¿Qué buscas? Su majestad el chisme

Por Paulinos en Cuba

Paulinos en Cuba
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Dos Estados independientes y populosos se declararon la guerra: el Estado de la Ebriedad y el Estado del Chisme. Los dos pretendían tener el primado en desastres provocados. Discutieron acaloradamente y exhibieron, cada uno, las pruebas de las desgracias ocasionadas. La Ebriedad presentó una lista impresionante de males que había causado a lo largo de la historia: envilecimiento de un sinnúmero de personas; decisiones tomadas a lo loco; incontables muertes prematuras; infinidad de hogares destruidos; crímenes cometidos a granel y hechos de violencia inimaginables.
Estaba la Ebriedad muy ufana con su repertorio de desgracias provocadas, cuando el Chisme hizo ver, no una lista, sino un cargamento de gruesos libros donde estaban registrados los daños que había causado a través de los siglos: las muertes que había provocado eran innumerables, como las causadas por la Ebriedad, con el agravante de haber matado previamente la buena fama de esas mismas personas. Se jactaba el Chisme de haber batido todos los records en la destrucción de matrimonios y de familias enteras; en la persecución despiadada a personas inocentes; en la introducción de la intriga en muchas corporaciones, hasta llevarlas a la ruina; en la destitución de sus legítimos puestos aplicada a personas beneméritas; en el derrocamiento de mandatarios honestos y en la preparación de lodo para arrojarlo sobre dirigentes civiles y religiosos intachables. Las hojas de aquellos registros daban vuelta en rápida sucesión mostrando las infamias que el Chisme presumía como hazañas.
No contento con su arrogante exhibición, el Chisme llamó a su lado, como para afianzar su victoria, a sus principales aliados. Llegó primero la Envidia, con un vestido verde con franjas negras. Se presentó después la Calumnia, que aseguró ser hija legítima del competidor. Casi pisándole los talones, llegó la Fantasía Corrompida, de lentes y con una pluma en la mano, dándose aires de novelista. Con cara de cansada, llegó la Ociosidad, reclamando un reconocimiento por ser ella quien preparaba el terreno para la siembra del Chisme. Con el garbo de una dama en pasarela, hizo acto de presencia la Murmuración, que resultó ser hermana menor del personaje. Algo sofocadas por la carrera, aparecieron la Ambición y la Insidia, la Indiscreción y la Hipocresía, la Cobardía y el Soborno.
Un gran sapo que hacía de juez en aquella contienda, abrió su boca desmesurada para dar el fallo: “No hacen falta más argumentos ni testigos. La victoria de este señor es contundente”.
Fue así como el Chisme fue coronado rey del desastre.
La Ebriedad, mientras tanto, se había quedado dormida bajo los efectos del alcohol.
Cabe añadir que el Chisme, empavonado por el triunfo, estableció relaciones con casi todos los Estados del mundo. En unos cuantos donde no tiene embajada, opera igualmente, valiéndose de la Insidia y del periodismo vendido.

Un sabio alerta contra el chisme
Varios libros de la Biblia están clasificados como “sapienciales”, por la sabiduría que encierran. Uno de esos libros es conocido como Eclesiástico; también se le da el nombre de Sirácide, aludiendo a Ben Sirá, su autor. Su redacción se remonta al siglo ii antes de nuestra era, pero el ideal de vida que propone tiene valores permanentes. Esto que cito nos lo enseña en el capítulo 19:

“No repitas jamás lo que has oído, no perderás nada con eso. / No se lo digas a nadie, sea amigo o enemigo, y a no ser que por callar cometas una culpa, no lo reveles. / Te escucharían, pero se pondrían en guardia contra ti y, llegado el momento, te odiarían. / ¿Has oído algo? Que eso muera contigo, no tengas miedo, que no por eso vas a reventar. / Solo el necio sufre cuando guarda un secreto […].
”Aclara las cosas con tu amigo, a lo mejor no hizo nada de lo que se le atribuye; y si lo hizo, que sirva para que no lo vuelva a hacer. / Aclara las cosas con tu prójimo, a lo mejor no dijo nada de lo que se afirma; y si lo dijo, que sea para que no lo repita. / Aclara las cosas con tu amigo, pues a menudo se calumnia, y no debes fiarte de todo lo que se dice. / Se puede cometer un desliz sin querer, ¿y quién no ha fallado alguna vez con su lengua? / Aclara las cosas con tu prójimo antes de amenazarlo; después, deja que intervenga la Ley del Altísimo” (Eclesiastés 19, 7-11, 13-17).

En otro de los libros de la Biblia leemos: “El chismoso hiere como una espada; en cambio, la lengua de los sabios es medicina” (Proverbios 12, 18).

También el Papa Francisco
nos pone en guardia
El 12 de mayo de 2016, durante la misa en la capilla de la Casa Santa Marta, en el Vaticano, el Papa Francisco habló de la unidad que Cristo desea para los creyentes. Aludió a la grave culpa de aquellos que, con el chisme, siembran cizaña y destruyen la unidad, ocasionando odios y rivalidades. Dijo que “el chisme es como embarrar al otro. El que chismea embarra, y de ese modo destruye”. “La lengua –recalcó– es capaz de destruir una familia, una comunidad, una sociedad; es capaz de sembrar odio y guerras”. “Muchos chismes”, puntualizó el Papa, se dan “por envidia, por celos y también por cerrazón”.

Un test mínimo para detectar chismosos
¿Quieres saber si eres chismoso? Fíjate en estas notas y pegúntate si las tienes:
el chismoso no admite serlo; asegura que los chismosos son los demás;
el chismoso trasmite de ordinario cosas negativas; a las positivas, cuando las menciona, suele ponerles un pero que echa por tierra el mérito; “Lástima que…”;
no es raro que el chismoso comience sus intervenciones con palabras semejantes a estas: “No me gusta el chisme, pero supe…”;
las fuentes del chismoso por lo general no son objetivas sino anónimas y vagas; “Dicen”, “Oí…”, “Me lo contaron, pero no puedo decirte quién…”;
cuando un chismoso se entera de algo notorio y verificable, sea positivo o negativo, no resiste veinticuatro horas sin buscar a quién decírselo;
el chismoso se introduce hábilmente en los espacios donde no debería entrar y en los círculos de conversación donde no lo llaman. Ω

El consejo que da Jesucristo es breve y contundente: “Que tu palabra sea ‘sí’ cuando es sí y ‘no’ cuando es no. Todo lo que se dice de más viene del Maligno” (Mt 5, 37).

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