Johana Simón colores cantados

Por: Antonio López Sánchez

Johana Simón

Conversar con la soprano Johana Simón es una experiencia muy agradable. Escucharla cantar, un enorme placer. En el diálogo es una muchacha sonriente, intranquila, de palabra fácil y risa fresca, muy segura de sus verdades, logros y sueños. En el escenario, de pronto se desdobla, lo mismo hecha luz en una hermosa plegaria divina y acariciante, que frunce las tormentas en su frente y se entrega en un rudo, y a la vez adolorido, llamado a la guerra.
Dos de sus varios proyectos musicales motivaron esta entrevista. Por supuesto, no podía faltar la visión sobre el bell canto en nuestro país, y los avatares y recompensas espirituales que padecen o ganan los artistas cubanos. Como bien me decía mi entrevistada, el escenario es un mundo fantástico, pero, aquí abajo, incluso las sopranos también tienen problemas familiares, asuntos comunes y urgentes que resolver y una vida, con alegrías y penas, como la de cualquier otro mortal.
Sin embargo, y su alma femenina y llena de música siempre ayudaba, al final la conversación regresaba nuevamente al sublime universo de las voces líricas. Desde tales historias, trágicas o felices, bajo el amparo de sus acordes, es posible olvidar un poco, y hasta sobrellevar y combatir, las circunstancias diarias. Por suerte, en la escena y en lo sensible, y sin costo alguno, es posible habitar también esas realidades. Una entrevista puede entonces navegar cargada de arpegios, leyendas y versos.
Aquí están algunos de los trazos del retrato de Johana Simón. Si lo prefiere, más que leerlos, escuche sonar sus colores.
¿Cómo descubriste que eras soprano?
“Mi familia siempre tuvo mucha atracción por el ballet clásico. Yo estuve en ballet, desde muy niña, hasta los doce años, cuando ya no resistí más. Por entonces, me encerraba en el baño y cantaba, pero nadie me hacía caso. La primera voz lírica que yo escuché fue la de mi tío, que estudió con Zoila Gálvez, no es un improvisado, y tiene una voz de barítono preciosa, muy dulce, muy aterciopelada. Cuando almorzaba en mi casa, y eso era de lunes a viernes, terminaba de comer y, parece que ‘con barriga llena y corazón contento’, se ponía a cantar. Él cantaba en esas tertulias la música tradicional cubana, todo el repertorio de Ernesto Lecuona, aquellos temas que hacía Esther Borja, en fin… Esas son mis primeras referencias.
”Básicamente, empecé muy tarde a estudiar canto, a los diecisiete años. Mientras estudiaba en la Alianza Francesa me embullaron a participar en la Chanson Francaise, un concurso que hacen allí. Hice una canción dificilísima de Nana Mouskouri, una cantante griega estupenda, de una voz que no llega a ser lírica, pero es increíble, y aunque no pasó nada, pues solo llegué a la segunda ronda, descubrí que eso me gustaba muchísimo.
”Para no hacer el cuento muy largo. Todo eso me incentivó a encontrar un camino. Después de probar en algunos lugares, terminé estudiando con el profesor Ricardo Linares. Esa fue la persona que me enseñó a amar esta carrera. Después de dos años de estar allí le propuse hacer un concierto. Yo necesitaba saber si podía aguantar subir al escenario, enfrentar al público, toda esa presión. La maestra Pura Ortiz tuvo la amabilidad de acompañarme. Me respaldé mucho también en un gran amigo, nuestro primer contratenor graduado en el ISA, que es Ubail Zamora. Hicimos el concierto y ese fue el comienzo de Johana Simón, en 1999. Ahí me di cuenta de que ese era mi camino. Después de esa actuación sentí una euforia, una sensación que no he tenido nunca más, terminé con una alegría increíble. En ese momento yo era Dios en la tierra”.

Hay un trabajo tuyo del que quiero hablar. Tienes montado un concierto donde interpretas solo Avemarías. Me gustaría que me contaras de ese proyecto, pero antes quiero saber si eres una mujer de fe. ¿Desde el escenario, además de toda la técnica, te acuerdas de cantarle a Dios?
“Estoy bautizada, de hecho, me bauticé ya de adulta y sí me considero una persona de fe. Mira, ahora mismo, estuve en Trinidad y fui varias veces a misa porque el padre de allí, un señor muy mayor, español, creo que se llama Cirilo, me gustó mucho como oficia. Ir a misa depende a veces mucho de los padres que ofician. Porque, si vas a ir a aburrirte, aunque la palabra de Dios nunca es aburrida, justo porque es la palabra de Dios, entonces mejor no hacerlo

