Premio entrevista 2017-Lo sagrado del deporte

Por Jorge Cristóbal Ríos Anaya

Erick Hernández-Palabra Nueva

(…) Indiscutiblemente que estamos en presencia de un virtuoso, de un sujeto que marca la diferencia con la mayoría, un individuo que comienza su accionar torturante y necesita sobrepasar la curva del martirio hasta lograr su propósito: establecer un récord que el mundo no puede. Por eso, estos virtuosos son tan singulares y llenan de asombro a los mortales. Hay quien preguntaba, “¿cómo este sujeto puede sobreponerse a tanta soledad durante casi un día de fatiga con una noche de por medio?”. Y alguien respondió: “cuando se ejecuta un récord, siempre se realiza en compañía de un equipo técnico que nunca abandona al recordista, y además lo anima constantemente”. Con esto sucede algo parecido a cuando fallece una madre. La velamos en una funeraria todo un día con una noche de por medio, acompañados de múltiples familiares que no nos abandonan hasta el minuto del entierro, que a cada segundo nos alientan, que nos tratan de convencer de que ese martirio es transitorio. Sin embargo, interiormente, quedamos muy solos, hundidos en las profundidades de nuestros pensamientos todo ese día por la falta de aquel ser, aferrados a un único propósito: “necesitamos sobrevivir, rebasando el sufrimiento y la soledad”. Ahora bien, ¿qué une a Erick Hernández con el resto de los virtuosos del mundo? Para saber eso fue necesario rastrear la Internet. El objetivo era, tal vez, hallar cifras matemáticas, algunas estadísticas que me llevaran a ciertas conclusiones sobre estos grupos. Pero en el decurso de la propia búsqueda, el tema torció el rumbo y desembocó en conceptos abstractos y etéreos como “perseverancia, autodisciplina, voluntad”, y otros tantos, propios de la conducta y el espíritu. En fin, sin proponérmelo estuve inmerso y cercado por tratados sobre “creencias religiosas y espiritualidad”. Entonces deduzco que las cualidades de estos virtuosos tienen obligatoriamente que ver con el “espíritu”, ¿y por qué no? también con “religión”. Además, pienso que la energía positiva o negativa interviene de mil maneras en nuestro estado de ánimo, “intervienen, sutilmente, llevando la vida del corazón y el cerebro a los miembros”, decían los antiguos fisiólogos, y eso es… “espíritu”, según especifica el diccionario Pequeño Larousse Ilustrado en su página 432, sin embargo, ello se orienta para “mal” o para “bien”, con movimientos y evoluciones de algún tipo de gimnasia. Pero, el espíritu identifica la religión, y la gimnasia, al deporte… en definitiva: ¿guardan relación el deporte y la religión?

Erick Hernández“Sí. Invariablemente –explica el padre Ariel Suárez Jáuregui, sacerdote de la parroquia de Los Pinos1 en el municipio Arroyo Naranjo, de La Habana–, gracias a Dios, está relacionado el deporte con la religión. No por lo concreto: la técnica, los ejercicios físicos, etc., sino al accionar sobre la mente, elevando muchos valores espirituales y mentales. Aunque cuando Dios está con uno, no hace falta el deporte para evitar el tormento de los pensamientos.

”Para evitar la tristeza, para evitar la depresión, recuerdo ahora a un psiquiatra amigo, devoto de nuestra iglesia, cuando me decía: ‘Padre Ariel, conozco de muchas frustraciones, tristezas y estados depresivos por dificultades extremas, calamidades insoportables que llevaron a tantos pacientes, a quienes recomendé hacer deporte, al suicidio. Sin embargo, por estadística, es tan difícil que uno de nuestros católicos practicantes se quite la vida, ¿por qué, padre?’… La esperanza religiosa es un refugio mental, hijo mío. Visto así, el mundo es abierto y oprime menos”.

El padre Ariel habla tan bajo, que la suave brisa al impactar un sonajero oculto en aquel aposento donde tiene el despacho, situado delante de su sencilla pieza dormitorio, pareciera musicalmente, parte de la liturgia, ordenada para apoyar cada frase de su elocuente análisis. Mientras, le oímos absortos, como si, espontáneamente, no dejara margen a otra cosa… Estamos ante una especie de mago de la abstracción.

“Mira, los griegos, los geniales griegos, con su arte, su filosofía, desarrollaron eventos deportivos, a partir de celebraciones y alegorías al dios Dionisio… las memorables dionisíacas. Fue un pueblo que cultivó el deporte. Y el deporte, para ellos, constituyó desde la filosofía, una solución: mens sana en corpore sano. Ya en la cultura latina, muchos deportes de combate vieron su origen en las costumbres funerarias etruscas y, de alguna manera, formaron parte de cultos religiosos, quizás para rendir tributo e inmolar a los prisioneros sobre la propia tumba del héroe muerto en la guerra. Todo lo anterior refleja un vínculo entre deporte y religión, que, como ves, es algo histórico”.

