Seis días después

Por: Lázaro Numa

Las actividades religiosas de la parroquia de Jesús del Monte no se han detenido.
Las actividades religiosas de la parroquia de Jesús del Monte no se han detenido.

Sería injusto y falto de toda sinceridad si no comenzara estas líneas reconociendo la labor de quienes se enfrascaron, día y noche, para  devolver los servicios básicos y limpiar de escombros la zona del Consejo Popular Jesús del Monte, en el municipio 10 de octubre, severamente afectada por el paso del tornado del día veintisiete de enero. Allí se encuentra enclavada la casi destruida parroquia de El Buen Pastor de Jesús del Monte. Mención especial también para médicos y personal de salud que no han descansado, siempre atentos a cualquier necesidad.

A pesar de que algunos han intentado aprovechar el dolor humano y convertirlo en un show mediático, esa no ha sido la generalidad. Un mar de pueblo se ha hecho presente a ofrecer su corazón y ha compartido con los damnificados lo que ha podido, con profundo amor y solidaridad franca.

Las personas han acudido a Jesús del Monte a tender su mano franca a los damnificados por el tornado.

 La parroquia se ha convertido en un verdadero hervidero. Nadie se ha amilanado por la adversidad. En el pequeño salón del claustro ya funciona una improvisada capilla donde se celebra misa y continuó el curso catequético. En Jesús del Monte no se ha detenido la atención espiritual y evangelizadora.

Incontables son los donativos que llegan constantemente, ropa, calzados, alimentos y medicinas. Todo se reparte  equitativamente y de manera organizada a la comunidad afectada. Sin busca de protagonismo, ni con la intensión de suplantar roles, la parroquia cumple con su misión de ayudar al necesitado, algo que los vecinos agradecen. Fueron precisamente ellos los que limpiaron de escombros la zona exterior del templo.

Los que no llegan a traer algo, ayudan en lo que sea necesario, nadie se mantiene estático porque  se sabe que hay personas que esperan, muchas lo perdieron todo y hay que llevarles algo de alimento, ropa o aliento. Es importante que sientan que hay personas como ellos a su lado.

La ayuda a la comunidad afectada es la primera prioridad, no se pregunta quién eres, ni de dónde vienes, solo se atiende al que llega necesitado.

Como tantas veces en su larga historia, la iglesia de El Buen Pastor de Jesús del Monte  ha tenido que enfrentarse a las adversidades que la naturaleza le ha impuesto, pero siempre ha estado  junto a su comunidad. Esta vez está encabezada por una congregación pequeña de frailes mercedarios, muy jóvenes, que no han descansado un segundo. Tampoco ha faltado la ayuda de otras comunidades religiosas, que de manera espontánea, se han articulado para estar presentes y colaborar en lo que sea necesario.

No ha sido preciso convocar a otras comunidades religiosas, ellas solas se han hecho presentes en Jesús del Monte.

Un vecino de la zona, al notar mi presencia cámara en mano, se me aproximó y me dijo: “Periodista –algo que no soy–, cuando escriba diga que hoy esta iglesia está haciendo mucho por nosotros, pero  en cuanto tengamos el primer respiro la volveremos a levantar”. Le pregunté por qué me decía. Me respondió tajante: “Porque ella también es nuestra”. No me dijo nada más, siguió camino con sus cajitas de comida en la mano, pero sentí que ese hombre de barrio, sencillo y diáfano, me había acabado de dar una clase magistral de agradecimiento. Ω

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