Alina Blanco, su fagot y el Ventus Habana

Por: Antonio Miguel Fontela Lamelas

Ensayo por la gala de los 15 años
Ensayo por la gala de los 15 años
Alina del Carmen Blanco Puentes
Alina del Carmen Blanco Puentes

Exactamente en el año 2010 escuché por primera vez al quinteto de cámara Ventus Habana en un concierto ofrecido en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís. Entonces ya tenía seis años de fundado. Aunque la ejecución de cada instrumento me pareció de elevada calidad, el que más atrajo mi atención fue el fagot.
Unos días más tarde encuentro a la agrupación amenizando el almuerzo en el portal-restaurante Santo Ángel, situado en la esquina de la Plaza Vieja donde confluyen las calles de Teniente Rey y San Ignacio. Despertó mi curiosidad que, no obstante la elegancia artística que mostraba el quinteto, su ejecución estaba dirigida a unos comensales poco interesados en los quilates melódicos que escuchaban.
Pasó el tiempo y en medio de los preparativos de la gala por su fundación, decido entrevistar a su directora, la máster Alina del Carmen Blanco Puentes, cuya agrupación no ha cesado de deleitar a conocedores e ignorantes durante quince años, con un repertorio de música culta internacional y popular cubana, la cual es su sello distintivo.

Alina, ¿cómo nace el quinteto?

“La idea de formar el grupo surge siendo aún estudiante del Instituto Superior de Arte. En aquel momento, varias compañeras y yo acordamos formar una agrupación femenina de viento para interpretar la denominada música culta una vez concluida la carrera. De este modo el Ventus Habana es fundado en enero del 2004 por jóvenes artistas recién graduadas, todas con Título de Oro.
”Inicialmente, la agrupación estaba compuesta por cuatro instrumentos: clarinete, oboe, flauta y fagot. Poco después se incorpora una cornista y así se conformó un quinteto clásico original con clarinete, oboe, flauta, corno y fagot, que es el formato actual de la agrupación.
”Su composición siempre ha sido femenina; no es común este tipo de formato en nuestro medio. Además de simplificar la comunicación entre sus miembros, un quinteto femenino llama más la atención que una agrupación mixta. Actualmente lo integran la flautista Lena Ross Cruz; Marlene Neira García (cofundadora), oboe; Susana Venereo Martín, corno; Maray Viyella Claussel, clarinete; y yo, que además de tocar el fagot, soy la representante, utilera, coordinadora y directora de la agrupación.
”Los elementos que se tienen en cuenta para seleccionar una nueva integrante son, en primer lugar, sus valores humanos, luego su educación formal y por último la calidad interpretativa, que es primordial. Fíjate que te he ordenado los requisitos de la elección en tres lugares, pero en realidad todos ocupan un único sitio. Si falta uno solo del trío, la aspirante es rechazada”.

En nuestro entorno el fagot no es un instrumento tan común como lo son el piano y la guitarra, por ese motivo llama la atención que te hayas dedicado a este instrumento musical. ¿Acaso vocación? ¿Cómo fue que decidiste estudiarlo?

“¡Nada de vocación! La vida me obligó. En realidad, yo quería ser bailarina, nunca pensé en un instrumento musical, pero era muy gorda. Cuando me encontraba en tercer grado mi mamá me llevó a la Escuela de Arte de Pinar del Río y la maestra de baile que me recibió, Mayda (no recuerdo su apellido), me dijo que debía adelgazar. Le prometí que iba a hacer dieta, pero reconozco que solo la hice el primer día y comprendí que no podía adaptarme a un régimen de alimentación tan riguroso”.

Entonces por un inconveniente puramente dietético llegas al fagot.

