Alocución, domingo 20 de septiembre de 2020

Por: S.E.R. cardenal Juan de la Caridad García Rodríguez

Gracias a todos los que hacen posible esta emisión radial hoy, domingo 20 de septiembre, domingo 25 del tiempo ordinario litúrgico.

En todas las iglesias católicas del mundo se lee este fragmento del evangelio según San Mateo, capítulo 20, versículos 1 al 6.

Dios lo regala todo. Nos ha regalado la naturaleza, la vida, la familia. ¿Qué ha hecho cada uno de nosotros para tener la vida, un papá, una mamá? ¿Qué hace cada uno de nosotros para que salga el sol, para que la semilla se convierta en mata y para que el corazón esté latiendo? Lo único que hacemos es conservar, cuidar, hacer crecer lo que Dios nos regala.

Para dar vida, el esposo y la esposa ponen amor, la vida la pone Dios.

Dios nos va regalando dones, a unos una inteligencia mayor, a otros las artes, a otros habilidades para los oficios, a otros sabiduría para trabajar.

Nos alegramos de las muchas bendiciones que Dios nos da y nos gozamos cuando vemos estos dones en nuestros hermanos. No sentimos envidia porque lo que tiene un hermano, es alegría para todos.

Todo lo que tenemos es recibido de Dios.

Le presentamos a Dios todo lo recibido de Él y le prometemos desarrollarlo y hacerlo crecer y ponerlo al servicio de todos desinteresadamente.

(Canción)

Dios nos ha regalado los años. Aprovéchalos que son una bendición.

Mayor es quien tiene mucha edad, viejo es quien perdió la jovialidad. La edad causa la degeneración de las células; la vejez produce el deterioro del espíritu.

Usted es mayor cuando se pregunta… ¿vale la pena? Usted es viejo cuando, sin pensar, responde que no.

Usted es mayor cuando sueña. Usted es viejo cuando apenas consigue dormir.

Usted es mayor cuando todavía aprende. Usted es viejo cuando ya no enseña.

Usted es mayor cuando consigue hacer ejercicios. Usted es viejo cuando la mayor parte de su tiempo lo pasa sentado o acostado.

Usted es mayor cuando el día que comienza es único. Es viejo cuando todos los días son iguales.

Usted es mayor cuando en su agenda tiene proyectos y obligaciones para cumplir mañana, pasado o la semana que viene. Es viejo cuando su agenda está en blanco y sólo vive pensando en los ayeres.

El mayor trata de renovarse cada día que comienza. El viejo se detiene a pensar que ese puede ser el último de sus días y se deprime. Porque mientras el mayor pone la vista en el horizonte, donde el sol sale e ilumina sus esperanzas, el viejo tiene cataratas que miran las sombras del ayer. En suma, el mayor puede tener la misma edad cronológica que el viejo, pero sus diferencias están en su espíritu o en su corazón.

¡Qué todos vivan una larga vida y nunca lleguen a ser “VIEJOS” y el que está viejo que aprenda a disfrutar como el “MAYOR” de cada minuto de su día!

(Canción)

La envidia es de las peores cosas que nos pueden pasar.

