Mitología cubana (Fragmentos)

Por: Samuel Feijóo

De nuestra fantasía mítica, traemos la voz autorizada de uno de sus más notorios investigadores. De ese libro mayor de Samuel Feijóo, Mitología cubana, donde se recopilan innumerables historias, ofrecemos algunas de sus reflexiones y un par de ejemplos de mitos cubanos.

En la mitología caribeña Cuba alcanza un lugar cimero, bien sea por la imaginación de sus hijos, por su fabulación poética, su fantasía exagerada, la superstición auxiliada por la imaginación del indio nuestro, del criollo de español o de africano, o del cubano ya en su plena definición etnológica y su cultura desarrollada que inventa mitos, a veces de excesiva fantasía peligrosa.
Nuestra mitología cuenta con una de las más originales de América, a veces dominada por el humor, a veces por una fantasía artística profunda y por una superstición nociva.
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Surgiendo de la imaginación popular, de sus anhelos y sueños tantas veces, y aun de la superstición y el miedo, los mitos revelan una de las mayores fuerzas de la creación folklórica mundial. Fuentes son los mitos poderosamente originales y simbólicos. Aun bajo los miedos supersticiosos las dotes creadoras son estimuladas por los sentidos alarmados. Cuando el mito es bello, es arte.
Por lo demás, leyendas, mitos, fantasías, son los valiosísimos documentos orales del pueblo, que indican y precisan los variados estratos culturales a los especialistas generales. El folklore, a más de su fuerza creativa, es también claro aviso de las distintas formaciones y deformaciones de las culturas populares.
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La Gritona de La Yaya
(Mito recogido por Samuel Feijóo)
Cuentan los vecinos de la zona del Escambray que en un lugar llamado La Yaya, vivía una mujer que tenía dos niñas, pero en la guerra las mataron y como las niñas estaban sin bautizar, ella salía todas las noches en el paso del río gritando. Esto ocurrió durante muchos años, hasta que un día vino un señor que al oír los gritos preguntó a la mujer qué le pasaba. Ella le contestó que quería bautizar a sus hijas. Él se bajó del caballo y en las aguas del río hizo la ceremonia y nunca más volvió a salir La Gritona de La Yaya.
(Informante: María Machado. Ranchuelo, Villaclara).
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La Llorona de El Roble
En la finca El Roble sale una mujer vestíe blanco, llorando y dando grito con un niño en los brazos que grita también. A muchísima gente se le ha aparecío y muchísima gente tiene mieo de vivir ahí en la finca esa. ¡Uh, sí esa llorona es famosa!
(César Martínez, 49 años. Campesino. Santa Clara).

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Jinete en la calle
A mi casa venía a menudo de visita una señora como de setenta años que me contó que una noche, encontrándose en un mortuorio en la calle de Maceo sintió por la calle el trote de un caballo. Entonces pensó que era la pareja de guardias que en aquel tiempo custodiaba las calles, y se asomó a la puerta de la casa para verla y lo
que vio fue un jinete que no tenía cabeza. Del susto cayó al suelo desmayada.
(Informante: Juana Hernández. Barrio Carmen, Santa Clara).

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El majá lactante
(Mito recogido por Adalberto Suárez)
Cuando el marido de mi tía, hermana de mi padre, entró a la casa al regreso de su trabajo y entró al cuarto donde se encontraba su mujer recién parida, vio un majá lactándose de los pechos de ésta. Él se asustó, y como le tenía miedo al majá se echó a correr. Fue para casa del suegro a buscar ayuda. Y cuando regresó a la casa ya su suegra había espantado al majá. Dicen que los majases cuando sienten el olor de la leche de las mujeres paridas, velan que estén dormidas para chuparles la leche, y para que el niño no se despierte le ponen la punta del rabo en la boca y así no llora, porque se cree que está mamando. Según dicen, el majá bajea a la mujer y la adormila. Esto me lo contó mi papá y que eso es verdad porque esos casos se han dado mucho. En algunos bohíos se le deja leche al majá en una vasija debajo de la cama. Ω
(Informante: Juan Hernández Águila. Manacal).

Tomado de Samuel Feijóo: Mitología Cubana (Selecciones), edición digital, Cubaliteraria, sobre la edición de Letras Cubanas, La Habana, 2007.

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