“¡Nada de eso! La historia es un poco más complicada. Nunca pensé dedicarme al fagot. Te aclaro que soy pinareña. Dio la casualidad que en los bajos de mi casa ensayaba el Coro Lírico de Pinar del Río (actual Coro Polifónico de Pinar del Río) porque ahí vivía una familia que cantaba en dicho grupo y el hijo de ese matrimonio, Frank Silva, se brindó como preparador, durante mis vacaciones, para presentarme al examen de ingreso en la escuela de arte. En ese momento yo tenía once años y cursaba el quinto grado.
”Me presenté por convocatoria libre, casi al final del período de exámenes. Fui aceptada y el único instrumento deficitario en ese momento era el fagot. Ya no había capacidad en los cursos de guitarra, clarinete o flauta, instrumentos que conocía y me gustaban. No me quedó más remedio que comenzar el estudio de uno que me era totalmente desconocido, pero me atrajo su nombre. Ni sabía cómo era. Sin embargo, ahora no lo cambiaría por ningún otro.
”Éramos cinco alumnas en ese primer año de estudios y estuve un mes sin manipular el instrumento, ni verlo siquiera. El profesor Jorge Alberto González, primero nos preparó en la cañita1 y el tudel2. Cuando por fin vi un fagot… confieso que no me gustó y empecé a llorar. Bueno, en verdad todas empezamos a llorar. No te rías, recuerda que tenía solo once años.
”Gracias a la maestría pedagógica del profesor Jorge Alberto, quien nos enseñó a identificar al fagot en el fondo musical de los muñequitos norteamericanos –Tom y Jerry por ejemplo– y rusos, comienza a gustarme el fagot. Tuve la suerte de tener un magnífico profesor.
”De allí pasé a la Escuela Nacional de Arte y me gradué en el año 1994. Continué estudios en el ISA donde concluí la carrera en el 2003. Por último, alcancé la maestría en el 2012”.

¿En estos quince años siempre lo has dirigido?

“Mis compañeras me eligen. Ellas me apoyan y no quieren que deje de hacerlo, aunque a veces me siento cansada de dirigir. Siempre se hace necesaria en cualquier agrupación una persona cohesionadora, que organice, planifique, coordine las presentaciones y dirija su funcionamiento, alguien que lleve la batuta y esa tarea no es fácil. Tienes que conocer la obra que interpretas y mi experiencia como primer fagot de la Sinfónica de Matanzas, dirigida por la maestra Elena Herrera, durante mi servicio social, me ha ayudado mucho en este desempeño. Además, tengo que lidiar con los problemas de cada una y con los míos.
”Cuando las cosas no me salen bien pienso que aún no estoy preparada. La vida de un artista tiene sus altas y sus bajas, como les pasa a todos, pero el público nada tiene que saber de tus inconvenientes personales. Nadie tiene la culpa de los problemas del artista. Cuando se equivoca, llora o sufre, nadie tiene que darse cuenta.
”Debo destacar que Ventus Habana ha sido una escuela para todas nosotras. También en el Santo Ángel hemos aprendido, sin lugar a dudas, a interpretar una música para la que no estábamos preparadas. En este lugar tocamos desde mayo del 2004 para personas con poco o ningún gusto por la música, pero la necesidad obliga. Fue difícil al principio, pero era imperioso hacerlo para ganarnos la vida. Los conciertos solos no alcanzan. ¡Hay que luchar!
”Con el tiempo que llevo en el restaurante he descubierto que este modo de trabajo te prepara físicamente porque tienes que permanecer de pie durante varias horas, te ayuda a memorizar y también te forma culturalmente porque debes interpretar música popular tradicional cubana, a pesar de no ser el estilo del quinteto, pero es lo que pide el turista y esta exigencia es novedosa para un conjunto con formato clásico. Un verdadero desafío. ¿Te imaginas el trabajo que nos dio lograrlo? Pero la música nuestra le da mucha alegría al conjunto. Hacer un bajo con fagot es muy difícil, solo con mucha práctica lo logré.
”Los elementos que avalan el desempeño del quinteto son que el reconocido director Iván del Prado, quien fuera director de la Orquesta de Ópera y Ballet del Gran Teatro de La Habana, cada vez que necesita viento llama al Ventus Habana, también el haber compartido escenarios con el Quinteto de Cámara de la Universidad de Alabama, con el ensamble de la Orquesta de la Ópera de Rouen Haute-Normandie de Francia, con el violinista norteamericano Erick Grossman, con el Schola Cantorum Coralina, con la Camerata Romeu y con la Orquesta de Cámara de La Habana, entre otros.
”En el ámbito religioso el Ventus Habana ha tocado en la catedral de La Habana con el organista Moisés Santiesteban, en la catedral de Matanzas, en el Cristo del Buen Viaje, en el Espíritu Santo y en San Francisco de Asís (durante el Mozart Habana), también en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, en el Centro Cultural Padre Félix Varela… Además, hemos brindado nuestro arte en Cáritas Habana y en Cáritas Cuba.
”Debo agregar que en el 2008 se estrenó la obra Sopra la Mónica francesa de música antigua, compuesta para fagot y órgano, donde fui solista con la maestra Ileana García, reconocida especialista en armonía, en la Iglesia Metodista de Luyanó. También fui solista en el estreno del Concierto en Do mayor para fagot y orquesta, de Franz Danzi con la orquesta de cámara Ensemble Solistas de La Habana en la Basílica Menor de San Francisco de Asís.
”Confieso que me siento reconocida por mi labor como profesora de nivel elemental y medio en la Escuela Nacional de Arte por los lauros obtenidos por mis alumnos en diversas presentaciones. Te aclaro que me encantan todos los alumnos, pero me gusta más el trabajo con aquellos que presentan deficiencias técnicas. En ese centro trabajo desde el año 2003”.