Johana Simón
Johana Simón

”Por otro lado, sí, me acuerdo también de cantarle a Dios. En este momento de mi carrera ya la técnica está bastante incorporada. Además, no es que no te preocupes por ella, en algunas obras te preocupas un poquito más por algunos detalles, por condiciones que impuso el compositor, pero si estás en el escenario y todo es preocupación, entonces no estás entregando lo mejor y no lo disfrutas. Esa no es la idea. Intento llegar al escenario lo más segura y tranquila posible porque eso también forma parte del disfrute. Cuando eso me pase, cuando me preocupe demasiado, creo que dejaré de cantar.
”Ese concierto de Avemarías es muy difícil, sobre todo porque las personas no tienen idea de cuántas Avemarías existen. La selección se complica mucho a la hora de escoger un determinado número y que a la vez sea interesante y variado para el público. Además, necesitaba subrayar la arista de que yo también canto ópera. Yo canto ópera, gracias a Dios, y también a Wagner y a Verdi que tuvieron la cortesía de escribir plegarias a la Virgen, en dos óperas. Las incluyo porque en ese punto la voz toma una proyección diferente. Entre los autores escogidos están Luigi Cherubini, entra Richard Wagner, con otra óptica, en alemán. Luego Giusepe Verdi, otra variación, pero en italiano, y Gabriel Fauré, en latín. A partir de ahí hay un segmento con autores cubanos. Eso forma parte de otra idea que estoy trabajando. Quisiera poder hacer un concierto solo con Avemarías o plegarias de compositores cubanos. En eso estoy, porque muchas veces aparecen cantidad de obras en los catálogos, pero ninguna partitura. Sin la música escrita, es imposible. Sería muy bueno grabar un disco, una antología, con, no sé, treinta Avemarías o algo así, de todos los autores y tiempos”.

Háblame del acompañamiento con un formato tan poco usual como Kronos.
“Es un trío con un formato de cañas, o sea, tiene un oboe, un clarinete y un fagot, y lo dirige Analiet Presno. Lo mejor es que ya tenemos juntas un camino medio andado con el repertorio. Es un formato con el que estoy trabajando bastante y me satisface el resultado. De hecho, mira si la realidad influye, hay hasta cuestiones prácticas con eso. Es más fácil transportar un instrumento de viento madera que un piano. En algunos lugares, sobre todo si no hay audio, ese sonido es mucho más potente, incluso que un piano, sin mencionar que no siempre hay piano en todas partes. Ahora, hablando en términos absolutamente musicales, me gusta mucho la sonoridad que proporciona ese formato. Las muchachas son muy competentes y me agrada el modo de entender la música y de adaptarse que ellas poseen”.

Hay otro proyecto tuyo que me interesa mucho abordar, pero, a propósito de realidades, ¿cómo es ser artista del bell canto en Cuba?
“Es muy difícil, porque en primer lugar las cosas no funcionan. Todos sabemos que aquí ningún trabajo se paga realmente. Imagina entonces todo lo que conlleva un concierto, que es la expresión más elemental para mostrar lo que haces. Hay que contratar, como mínimo, a un pianista. A un profesional no le puedo decir que lo haga por amistad, porque si lo hace por amistad, entonces no come. Hay que pagarle, porque el pianista vive de eso. De modo que me tienen que pagar a mí para yo poder entonces pagar a los músicos que utilizo. Hay que hacer la impresión de las copias necesarias de las partituras, para los ensayos. Hay que cuidar el vestuario, cuenta ahí zapatos, vestidos, accesorios, trajes, corbatas, la ornamentación que eso pueda llevar… Todo eso cuesta mucho, mucho dinero. Porque, además, cuando te paras en un escenario, a cantar esta música, dejas de ser humano, eres como algo salido de otro lugar y el público necesita ver algo hermoso, distinto. Suma ahí también la burocracia a la hora de pagar, los impuestos, en fin, hay unos mecanismos diabólicos. Si relacionas lo que se paga por actuar con todo lo que cuesta organizarlo, en dinero y en ánimo, es incoherente por completo”.

