DIEZ PROPUESTAS PARA LA EDUCACIÓN EN EL SIGLO XXI

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educación en cuba

Una educación para el bien común y el desarrollo de las personas, abierta y pluralista, humanista y abierta a la globalización. Los contenidos y métodos de la educación del futuro son abiertos y se realizan en red. Sería obsoleta una educación doctrinaria, al servicio de una sola ideología, un partido político, una sola confesión religiosa… Sería obsoleta una educación con planes y programas únicos, de contenidos cerrados, con métodos repetitivos, consignas memorísticas y disciplina inflexible. Este principio se deriva de poner en el centro del sistema educativo a la persona y al bien común.
2. Una educación al servicio de las familias, ya que los padres son los primeros y principales educadores de sus hijos, mientras que las demás instancias educativas (escuelas, TIC, instituciones de educación no formal) colaboran con ellos. El aporte de la familia a la educación de los niños no se puede reemplazar. Por tanto, no se debe privar a los padres del derecho a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, lo cual implica una oferta abierta con diversas alternativas en la educación escolar y extraescolar. Según este principio, los Estados son garantes de la educación, como derecho universal, pero no son los únicos gestores de la misma. Esto permite empoderar y apoyar a las familias para que puedan elegir o crear instancias educativas intermedias colaboradoras de la familia y del Estado en su función docente.
3. Una educación que priorice el crecimiento personal y la identidad individual, que pueda enseñar a pensar y elegir, que eduque los sentimientos, la voluntad y la libertad de las personas. Plural para admitir diferentes ideas, creencias, filiaciones políticas y religiosas. No es suficiente garantizar la cobertura disminuyendo la calidad, ni priorizar la promoción escolar sobre el desarrollo personal. El desafío es llegar a todos, pero no de la misma forma; promover a todos, pero no al mismo tiempo; ayudar a todos, pero respetar al que no desee ser ayudado, y dejar caminar solo a quien no quiera compañía.
4. Una educación que garantice y priorice el crecimiento en los valores morales y cívicos. La educación no debería ignorar la importancia del matrimonio, de la familia y de otras instituciones intermedias necesarias para construir una sociedad armónica y desarrollada integralmente. La educación de la persona no puede limitarse a la instrucción, sino que es necesario educar a las personas para el respeto, el amor, la fidelidad, el trabajo, la convivencia, la política, etcétera. Por lo tanto, deberá prever una formación de valores y apreciativa que contemple la ética y la estética, el bien y la verdad, la belleza y la armonía, las relaciones interpersonales y la interioridad individual.
5. Una educación que priorice la vida, el amor y las relaciones sociales fraternales, que supere una visión competitiva, hedonista y consumista que rinde culto al materialismo. Este principio exige trabajar en conjunto con la familia para la educación sexual que no se limita a los aspectos fisiológicos, biológicos y reproductivos, sino que exige una referencia a la dimensión relacional de las personas, abierta al amor, a la responsabilidad, la libertad, la fidelidad, la vida, la felicidad y la complementariedad del ser humano.
6. Una educación que garantice la formación en la dimensión social y solidaria de la persona, que supone la colaboración, la honestidad, la verdad y la coherencia profesional para formar a los ciudadanos con valores éticos, no solo para la coexistencia con urbanidad, sino para la convivencia que permita construir con todos una sociedad y una nación donde todos sean reconocidos y valorados.
7. Una educación abierta a los cambios y promotora de los mismos. El mundo postmoderno es dinámico y es necesario prepararse para las transformaciones rápidas y profundas. Este dinamismo no se produce solo en las ciencias y la tecnología, sino en las nuevas generaciones que necesitan nuevos espacios. No basta educar para que los niños y jóvenes se inserten en la sociedad; es necesario educar para el cambio y la transformación social. Los cambios en el mundo actual son rápidos y sin lista de espera.
8. Una educación que promueva la ecología, el cuidado de la casa común, el respeto a la vida de las personas (durante todo su desarrollo), de los animales, de las plantas… Educación para la creación de ambientes humanos y sociales propicios para la vida digna y la sana convivencia.
9. Una educación en la que puedan intervenir, junto con el Estado, diversos y diferentes actores: padres, instituciones civiles, asociación de educadores, ambiente sociocultural, iniciativas particulares. Este principio de subsidiariedad supone que la educación no es monopolio exclusivo de nadie, por lo tanto, no puede ser paternalista ni autoritaria (porque genera dependencia y servilismo), sino que es liberadora y promotora de cambios. El modelo es la transformación de la sociedad real y no tanto la reproducción de una sociedad ideal según una ideología o sistema político. La educación siempre es un servicio público que debe redundar en el beneficio de los propios educandos y en el bien común de la sociedad.
10. Una educación cuyo objetivo final sería el bien de los educandos (ya sean niños o adultos), el desarrollo de su mente, voluntad, sentimiento, libertad, respon-sabilidad. Aprender a pensar, a hacer, a ser, a querer y a decidir. Habilidades para la convivencia y para la relación consigo mismo, con la naturaleza, con los demás y con la trascendencia. Entonces, las relaciones personales fraternas nos permitirán establecer una sociedad más justa, desarrollada, armoniosa y pacífica.