Padre Ariel, igual al relato de este libro, nuestra conversación parte de la siguiente premisa: Erick Hernández domina un balón de fútbol. O sea, lo sostiene ininterrumpidamente, como haciendo malabares, golpeándolo con la cabeza, muslos y pies, durante casi un día. Por tal proeza ha sido reconocido Campeón Mundial en esta modalidad sui generis, y recordista Guinnes. Pero lo que más vale, padre, el mundo lo ignora: sobreponerse a tanto dolor y agobio mientras realiza el récord… ¿Cuál es la naturaleza de estas personas, padre?

“Escuchaba todo tu comentario introductorio, hijo mío, sobre este atleta, y a pesar de no estar preparado lo suficiente para el tema, me salta a la mente… un libro de Victor Frankl, fundador de la Tercera Escuela Vienesa de Psicología… El hombre en busca de sentido, se titula. Este psiquiatra austriaco estuvo en un campo de concentración, cuando la ocupación nazi a su país, el de Auschwitz, si mal no recuerdo. Allí se dedicó a observar y a estudiar el comportamiento de sus compañeros. Un campo de concentración es una metáfora de un martirio prolongado. Y como es lógico, te reducen a no ser persona. Te ultrajan. Te vapulean. Mancillan tus derechos más elementales. Mal comer, mal dormir. Tu única esperanza es la muerte. En fin, es el martirio extremo, cuyo único camino es sufrir atrozmente. El doctor Frankl veía cómo mucha gente al entrar en ese sufrimiento no asumido se tiraba a morir. Pensaba que era una cuestión de capacidad física. Sin embargo, descubrió, tarde o temprano, que quienes lograron soportar aquello, tenían un gran motivo para vivir: conocer a una hija recién nacida; un científico que debía concluir un trabajo con aportes beneficiosos para la humanidad. Tenían un gran sentido para vivir, una motivación espiritual. Y entonces entró a desarrollar su tesis ‘El hombre que tiene un gran por qué es capaz de soportar muchos cómo’. Evidentemente, hay una interrelación, pues el hombre es una unidad psicosomática… [Pausa corta] Cuando el Papa Juan Pablo II programó el viaje a Cuba, su equipo médico de la Santa Sede, en adelanto vino a confrontar con el personal médico cubano que lo apoyaría durante el recorrido del Sumo Pontífice por la Isla. Entonces, el ortopédico del Papa en Roma presentó un resumen clínico con incontables patologías y padecimientos para un ser de edad tan avanzada. Y otro terapéutico, pero bien sencillo. Así, la parte médica cubana, asombrada, hizo la misma pregunta, que tú hoy me haces a mí: ¿cómo? ¿Cuál es la naturaleza de esta persona? Ante eso, el ortopédico italiano explicó nada más: ‘La particularidad radica en ser el Papa… un espíritu que arrastra un cuerpo’… ¿comprendes?”.

Padre Ariel, de un modo u otro, Erick queda contenido perfectamente en todo su discurso. Aun así, cabe considerarlo… ¿virtuoso?

“Eso que tú llamas virtuosismo es mucho más universal… y no tan único: una madre con un hijo alcohólico, que al paso de tanto tiempo, aguanta, y siempre perdona; una esposa perdonando una y mil veces las faltas reiteradas de su marido para no ver a sus hijos crecer sin padre. No obstante, en el sentido más tradicional del verbo, Erick es un virtuoso. Ahora bien: la palabra virtud toma para los cristianos una connotación ético-moral. Nosotros la definimos mediante hábitos operativos buenos… Si yo un día me emborraché, es un mal acto. Pero si habitualmente lo hago es un vicio. Si usted dice la verdad un día, es un acto bueno. Si la dice todos los días, usted lo hace habitualmente. Usted tiene la virtud de ser honesto. La virtud es algo globalmente considerado, y no es solo la etimología de la palabra. Se necesita alimentar la motivación. La motivación de amar siempre es lo que hace virtuoso a un ser humano”.

