Terror al silencio

Por: Alejo Carpentier

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Regresan a nuestras páginas las firmas de estos dos escritores cubanos, Alejo Carpentier y Héctor Zumbado. A pesar de las diferencias de estilos, y del tiempo en que fueron escritos, es muy sencillo percibir que todavía ambos textos tienen total vigencia. El ruido sigue siendo presencia constante en nuestra ciudad y, vistos los ejemplos, de hecho, empeora. Adquieren nuevo valor estas miradas, distantes entre sí (hasta benevolentes, incluso, ante un hoy que en algunos rubros las supera), cuando se enlazan en la validez que les propicia nuestro escandaloso presente. Ojalá aporten al menos un granito de arena en el ya imprescindible combate contra la mala educación que propicia tales indisciplinas sociales generadoras de bulla.

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Existe hoy una raza humana que no acierto a comprender: la de los que leen, estudian, se enteran del contenido de un libro, con un aparato de radio al lado, imponiendo a su espíritu el más absurdo desdoblamiento. Saltan de la letra impresa a la letra hablada, alternativamente, sin acabar de atender a ninguna de las dos. O reciben una visita con el receptor encendido. Son los mismos que, al ir a la playa, se hacen acompañar por el radio durante todo el camino. Y una vez a la orilla del mar, corren a la primera sinfonola, a la primera caja de hacer ruido, para oír los éxitos del día a través de las bocinas de los amplificadores. Poco les importa que alguien haya huido de la ciudad para hallar un poco de calma, de sosiego. Imponen sus mambos, sus guarachas, sus boleros,1 al litoral entero. Cuando ya los arrojan de los lugares públicos, por lo tardío de la hora, regresan a sus casas, se acuestan y fuman un cigarrillo más, leen algunas páginas de novela con el aparato de cabecera debidamente encendido, para captar las últimas emisiones de la noche. Y cuando estas terminan, todavía hay quien busca la sintonía de las emisoras extranjeras.
No creo que este aturdimiento perpetuo, ese desdoblamiento mental, ese terror al silencio, vayan a enriquecer mucho, espiritualmente, al hombre moderno. ¿O es que, por estar a solas consigo mismo, ese hombre tiene miedo de encontrarse?

30 abril de 1952.

Nota
1 Ojalá fuera así, don Alejo. Ahora imponen únicamente sus reggaetones. (Nota de la Reacción).

Tomado de Alejo Carpentier: Letra y Solfa. Variaciones (9), La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2004.

16 Comments

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