Nuestra Señora de Monserrate: una trifulca que terminó en parroquia

Por José Ramón Pérez Expósito

Parroquia de Nuestra Señora de Monserrate

Parroquia de Nuestra Señora de MonserrateCorría el año de 1662 cuando los esposos don Gaspar Arteaga-Cristalino y Ureña y doña Magdalena de Corbera y Espinosa decidieron construir, en la zona de La Habana de entonces, que después se conocería como “de extramuros”, una sencilla ermita consagrada a Nuestra Señora de Monserrate. En 1746 su nieto obtuvo del rey Carlos III la merced de ser declarado, él y sus descendientes, patrono perpetuo de la mencionada ermita con la condición de trasladarla a mejor lugar y con una edificación de superior calidad, objetivo que logró su nieta y tercera patrona doña Bárbara Inés Rodríguez de Ortega y Sigler de Espinosa. En consecuencia, se construyó una ermita en 1775, de piedra y de mayor tamaño, en un terreno propiedad de la familia que se ubicaba dentro de la muralla, contiguo a la primera Puerta de Monserrate, en lo que hoy es la Plazuela de Albear, entre las actuales calles de Obispo, Bernaza, O’Reilly y Monserrate.

Llegada la década de 1830, La Habana, todavía circundada por el cinturón de la Muralla, tenía más de cien mil habitantes, con un creciente movimiento hacia extramuros. En esos años, la Muralla contaba con tres salidas hacia las nuevas urbanizaciones: la Puerta del Arsenal, la Puerta de Tierra –en la calle Muralla–, y la ya mencionada primera Puerta de Monserrate.

Así las cosas, don Miguel Tacón, gobernador y capitán general de la Isla desde 1834, quien pasó a nuestra historia, entre otros atributos, como eficaz impulsor de excelentes obras públicas, pero también, por razón de su experiencia como gobernante en América del Sur, tenaz antagonista de la aristocracia habanera, decidió en 1836 abrir una segunda Puerta de Monserrate, contigua a la que ya existía, hacia la calle de O’Reilly. Para ello alegó los embotellamientos y otros graves problemas de tráfico que se producían en la única puerta existente en el lugar. Pero, para lograr su propósito, el Gobernador se proponía demoler la Ermita de Monserrate, a la que describió como muy deteriorada, por lo que consideró que su derribo resultaba imprescindible para el funcionamiento vial de la nueva puerta. Es decir, la demolición era asunto de utilidad pública. Y ahí se armó Troya con la cuarta patrona perpetua de la mencionada ermita, doña Melchora Yánez y Gallegos, sobrina-nieta de doña Bárbara y su heredera. Por todos los medios a su alcance y haciendo valer sus derechos de Patronato, doña Melchora cuestionó denodadamente la necesidad de demoler y se negó de plano a que se llevase a cabo.

En atención a los fueros de la patrona, el Gobernador ofreció dedicar a la Virgen de Monserrate una nueva iglesia que se construiría en el barrio de extramuros de San Lázaro. De esta manera, serían atendidas las necesidades espirituales de la población de la zona, pues se transfería a dicha iglesia todos los derechos patrimoniales de doña Melchora, así como los atributos cultuales de la Ermita. Pero la señora no aceptó y reiteró su negativa de manera formal en varios momentos. Finalmente, Tacón, haciendo uso de sus facultades, ordenó el derribo de la Ermita el 13 de febrero de 1838. La reacción de la patrona no se hizo esperar y envió una fortísima queja a la que en ese momento era Reina Gobernadora de España Dña. María Cristina de Borbón.

El 16 de abril del propio año concluyó Tacón su mando en Cuba y dejó en su lugar a don Joaquín de Ezpeleta. El exgobernador fue sometido a Juicio de Residencia, cuya celebración era obligatoria para los altos funcionarios reales en ultramar que cesaban en su mandato. En este caso fue realizado por la Audiencia Territorial de Puerto Príncipe (hoy Camagüey). La queja de doña Melchora, junto con otras seis formuladas por el Ayuntamiento de La Habana y otros vecinos formaron parte del expediente de dicho juicio, del cual Tacón salió finalmente absuelto de cargos.
Con relación a la Ermita, el fallo del Tribunal aprobó la actuación de Tacón y confirmó la obligación del Gobierno de construir una nueva tan pronto como fuera posible; confirmó también los derechos de patronazgo de doña Melchora, obligándola, sin embargo, al pago de costas.