Había una vez una gaviota que estaba todo el día triste. La pobre gaviota sentía mucha envidia de todos los animales que le rodeaban.
La gaviota sentía envidia del caballo, porque podía correr muy rápido. Tanta envidia le daba que intentaba picarle siempre que podía.
La gaviota también sentía envidia del pez, porque podían explorar el fondo del río. Por eso, siempre que podía, intentaba picarle.
Otro animal que envidiaba la gaviota era al topo, porque conocía todo lo que pasaba dentro de la tierra. Así que cada vez que el topo asomaba la cabeza la gaviota intentaba picarle.
Un día el caballo, el pez y el topo se reunieron junto al río para tratar de buscar una solución. La gaviota se estaba convirtiendo en una auténtica molestia.
-Deberíamos hablar con la gaviota y hacerle ver que ella también tiene cosas buenas -dijo el caballo.
Al topo y al pez les pareció buena idea. Y así lo hicieron.
Cuando la gaviota intentó picar al caballo, este le dijo:
-¿Qué te he hecho yo para que me piques, gaviota?
-Correr muy rápido -dijo la gaviota-. Yo no puedo correr, y eso no me gusta.
-Pero puedes volar y llegar alto, más de lo que yo podría llegar de un salto -dijo el caballo-. A mí me gustaría poder volar también, y no por eso intento hacerte daño a ti solo porque tú sí puedes.
-¡Es verdad! -dijo la gaviota-. Gracias.
Al rato fue a picar al pez. Este asomó la cabeza y le preguntó:
-¿Qué te he hecho yo para que me piques, gaviota?
-Explorar el fondo del río -dijo la gaviota-. Yo no puedo hacerlo, y eso no me gusta.
-Pero puedes conocer los secretos de los árboles -dijo el pez-. Yo no puedo, y me gustaría. Pero no por eso te ataco.
-¡Es verdad! -dijo la gaviota-. Gracias.
Al rato la gaviota se fue a molestar al topo. Este le dijo:
-¿Qué te he hecho yo para que me piques, gaviota?
-Juegas con la tierra -dijo la gaviota-. Yo no puedo hacerlo, y eso no me gusta.
-Pero puedes ver todas maravillas que ilumina el sol -dijo el topo-. Yo no puedo, y no por eso quiero hacerte daño.
-¡Es verdad! -dijo la gaviota-. Gracias.
La gaviota aprendió que, aunque no pudiera hacer algunas cosas, poseía muchos dones de los que podía disfrutar. Y nunca más se preocupó de lo que no podía hacer. Desde entonces la gaviota disfruta de todo aquello que la naturaleza le ha regalado y no siente envidia de los otros animales que pueden hacer cosas que ella no puede hacer.

(Canción)

El próximo jueves 24 celebramos la fiesta de la Virgen de la Merced

La Virgen de la Merced, la Virgen del don, la Virgen del regalo, al realizar su misión de mamá de los presos, descendió del cielo y se hizo presente a Pedro Nolasco para que continuara su obra de ayudar a los cautivos, es decir, liberar presos y regresarlos al hogar. Así san Pedro Nolasco, san Raimundo de Peñafort y el rey Jaime de Aragón, fundaron en el siglo XIII la orden de Santa María de la Merced para la redención de cautivos. El hábito o vestido de estos servidores de presos era blanco. El color blanco indica bondad, limpieza, honradez, pureza, servicialidad.

¿Qué quiere la Virgen María de la Merced?

Los que se visten de blanco como la Virgen de la Merced, los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen como la Virgen de la Merced, enseñan al que no sabe, dan buen consejo al que lo necesita, corrigen al que se equivoca, perdonan al que los ofenden, consuelan al triste, sufren con paciencia los defectos del prójimo, rezan a Dios por los vivos y por los difuntos, visitan y cuidan enfermos, dan de comer al hambriento, dan de beber al sediento, acogen al peregrino, visten al desnudo, consuelan al preso, acompañan a los que van al cementerio a enterrar a sus difuntos.

(Canción)

Dios Padre, que creaste a las personas para que fueran buenas, perdónalas cuando sean malas y haz que sepan que Tú las quieres.

Jesucristo, que llevaste al paraíso al buen ladrón, envía padres, madres, amigos, sacerdotes, educadores, para que indiquen el buen camino a quienes se equivocaron.

Espíritu Santo, tú puedes lograr clemencia para los presos, justicia para los inocentes, reinserción en la familia, la Iglesia y la sociedad para quienes estuvieron en la cárcel.

Santa María de la Merced,

Dulce madre, no te alejes,

tu vista de mí no apartes,

ven conmigo a todas partes,

y solo nunca me dejes.

Y ya que me proteges tanto,

como verdadera Madre,

haz que me bendigan

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

A continuación ofrecemos íntegramente la alocución del cardenal y arzobispo de La Habana, Mons. Juan de la Caridad García.

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