Palabras de despedida del Nuncio Giorgio Lingua

Por: Nuncio Apostólico de Su Santidad en Cuba

Nuncio-Giorgio Lingua
Nuncio-Giorgio Lingua

El 10 de septiembre, hace 37 años, todavía no era sacerdote, toqué a la puerta de San Pedro, pero no quiso abrirme. Había tenido un gran accidente automovilístico y San Pedro me envió de regreso, no sin antes darme una fuerte lección que me quedó profundamente grabada en mi corazón.

¿Cuál fue esta lección? Cuando, después del shock del accidente, recuperé la conciencia, reconociendo al sacerdote, mi profesor, que me administraba el sacramento de los enfermos, sentí fuertes dolores debido a las diversas fracturas y heridas que tenía por todo mi cuerpo, pero experimenté una angustia aún más intensa en el alma: era la conciencia de que podría haber muerto sin haber tenido tiempo de agradecerle a mi mamá por todo lo que había hecho por mí e incluso sin el perdón de mi padre (ese día, antes de tomar el automóvil, me había peleado con él y me fui sin siquiera decir adiós).

Claramente advertí que lo más importante es dejar esta tierra en paz con todos y con gratitud. Pero esto, me he dado cuenta como diplomático que siempre está de un lugar a otro, se aplica a cada partida y cada despedida. Eso es lo que quiero hacer ahora, agradecer y disculparme.

Ciertamente no puedo enumerar a todas las personas a las que debería pedir perdón, habría una larga lista de aquellas que, de una forma u otra, he ofendido, descuidado, tratado mal, a quienes he juzgado o no he considerado con el debido cuidado; ni me sería posible agradecer uno por uno a todos los que me ayudaron, colaboraron conmigo, oraron por mí o me dieron un admirable ejemplo de dedicación a la Iglesia o al país.

Por lo tanto, sin mencionar a nadie en particular, pido perdón desde el fondo de mi corazón a cada uno y agradezco a todos, confiando a Nuestra Señora, la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, cuya fiesta acabamos de celebrar, mis buenas intenciones. Ella sabe a qué me refiero y a quién dirigir mis disculpas y mis agradecimientos.

Entonces me puedo ir sereno. Cuba ciertamente permanecerá en mi corazón, en mis oraciones y en mi afecto.

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