Desde el Seminario: Hombres de fe

por seminarista Rafael Cruz Dévora

Conocer a cristo
External view of the new Catholic Seminar of Saint Charles and Saint Ambrose in Havana, inaugurated on November 3, 2010. Cuban cardinal Jaime Ortega thanked Cuban former President Fidel Castro and Cuban President Raul Castro, for the state support for the construction of the first Catholic Seminar in Cuba. AFP PHOTO/ADALBERTO ROQUE (Photo credit should read ADALBERTO ROQUE/AFP/Getty Images)

A finales del pasado curso, dos de los hermanos de Teología IV, luego del recorrido formativo necesario para las sagradas órdenes, fueron consagrados sacerdotes de la Iglesia por la imposición de manos y la oración de sus respectivos obispos: en la diócesis de Pinar del Río, Yosvel Rodríguez Ordaz y en la S.I. Catedral de Matanzas, Orlando Cepero Rodríguez. A continuación presentamos el itinerario vocacional que siguieron estos dos jóvenes presbíteros, desde la primera llamada, hasta el deseado y soñado sacramento del orden sagrado.
El carismático padre Yosvel nació en la ciudad de Artemisa el 5 de agosto de 1990. Desde pequeño su familia lo adentró en los caminos de la fe. Una vez terminados los estudios preuniversitarios, luego de un proceso de acompañamiento espiritual y discernimiento, comenzó en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana. El testimonio de varios sacerdotes que conoció durante esos años confirmó su llamada y le impulsó al seguimiento sacerdotal de Cristo.
Siempre sonriente y dispuesto a brindar sus abundantes cualidades artísticas, nos hacía sonreír a todos con sus chistes, a la vez que deleitaba a los visitantes con su voz de locutor radial. Muchos lo recuerdan por las animaciones musicales y las cordiales bienvenidas con las que suele comenzar la jornada del día del Seminario. Para él, San Carlos ha sido una familia, un espacio propicio para compartir con Dios y con los hermanos y un verdadero camino de profundización en el misterio de Cristo. Actualmente se encuentra sirviendo en la diócesis pinareña, feliz de su ministerio bajo el lema sacerdotal: “Jesús mismo se acercó y caminó junto a ellos” (Lc 24.15).
El decimista padre Orlandito es un hombre sencillo y discreto que nació el 19 de junio de 1985 y conoció la fe cristiana al acercarse, siendo un adolescente, a la iglesia parroquial de Jovellanos. Acompañado por su sacerdote comenzó un proceso vocacional que le llevaría, terminada la carrera universitaria, a iniciarse en la formación que ofrece el Seminario.
Sus poemas adornaron por varios años jornadas celebrativas, sus conocimientos bibliotecológicos los ofreció a este importante espacio. Se le recuerda como fiel custodio de los jardines, haciendo gala de su título en Ingeniería agrónoma. Con especial talento para la papiroflexia decoró las noches navideñas del comedor e hizo brillar decenas de estrellas de papel sobre el pesebre. Para él, San Carlos es el Nazaret de su historia, el lugar del silencio y el recogimiento, un clima propicio para la preparación misionera a la que ahora, como sacerdote, Cristo le presenta. Hoy acompaña pastoralmente en su diócesis de Matanzas, confiando en la gracia del Señor y bajo el lema: “Me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia” (Gal 1.15).
Los presbíteros Yosvel y Orlando no han terminado el camino de la vocación cristiana, que alcanza su plenitud en el Cielo, pero sí han cerrado el ciclo de formación para la ordenación sacerdotal como se-minaristas. Para alcanzar la santidad se esfuerzan en perseverar “firmes en la fe” (Hb 4.14), “con los ojos fijos en Jesús” (Heb 12.2) para sembrar misericordia y esperanza en esta tierra cubana tan sedienta del agua que salta hasta la vida eterna (Cf. Jn 4.14).
El testimonio de cada uno de ellos anima a cada seminarista a permanecer en camino de formación, deseosos por la configuración con Cristo, sumo y eterno sacerdote. La diversidad de sus carismas nos demuestra cómo el Señor se complace con lo que podemos ofrecerle y nos estimula a crecer siempre en comunidad y en gracia. Sus penas y momentos difíciles en el Seminario nos muestran cómo a menudo crece la cizaña junto al trigo, pero el segador sabe separar a los que ha escogido para sí (Cf. Mt 13.30) y hace redundar todo para su bien (Cf. Rom 8.28) a fin de enseñarnos como a Cristo, su Hijo amado, a obedecer desde el sufrimiento.
Desde el Seminario se eleva la oración por ellos, encomendándolos al cuidado y la protección de la siempre Virgen y Madre María de la Caridad. Para que sean santos y buenos pastores como lo necesita la Iglesia en estos tiempos y como desde hace ya más de treinta años el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) ha pedido que fueran los presbíteros: “hombres movidos por los consejos evangélicos y de profunda vida interior; sacerdotes misioneros y creativos; cercanos al obispo, al presbiterio y al pueblo cristiano; sembradores de esperanza, dialogantes, discretos y sencillos”.1 Ω

Nota
1 Cf. Encuentro Nacional Eclesial Cubano. Documento final e instrucción pastoral de los obispos de Cuba, México D. F., 2005, p. 234.

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