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Soc_4La felicidad no es una estación a la que
se llega, sino una manera de viajar…



En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la vida, la salud, el bienestar material y mental del  hombre son premisas fundamentales. La carencia de cualquiera de estos requisitos suprime, o por lo menos disminuye, esa condición genuinamente humana: el ser.

Una limitación física, mental, sensorial o motora que pudiendo ser rehabilitada, aliviada o curada, carezca de la ayuda necesaria para serlo, impide que el individuo pueda gozar a plenitud de su condición humana.

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Del 6 al 8 de junio se realizó en La Habana un taller sobre Lenguaje Digital, en el que participaron comunicadores de varias diócesis del occidente y centro de Cuba. El periodista y profesor universitario español, Dr. Javier Fariñas, quien además trabaja para el sistema informativo de Ayuda a la Iglesia Necesitada, animó el encuentro. Por la premura del tiempo, la necesidad de una conversación más pausada sobre uno de los temas abordados, “el uso de las redes sociales en la Evangelización”, vino a cuajarse por la vía del correo electrónico. Preguntas y respuestas corrieron igual suerte.

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Soc_1Creo que mi recuerdo más remoto es el de esa esquina que aun está en la calle D y el Camino de la Virgen del reparto El Modelo, en las afueras de Regla, donde hoy se encuentra el cabaret Arco iris.

Derruyeron allí una posada con el sugestivo nombre de La Isla de Chipre para empeñarse en erigir el cabaret con el fin de que funcionara una especie de Tropicana. Decidieron desaparecer la posada porque se había convertido en una alarmante zona de notables inmoralidades por parte de los concurrentes; y construyeron el cabaret que, desde sus comienzos, fue un manantial de ruido musicalizado que contagió de insomnio a los vecinos, donde las broncas casi siempre cerraban el espectáculo.

No sé qué fue peor: si la enfermedad o el remedio.

Pues en aquella esquina en cuya calle D crecí hasta la adolescencia, me veo sentado con una humilde ropita que mi madre me regaló con  motivo de mi cumpleaños. Y como no me hicieron fiesta, me fui a celebrar mis siete febreros a la esquina, o más bien con la esquina: la esquina y yo y una enorme tristeza, que es la impresión que creo hizo imperecedero ese recuerdo.

Esa esquina casi nunca estaba sola. A ella acudíamos los muchachos y adultos de la cuadra. Se iban unos y venían otros, como si reserváramos turnos para ocuparla.

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