual que la lealtad de su rey hacia su pueblo. Y no se me ocurre mejor homenaje que brindar por ustedes con la primera copa de este vino, que será sin dudas un néctar de dioses, la suma de las mejores uvas del mundo, elaboradas por las mejores manos del mundo y regadas con el mayor bien del reino, es decir, el amor del pueblo”. Todos lloraban y vitoreaban al rey.

Uno de los sirvientes acercó la copa al rey y este la levantó para brindar por el pueblo que aplaudía eufórico… pero la sorpresa detuvo su mano en el aire, al levantar el vaso el rey notó que el líquido que contenía era transparente e incoloro; lentamente lo acercó a su nariz, entrenada para percibir el aroma de los mejores vinos y confirmó que no tenía olor ninguno. Catador como era, llevó la copa a su boca y bebió un sorbo.

El vino no tenía sabor de vino ¡ni de ninguna otra cosa!

El rey mandó a buscar una segunda copa del vino del tonel, después otra y por último quiso tomar una muestra desde el borde superior. Pero no había caso, todo era igual: inodoro, incoloro e insípido.

Los alquimistas del reino fueron llamados con urgencia para analizar la composición del vino. La conclusión fue unánime: el tonel estaba lleno de agua, agua purísima. Cien por ciento agua.

El monarca mandó a reunir inmediatamente a todos los sabios y magos del reino, para que buscaran con urgencia una explicación a aquel misterio. ¿Qué conjuro, reacción química o hechizo había sucedido para que esa mezcla de vinos se transformara en agua?

El más anciano de los ministros del gobierno se acercó y le dijo al rey: ¿Milagro? ¿Conjuro? ¿Alquimia? Nada de eso, señor, nada de eso.

-No entiendo -dijo el rey. Explícame.

-Tomemos por caso a Juan, dijo el ministro. Juan tiene un enorme viñedo que abarca desde el monte hasta el río. Las uvas que cosecha son de las mejores cepas del reino y su vino es el primero en venderse y al mejor precio. Esta mañana, cuando se preparaba con su familia para bajar al pueblo, le pasó una idea por su cabeza… ¿Y si yo pusiera agua en lugar de vino, quien puede notar la diferencia? Una sola jarra de agua en quince mil litros de vino… nadie notaría la diferencia… ¡Nadie! Y nadie lo hubiera notado, salvo por un detalle, majestad, salvo por un detalle: ¡TODOS PENSARON E HICIERON LO MISMO!

Un sí engañoso es peor que un no.

(Canción)

Un no puede revertirse en un sí como el segundo hijo quien dijo no y después dijo sí.

Pensemos en los no que hemos dicho de palabra y obra a quienes amamos o nos han pedido un favor.

¿Cómo convertirlos en un sí? Reflexionamos, rezamos y manos a la obra. Una gran felicidad brotará en nuestra persona y en aquellos a quienes hemos negado nuestro servicio.

(Canción)

San Pablo en la Carta a los Filipenses, capítulo 2, versículos 1 al 11 nos invita al sí y nos recuerda el sí de Cristo.

(Canción)

Padrenuestro…

 Ave María…

(Canción)

La bendición del Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo descienda sobre ustedes, sus familias y permanezca para siempre. Amén.

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del cardenal y arzobispo de La Habana, Mons. Juan de la Caridad García.

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