Protección y bienestar animal, una asignatura impostergable

Por: Jesús Arencibia Lorenzo

Movimiento animalista cubano
Movimiento animalista cubano

Son las dos de la tarde y el sol, casi literalmente, quema la piel. No se avistan ómnibus en el horizonte y la parada está repleta. Los cocheros aprovechan y los atribulados aspirantes a pasajeros agradecen. Con cierta matazón suben los primeros, después más, y más, y más, y “yo me quedo ahí mismo, chochero”, “bueno, dale, dale, pero apúrense, mi gente, que si me coge la ‘fiana’”… y al final montan catorce en un coche para diez. Y el caballo, chorreando sudor de las orejas a los cascos, quizá sin haber comido, casi desde la arrancada comienza a recibir cuerazos y golpes: “¡Cabaallooo, camina condena’o, que te voy a partir el lomo!”…

El tipo era de esos que hablaba poco: trabajaba en un taller, arreglaba lo que tocaba por el plan y “luchaba” sus piezas “pa’ ir tirando por fuera, tú sabes”… Pero cuando la conversación era sobre matar gatos, ahí sí se le soltaba la lengua. Desde aquella vez que un minino hambriento le robó una posta de pollo, su afición era envenenarlos. Disfrutaba cuando los que deambulaban por el barrio llegaban a su patio. Ahí los “enamoraba” con algún pedacito de carne o algo parecido y después gozaba verlos retorciéndose o hinchados y hediondos –ya muertos–, en alguna esquina. “Conmigo sí que no comen esos descara’os”.

Sus padres le han enseñado poco. Pero eso sí, cosas de impacto. Defensa personal: “Si se meten contigo les das, y no quiero llanticos, que tú eres un macho, ¡un macho!”. Conquista de mujeres: “A ver, cuéntale ahí a to’l mundo cuántas jebitas tú tienes. Díselo, díselo, ¿y qué tú le hace’ a las jebitas? Sí, sí, con el machete”. Indiferencia a los regaños: “¿Quién te regañó? ¿La vecina? Bahhh, a esa vieja tú le dices que se vaya pal’… A ti na’ má’ te podemos regañar nosotros, que pa’ eso somos tus ‘puros’”. Por eso nadie se extrañó cuando al nene lo empezaron a entrenar en su más reciente juego: cazar camaleones y ranas y descuartizarlos vivos. Deleitarse en ver cómo los animalitos intentan escapar mientras les va amputando extremidades… “Qué gracioso, el niño”…