Décimas para una maestra amiga
Hno. Jesús Bayo M., FMS
Si no diriges escuela
en este siglo veintiuno,
conecta con cada uno
por la web que te interpela.
Aunque a muchos hoy les duela,
la educación ha cambiado.
Contenido acumulado
ya no sirve al estudiante,
porque es más interesante
estar en red conectado.
Compartir conocimiento,
crear en grupo la ciencia
y tener buena conciencia,
con razón y sentimiento…
Pues si no pones cimiento
en la verdad y el amor,
carecerá de color
esa educación bancaria
que se vuelve doctrinaria,
pero ha perdido valor.

Oración de la maestra
Gabriela Mistral, maestra y poetisa chilena

¡Señor! Tú, que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve el nombre de maestra, que Tú llevaste por la Tierra.
Dame el amor único de mi escuela; que ni la quemadura de la belleza sea capaz de robarle mi ternura de todos los instantes
Maestro, hazme perdurable el fervor y pasajero el desencanto. Arranca de mí este impuro deseo de justicia que aún me turba, la mezquina insinuación de protesta que sube de mí cuando me hieren. No me duela la incomprensión ni me entristezca el olvido de las alumnas y alumnos que enseñé.
Dame el ser más madre que las madres, para poder amar y defender como ellas lo que no es carne de mis carnes. Alcance a hacer de una de mis niñas mi verso perfecto y a dejarte en ella clavada mi más penetrante melodía, para cuando mis labios no canten más.
Muéstrame posible tu evangelio en mi tiempo, para que no renuncie a la batalla de cada día y de cada hora por él.
Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niños descalzos.

Hazme fuerte, aun en mi desvalimiento de mujer, y de mujer pobre; hazme despreciadora de todo poder que no sea puro, de toda presión que no sea la de tu voluntad ardiente sobre mi vida.

¡Amigo, acompáñame!, ¡sostenme! Muchas veces no tendré sino a Ti a mi lado. Cuando mi doctrina sea más casta y más quemante mi verdad, me quedaré sin los mundanos; pero Tú me oprimirás entonces contra tu corazón, el que supo harto de soledad y desamparo. Yo no buscaré sino en tu mirada la dulzura de las aprobaciones.

Dame sencillez y dame profundidad; líbrame de ser complicada o banal en mi lección cotidiana.

Dame el levantar los ojos de mi pecho con heridas al entrar cada mañana a mi escuela. Que no lleve a mi mesa de trabajo mis pequeños afanes materiales, mis mezquinos dolores de cada hora.

Aligérame la mano en el castigo y suavízamela más en la caricia. ¡Reprenda con dolor para saber que he corregido amando!

Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos.

Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más oro que las columnas y el oro de las escuelas ricas.

Y, por fin, recuérdame desde la palidez del lienzo de Velázquez, que enseñar y amar intensamente sobre la Tierra es llegar al último día con el lanzazo de Longinos de costado a costado.

 

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