Un Tornado de Fe

Por: Julio Pernús

El grupo de jóvenes de la parroquia La Asunción en Guanabacoa, junto a las Hermanas de la Compañía del Corazón de Jesús, ayudan en la recuperación en zonas afectadas tras el paso del tornado.
El grupo de jóvenes de la parroquia La Asunción en Guanabacoa, junto a las Hermanas de la Compañía del Corazón de Jesús, ayudan en la recuperación en zonas afectadas tras el paso del tornado.

 Sin hacer ruido, caminando como quien prefiere guardar silencio por respeto al dolor, así andaban las Hermanas de la Compañía del Corazón de Jesús por el reparto El Roble; uno de los barrios donde mayores estragos hizo el fatídico tornado del 27 de enero en Guanabacoa. Pero el halo de Dios, las hizo posar su mirada en el rostro de una señora que suspiraba tristeza; entonces, sabiendo que el amor es concreto, se acercaron a ella y le preguntaron, cómo podemos ayudar.

El grupo de jóvenes de la parroquia La Asunción en Guanabacoa, junto a las Hermanas de la Compañía del Corazón de Jesús, ayudan en la recuperación en zonas afectadas tras el paso del tornado.
El grupo de jóvenes de la parroquia La Asunción en Guanabacoa, junto a las Hermanas de la Compañía del Corazón de Jesús, ayudan en la recuperación en zonas afectadas tras el paso del tornado.

 Rosa que buscaba en medio de la pérdida alguna esperanza, les comunicó que necesitaba por lo menos montar un pedazo del techo de su casa, para guarecer de cualquier inclemencia del tiempo a su papá, un hombre postrado. Acto seguido de la petición, las religiosas contactaron a los miembros del grupo de jóvenes de la parroquia Asunción; y al otro día en la mañana, los muchachos prestos a darlo todo por el prójimo, le hicieron frente a una casa que ya nunca más será igual. Es importante destacar que en medio del esfuerzo reconstructivo, se hizo palpable el apoyo de Dios, ya que se sumaron a las labores, Ernesto, pastor de una Iglesia bautista de la zona y una guagua con jóvenes de una empresa de playa. Gracias a ellos, además del techo, se logró desplazar una gran cantidad de escombros hacia las afueras del hogar.

Por primera vez, muchos de los protagonistas de esta historia fueron partícipes de un tangible testimonio de amistad social. A Jaime uno de los hijos de la señora, nunca se le olvidará el fatídico día en que perdió la infraestructura de su hogar, pero tampoco borrará de su mente, ese tornado de Fe que le aportó una mínima esperanza a su reconstrucción.  

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