La invitación es a caminar con Jesús

Por: Yarelis Rico Hernández

Con la lectura del evangelio según san Mateo, capítulo 14, versículos del 22 al 33, el cardenal y arzobispo de La Habana convidó a los fieles, en especial a las familias católicas, a continuar navegando en la barca que es la Iglesia y conservar la paz y la tranquilidad, aun en medio de la tempestad.

Puso en las manos de la Virgen María a todos los miembros de la familias en dificultades, a fin de que los cargue y los presente a Dios para su paz, su sanación y tranquilidad. De esta manera, dijo, “podamos vencer las dificultades juntos”.

Recordó que desde el inicio del cristianismo, la Iglesia navega con viento contrario, sacudida por el ensañamiento del mal, pero sigue navegando. “Jesús camina sobre el agua al lado de la barca de la Iglesia”, aseguró. Sin embargo, precisó, “en ocasiones la Iglesia ve más las olas y siente más el viento contrario”. Como antídoto, invitó a los fieles a caminar sobre las aguas con Jesús, pues con la confianza puesta en Él, el bien vence al mal; el perdón a la venganza; la generosidad al egoísmo; la verdad a la mentira.

Sobre la celebración de la santa misa, el obispo destacó que su importancia es tal, que nos debería parecer poco el tiempo que le dedicamos. “Llenos de la misa, llenos de la Palabra de Dios y de la eucaristía, caminamos sobre el agua y vencemos todos los mares”.

El arzobispo de La Habana aseguró que hoy la barca de nuestra familia navega sacudida por el viento contrario al amor. Ante esta realidad presentó a Jesucristo como el mejor compañero de camino, con Él de compañía, acotó, nada separará a los esposos; nada, ni el alcohol u otras drogas, dañará a los hijos y será una fiesta caminar al lado de los más viejos.

Al final de su alocución, pidió a los miembros de cada familia compartir un tiempo para conversar sobre las dificultades que han vencido unidos y el gozo que ha significado enfrentarlas y resolverlas en comunión, pues ellas les hacen crecer en el amor.

A continuación, ofrecemos íntegramente la alocución del cardenal y arzobispo de La Habana Juan de la Caridad García.

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