Para la edificación del nuevo templo se compraron dos parcelas, en junio y en julio de 1840, respectivamente, las que, juntas, conformaron el terreno enmarcado por las calles de Galiano, Concordia, San Nicolás y el Callejón del Tercer Conde de Cañongo, en el que finalmente se edificó la iglesia de planta rectangular que hoy conocemos. La nueva construcción resultó sencilla, de paredes de piedra y un techo de madera que ya perdió, como se verá después, con una torre-campanario de tres pisos y una pequeña plazoleta al frente que aún existe. Las obras se iniciaron el 17 de enero de 1841 y concluyeron el 5 de diciembre de 1843, a un costo de 31 525 pesos. La nueva iglesia fue inaugurada, con categoría de ermita y bajo la advocación de Nuestra Señora de Monserrate, como su demolida antecesora, en la mañana del 25 de diciembre de ese año. A ella se trasladaron las imágenes y vasos sagrados de la antigua ermita, que fueron conservados en el Convento de Santa Clara. Cerraba así, definitivamente, lo que durante algún tiempo fue enconada controversia. El 30 de septiembre de 1852 la ermita fue elevada a la categoría de parroquia de término.

Por real cédula de 10 de octubre de 1862, se creó en la parroquia la Primitiva, Real y Muy Ilustre Archicofradía de María Santísima de los Desamparados. Esta agrupación laica, de carácter devocional y caritativo, brilló con fuerza durante muchos años. Hoy es un recuerdo del que queda, como constancia, un bello altar de mármol en el que se venera la imagen de la Virgen de esa advocación y un panteón en la necrópolis de Colón.

La parroquia de Monserrate fue una iglesia de moda durante los últimos años del siglo xix y principios del xx. Entre otros muchos acontecimientos que en ella ocurrieron, cabe resaltar:

el bautizo de José Francisco Martí y Zayas Bazán, hijo de José Martí, el 6 de abril de 1879 (Libro 15to., Folio 585, Partida 1712);
los matrimonios de Carlos J. Finlay (16 de octubre de 1865), descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla, de Ignacio Cervantes (8 de diciembre de 1872) y de Hubert de Blanck (28 de junio de 1902), estos últimos glorias musicales de Cuba;
las defunciones de Eduardo Facciolo (28 de septiembre de 1852), Ramón Pintó (22 de marzo de 1855) y Francisco Estrampes (31 de marzo de 1855), patriotas ejecutados al garrote por las autoridades españolas;las defunciones de Mariano Martí (3 de febrero de 1887), padre del Apóstol, y de Miguel Aldama (16 de marzo de 1888), prócer de la gesta de 1868.

En mayo de 1929 se derrumba el techo de madera y se acomete una reparación general del templo que concluyó el 24 de noviembre de 1934. Otra durísima prueba ocurrió el 20 de septiembre de 1936 por la explosión de un coche-bomba dirigido contra el periódico El País, que tenía su sede frente a la iglesia, por la calle de Concordia, donde hoy existe un parqueo de autos. El coche, mal colocado, ocasionó considerables daños al templo.

El 2 de enero de 1935, se fundó el Colegio Parroquial, gratuito, dirigido por las Hijas de la Caridad. Ubicado en una casa en la calle Manrique núm. 68, garantizaba una excelente formación primaria, tanto académica como moral y religiosa, a cientos de niños de la zona. Se mantuvo funcionando hasta la supresión de las escuelas privadas en 1961.

En la parroquia sirvieron, durante sus primeros años sacerdotales, los presbíteros Evelio Díaz Cía, quien fuera obispo de Pinar del Río y, luego, arzobispo de La Habana, y Fernando Prego Casal, que fue obispo de Cienfuegos-Santa Clara y, finalmente, al producirse la división de la diócesis, obispo de Santa Clara. Durante varios años y ya emérito, fue su párroco Mons. Fernando Azcárate Freyre de Andrade, SJ, quien fuera obispo auxiliar de La Habana. Todos ellos ya fallecidos.

Por paradojas de la Providencia, con el devenir del tiempo, la ermita en disputa, convertida en parroquia, resultó finalmente enclavada en uno de los lugares más céntricos de La Habana. En estos momentos su edificio, junto al de la parroquia de San Judas y San Nicolás (construida hacia 1778) y el de la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Caridad (reconstruida en su actual configuración entre 1814 y 1839), son los más antiguos del municipio Centro Habana. En sus casi 175 años de existencia, la comunidad de Nuestra Señora de Monserrate ha prestado un servicio inapreciable y continuado, caritativo y evangelizador, al barrio, a la urbe y a la Iglesia habanera. Con su sobria y pétrea sencillez y su alto campanario, su templo continúa siendo un testigo visible de la presencia salvadora de Cristo en medio del fárrago creciente de nuestra querida ciudad. Ω

 

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