Podría continuar recreando escenas y vivencias como estas; pero para botón de muestra es suficiente. La aprobación de una ley que proteja y garantice el bienestar de los animales; de un instrumento jurídico que al menos pueda esgrimirse contra el continuado, múltiple e impune maltrato a estas criaturas constituye una de las asignaturas que la sociedad cubana no debería seguir postergando.
En el proceso de debate popular previo al referendo que ratificó en febrero último la nueva Constitución de la República, muchas fueron las voces que se alzaron para solicitar que se incluyera un artículo específico sobre el tema, semilla de una legislación futura.1 La Comisión Redactora y los parlamentarios hicieron oídos sordos. En la Carta Magna que nos rigió de 1976 a 2019 y en la que regirá a partir de este año, el asunto quedó reducido –vagamente– al deber ciudadano de proteger “la fauna”.
Dicho término, “como está enunciado en una y otra Constitución, ha sido interpretado como especies protegidas, aves endémicas o moluscos exóticos, por ejemplo. Los perros callejeros, gatos abandonados y caballos sometidos a la violencia de sus amos, entre tantos, no encuentran ningún amparo legal en las normas jurídicas de la Isla”, razona el periodista y protector Carlos Alejandro Rodríguez Martínez.2
Y ya que hablamos de felinos y canes abandonados, las colonias de estos que pululan en las ciudades del país constituyen una de las aristas espinosas del complejo asunto. Muchos ciudadanos los rechazan y solo ven en ellos un peligro potencial como vectores de enfermedades. Los protectores, de forma individual o al amparo de agrupaciones que han ido surgiendo en el país a contrapelo del reconocimiento oficial,3 se afanan en alimentarlos, sanarlos e incluirlos en campañas masivas de vacunación y esterilización, las cuales muchas veces costean de sus propios bolsillos o con la ayuda de organizaciones no gubernamentales y filántropos independientes.
Como sucede en otros tantos aspectos y procesos de la vida nacional, el Estado ha demostrado ser insuficiente e inoperante para solucionar esta situación; pero no aprueba ni viabiliza que personas u organizaciones alternativas la intenten resolver por su cuenta.
Ante la sobrepoblación perruna y gatuna en La Habana, el director del Instituto Provincial de Veterinaria, Manuel Nicot, afirmaba al reportero Hitchman Powell Escalona que la provincia no tiene una red de instituciones que asuma la desparasitación, vacunación y esterilización de estos, pues solamente se cuenta con “una clínica y veintinueve consultorios que atiendan animales, de los cuales en solo dos (Picota y Carlos III) se ofrecen servicios de cirugía y urgencia”. Sin embargo, el propio directivo, al ser preguntado por las campañas o acciones independientes en este sentido, recalcó que se trataba de procederes ilegales, pues los veterinarios lucran por cada intervención quirúrgica (alrededor de cinco pesos cubanos convertibles, CUC) y el mayor volumen de los medicamentos que utilizan se obtiene “desviado de centros hospitalarios pertenecientes al Ministerio de Salud Pública, lo cual es y debe ser sancionable”.4
El día a día de amantes de los animales evidencia, por otra parte, que tampoco existe un suministro y venta de fármacos para ellos, estable y legal, por lo cual se debe recurrir, en la mayoría de los casos, al comercio de bolsa negra.
Y en cuanto a los veterinarios (técnicos y licenciados de la especialidad), su cuantía es insuficiente; los recursos con que trabajan son escasos y desfasados respecto a la ciencia actual, y los salarios que devengan –estatalmente– por su servicio, muy inferiores a lo necesario para cubrir los requerimientos mínimos de cualquier familia en el país. Los problemas de estos profesionales arrancan desde su propia formación curricular, en la cual, si bien reciben una adecuada preparación teórica, resulta mínimo su entrenamiento práctico. Deben formarse como “galenos” del reino animal, casi sin ver pacientes.5
El problema en su totalidad, complejo como es, está atravesado por matrices culturales, económicas, sociológicas y requiere por tanto enfoques integrales… ¿Qué decir de las vallas de gallos –legales y furtivas– donde se echan a pelear y morir, cada día, a estos bellos plumíferos? ¿O de los perros de pelea, que se entrenan como máquinas de matar y matarse (recordemos los magistrales fotogramas de Conducta)? ¿Qué pensar de los sacrificios de aves, chivos, etc. en función de prácticas religiosas o diversos credos? ¿Cómo reaccionar ante el trabajo –necesario, pero a veces insensiblemente asumido– de una entidad como Zoonosis? ¿Y ante la captura y venta clandestinas (y casi siempre impunes) de especies de la fauna silvestre del país (azulejos, canarios, negritos, cotorras…), en la que tantas veces terminan muertos por procedimientos inescrupulosos varios de los ejemplares traficados?
Da para muchas reflexiones el tema, y, sobre todo, para urgentes acciones. Y si la enrevesada madeja estatal-gubernamental-oficial-burocrática no se mueve, la población lo ha hecho y hará por su cuenta. Ese fue el sentir que primó en la marcha “Cuba contra el maltrato animal”, efectuada el pasado 7 de abril desde el parque de El Quijote hasta la necrópolis de Colón, en El Vedado habanero. Convocados y articulados espontáneamente por las redes sociales, más de quinientas personas, de diversas provincias, se agruparon, portaron sus carteles en demanda de una Ley de Protección y exigieron que se les oyera.
Las autoridades del municipio Plaza de la Revolución, luego de haber aprobado la caminata, intentaron abortarla o, al menos, rebajar sus dimensiones; pero ya la señal estaba en el aire, y muchos oídos sensibles se hicieron eco.6 El trovador Silvio Rodríguez fue uno de ellos. “Lamentablemente en algunos aspectos aún somos un homo al que le falta el sapiens. Sin embargo en otros, al parecer, adelantamos, pues se dice que se está trabajando en una Ley de Bienestar Animal. Bien hecho, si es así”,7 escribió el reconocido cantautor en su blog Segunda Cita, la víspera de la movilización.
Si en verdad “se está trabajando” en esa dirección, las manifestaciones concretas de las autoridades en torno a la causa animalista no parecen ser muy congruentes con dicho trabajo, pues varios días después de la marcha habanera el joven estudiante de Derecho de Villa Clara Javier Larrea –quien dirige el proyecto universitario BIENAC (Bienestar Animal en Cuba)–, solicitó formalmente permiso para otra caminata contra el maltrato animal y, luego de un intenso peloteo, le fue negado por el gobierno de Santa Clara. Argumento: “por no ser de interés para el territorio”.8
Mientras, por encima de las idas y vueltas, tensiones y presiones de los humanos en la Antilla Mayor, los animales continúan dando muestras de lo buenos compañeros que son para asumir con nosotros el tránsito de la vida. La fidelidad en los ojos de un perro, la mansedumbre vigilante de un gato, la fuerza paciente de un buey y el canto inspirado de un sinsonte, entre muchos misterios, seguirán alentando a luchar por ellos. Ω