El padre Ariel junta sus manos. Mira fijamente a un punto en el piso. De pronto: levanta la mirada y vuelve: “Es como cuando alguien observa la Cruz de Cristo y siente mucha pasión. No es por ser masoquista sino por la sobriedad del amor que Dios da al mundo al morir por nosotros. La Cruz es el modo de decir: el amor vence a la muerte. Por eso la cruz está en lo alto de las iglesias. Contrario, pero muy contrario a pretender demostrar con ello  algo sobresaliente ni distintivo en extremo. Si Erick no le da toques al balón, nadie más lo hará como él. El heroísmo del amor es lo único que se pide… La fe cristiana nos enseña que el heroísmo no está en hacer grandes cosas, sino en convertir a grandes las pequeñas cosas de todos los días, por el amor puesto sobre ellas”.

¿Cómo puede saber, padre Ariel, desde ahora, el fin de la carrera de Erick y su influencia en los demás?, me pregunto. Pero sin confusión, ni ambages, muestra esa intuición con una franca y apacible sonrisa.

“En la realidad concreta: los récords que Erick viene haciendo, y hasta que culmine, no todos los seres, creo, estamos llamados a hacerlos. Eso de él es irrepetible. Con los santos pasa igual. Vivieron en un contexto histórico-social específico ¿Qué me toca a mí o a ti?… No se nos pide eso para imitar a Jesús. Sí, su confianza. Sí, su amor. Sí, su redención. Solo los valores que él encarna. No hay que pedirle a nadie sostener un balón por tanto tiempo como Erick. Sin embargo, en el sentido de la perseverancia, sí. Dios tiene una vocación única para cada ser humano. Ahora bien: llegar a un resultado requiere de esfuerzo. De tal manera, que si cada ser humano no respondiera, algo le faltaría al mundo. Precisamente, lo que unifica a todos estos virtuosos, diría… es la perseverancia. La modestia, tal vez podamos no encontrarla en todos, dadas a esas propias dotes naturales que les hacen sobresalir entre la mayoría. Voluntariosos, tampoco lo son todos, pues vemos a algunos ejecutando sus maniobras con relativa facilidad. Sin embargo, todos sí tienen que ser perseverantes, pues, a la inversa, se pierde el hábito. Se pierde la capacidad. Se pierde la virtud…”.

Hace clic con la vista en algo revelador y…

“Conozco una monjita española que asiste a viejitos en el Asilo de Santovenia. Ella radica en Cuba desde 1957. Tiene ochenta y tantos años. Y con esa edad, la vemos siempre dedicada a los mismos menesteres del primer día: bañando viejitos, limpiando sábanas sucias de excrementos de ancianos, dándoles la comida en la boca a quienes ya no pueden sostenerla, consolando a otros… –Ay madre, ¿cómo ha logrado todo esto? –le pregunté–. –Con perseverancia –respondió–. –¿Es usted feliz? –Muy feliz, hijo mío. Inmensamente feliz. Si no lo fuera, ¿cree usted que hubiera dedicado mi vida a este asilo, como lo he hecho? Buscando la verdad entre la verdad (igual que san Agustín), entre el sufrimiento, entre la tristeza, entre el martirio, así conocí un día a Dios. Y desde entonces, lo conozco todos los días. Esa entrega es mi única ofrenda. Tengo paz en mi interior por hacer el bien a tantos seres que me necesitan. Así soy feliz, qué más puedo merecer… –me decía la monjita de Santovenia, mirándome a los ojos”.

Padre Ariel, al igual que la monjita, quien de seguro, hace bastante tiempo, debió renunciar al arraigo de aquella España originaria, al amor desgarrador de la mamá, el papá, o quizás, hermanos, y por qué no al sublime amor del novio, para romper un récord de humanidad, sobrepasando todo tormento… y más, con su única vida por estandarte, ¿qué hace a tantos virtuosos enamorarse de la consagración?…

Tocan a la puerta. El Padre va a ver quién llama. Abre la puerta… y le indican: “Su próxima cita confirmada para las cuatro de la tarde, ya espera en la pequeña antesala”…

“Te auguro, hijo mío, que… la respuesta a esa interrogante la hallarás indagando sobre Mahatma Gandhi”, me contestó mientras bajaba a la posición de sentado sobre el sillón negro que ocupaba… “igual dentro del islamismo, budismo, hinduismo o en el taoísmo, como me han aconsejado otras fuentes…” “Efectivamente. Y te auguro que al final vas a ver como hay puntos comunes en el ser humano. Eso prueba que la sabiduría humana constituye un común universal. Más allá de razas, culturas e idiosincrasias. Además, lo único que existe es un sustrato común, de racionalidad universal. Quedando probado, hijo mío, que el ser humano es… único para fundamentar la moral y el derecho. Y esto es el Hombre y los Derechos Humanos”.

Padre, precisamente por ello fundamentó Martí “Patria es humanidad”, ¿no cree? “Exacto”…

Mucho gusto, padre Ariel. (…)

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