¿Apoyo institucional en estos quince años?

“¡Ninguno! Sin embargo, en los últimos meses hemos recibido cierto respaldo del Centro Nacional de Música de Concierto en cuanto a uniformes y promoción, lo cual aún resulta insuficiente. Para que tengas una idea del coste real de una presentación del quinteto, debo decirte que los trajes de gala cuestan 50 CUC y hasta los 80 CUC sube la reparación capital de cualquiera de los instrumentos. No hay ayuda en cuanto a muelles, zapatillas, lubricantes, etcétera”.

¿Planes?

“Muchísimos. En primer lugar, seguir superándome, continuar el trabajo como profesora en la ENA y, por supuesto, no dejar de amenizar los almuerzos del Santo Ángel… sopear, como se dice, aunque me gusta más la palabra amenizar. También en el 2020 vamos a grabar un disco con Bis Music de música cubana inédita para nuestro formato, porque es el sello del Ventus Habana, como ya te dije, y pienso hacerlo, además, con músicos invitados”.

¿Abandonarías lo que haces por emprender otra actividad mejor remunerada?

“No, no dejaría lo que hago por irme a probar suerte en otra actividad. Pero te confieso que como un completamiento espiritual me gustaría dedicarme a la protección de animales, me encantan, y si alguna vez dejara mi profesión por cualquier motivo, entonces me dedicaría a tiempo completo a esta actividad protectora incluso sin remuneración. Siento pena por el sufrimiento de los perros y gatos callejeros, así como por aquellos otros que no son bien tratados por sus dueños”.

Comienzan a ocuparse las mesas con turistas hambrientos… “Debo ir a trabajar”, me advierte Alina. Así concluye la entrevista.
Las muchachas recogen sus instrumentos y comienzan a interpretar la música que pide el visitante extranjero. Tengo deseos de continuar sentado y de almorzar escuchando la exquisita interpretación del grupo, pero no puedo darme ese gusto, aunque me hayan incrementado el salario de profesor universitario, aún es insuficiente para la carta de este sitio.
Abandono el establecimiento, atravieso la Plaza Vieja y a pesar de la distancia me persigue la música de altos quilates del quinteto Ventus Habana interpretada para unos comensales poco interesados en la melodía que los envuelve.
También cimbra en mi espíritu como un lamento la frase “¡Hay que luchar!”, de Alina. Ω

Notas
1 Cañita: es por donde el artista sopla, la confecciona el propio intérprete.
2 Tudel o bocal: es un conducto metálico de medio centímetro de diámetro que une a la cañita con el cuerpo del instrumento.

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