Notas
1 Países como Chile, Guatemala, Nicaragua, Colombia, Italia, Reino Unido, Canadá, Estados Unidos y Turquía, entre otros, cuentan con legislaciones al respecto. Algunos como España y México poseen normativas a nivel de estados o provincias, refiere la periodista Laíz Concepción Romero en su texto: “Un artículo, una ley, muchas voces”, publicado en la revista cubana sobre animales El Arca núm. 21, Oct/2018, pp. 17-22. El autor es editor de dicha publicación digital alternativa. Varios de los textos publicados allí hasta abril de 2019 han sido consultados para la elaboración de este artículo.
2 “¿Quién los protegerá?”, en El Arca, núm. 24, Ene/2019, pp. 26 y 27.
3 La única oficialmente registrada por el Estado es la Asociación Cubana de Protección a Animales y Plantas (Aniplant), pero también otras como Cubanos en Defensa de los Animales (CEDA) o Protección de Animales de la Ciudad (PAC) han desarrollado durante años una encomiable labor en bien de estos seres sensibles.
4 Véase al respecto el reportaje: “Esterilización: ¿solución o problema?”, de Hitchman Powell Escalona, El Arca, núm. 22, Nov/2018, pp. 9-13.
5 Puede consultarse sobre este particular la serie de Karlienys C. Padilla: “Formación y práctica veterinarias (1 y 2)”: “¿Médicos sin ver pacientes?”, El Arca, núm. 23, Dic/2018, pp. 8-13; y “La cuenta no da”, El Arca, núm. 26, Mar/2019, pp. 20-24.
6 Véase: “Y la marcha se hizo”, de Hitchman Powell Escalona, El Arca, núm. 27, Abr/2019, pp. 10-15.
7 Recuperado de https://segundacita.blogspot.com/2019/04/cubacontraelmaltratoanimal.html.
8 “Prohíben en Santa Clara una marcha independiente contra el maltrato animal”. Recuperado de https://adncuba.com/noticias-de-cuba/prohiben-en-santa-clara-una-marcha-independiente-contra-el-maltrato-animal.

2 Comments

  1. Como periodista, protectora y madre —no por última menos importante— me preocupa lo que está sucediendo con los pequeños de Cuba.
    La escasa sensibilidad humana que algunos padres transmiten a sus hijos está siendo signada por un desprecio casi absoluto para con la naturaleza.
    Torturar lagartijas es meramente la punta del iceberg.
    Buen artículo!!

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