Hablemos entonces de tu disco de habaneras.
“La idea original fue de mi maestro repertorista, Raúl Iglesias, que desdichadamente ya no está entre nosotros. La intención era reunir el material de varias habaneras líricas para hacer un concierto. Después, con el tiempo, yo seguí buscando y buscando y al final apareció un número amplísimo de canciones que era muy interesante para grabar. De hecho, el disco es un álbum triple y tiene grabadas cuarenta y dos habaneras.
”Un primer registro es dedicado por completo a Eduardo Sánchez de Fuentes, con dieciséis temas. Por cierto, que eso me da hasta algo de rabia, porque todavía me han aparecido algunas a última hora y que espero grabar alguna vez, porque lo merecen. Además, la música que no se graba no existe. El otro disco se hizo con las habaneras de ultramar, son más o menos una decena. Ahí está, por supuesto, Georges Bizet, hay obras de Pauline Viardot-García, de Manuel Penella… Claro que incluye La paloma, de Sebastian Iradier, con ese arreglo que dicen que plagió Bizet para hacer Carmen. En fin, se me olvida alguno, pero es una selección de lo más importante que ha sonado por ahí. Una de esas habaneras está hecha a dos voces, donde canté conmigo misma, un poco para evocar y hacer homenaje al famoso disco de Esther Borja.1
”El tercer álbum es de autores cubanos, son unos catorce o quince temas, y ahí está desde La perla hasta Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona, José Marín Varona, Félix Guerrero, Arturo Bonachea, en fin…
”El disco se hizo con un pequeño sello de la Oficina del Historiador de la Ciudad que se llama La Ceiba. Se grabó en el año 2013 y por diversas razones no pudo ser publicado hasta ahora. Gracias a Eusebio Leal, a quien considero una persona de honor, porque honra sus compromisos, lo tenemos ahí guardado como un tesoro, para incluirlo en todas las actividades por el Quinto Centenario de la Ciudad. Eusebio Leal, a quien agradezco mucho toda su ayuda, es uno de los grandes responsables de que ese disco exista. Además, esa fecha coincide también con mi vigésimo aniversario de carrera artística. Hay que decir que hay habaneras que van a sonar ahí muy modernas, hay mucho aire cubano en todo el disco. Vas a encontrar textos de Federico Urbach, de Julián del Casal…”.

¿Satisfecha?
“En el año de grabar ese disco, nació mi hija Alicia Victoria, por cesárea. Como fue prematura, y yo tuve algunos problemas de salud, eso me costó un ingreso como de dos meses. Pero llegó un momento cuando ya no podía más, yo no puedo estarme quieta nunca. Lo organicé todo de tal manera que salí del hospital en abril y a mediados de mayo ya estábamos grabando. Todo el disco se hizo en ocho sesiones. Me acompañan dos pianistas, que son Frank Paredes y Leonardo Milanés. Paredes tiene un toque como más europeo y Milanés suena muy cubano, así deslindamos los repertorios. Trabajé muy a gusto con todos. El grabador fue Orestes Águila, un tremendo profesional y una gran persona; todo fluyó muy bien y muy rápido. Entonces, para contestarte, sí, me siento satisfecha con el resultado. Pero, cada vez que lo oigo, creo que ahora lo cantaría mejor. Y si no mejor, por lo menos diferente”.
¿Has pensado cruzar hacia los géneros no líricos?
“Sí y no. Te explico. Ahora mismo estoy en un plan que no quiero revelar. Te lo cuento cuando se cumpla y tiene que ver, además del arte por supuesto, con asuntos económicos. Por el otro lado, aunque es complicado llevar una carrera que te remunere lo suficiente, tampoco me es tan fácil abandonar lo lírico. Mira, sin hacer alarde y con toda modestia, pero yo voy a estar en los libros de la historia de la ópera en este país. Yo estrené en el año 2013 El holandés errante y la hice tres días seguidos. Fue una prueba de fuego, pero creo que salió con toda la dignidad del mundo. Bueno, en el mundo te pagan lo que eso vale y descansas un día de por medio entre cada función, y aquí no. En fin, se hizo, y después también estrené Tannhäuser y el torneo poético del Wartburg. Las dos obras son de Wagner.
”Antes se hacía un poco más de ópera en Cuba. Ahora no sucede lo mismo. Cuando haya quien dirija la ópera en Cuba, con conocimiento de causa y con respeto al talento que tenemos en el país, yo espero y ansío que se pueda, con un mínimo de condiciones, hacer algo digno, como lo que el público cubano merece y espera”.
Para terminar. ¿Qué personajes quisieras hacer que todavía te faltan?
“Sobre todo Madame Butterfly, de Giacomo Puccini. Hay cositas mías, acá dentro, de las que no se exhiben, que me gustaría poner en ese personaje. La otra es Anna Bolena, de Gaetano Donizetti y la otra es Norma, de Vincenzo Bellini. Esos son los personajes que me gustaría hacer. Espero que lo logre”. Ω

Notas
1 El disco se llama Esther Borja canta a dos, tres y cuatro voces y fue grabado en 1955. Al piano la acompañan Numidia Vaillant y Luis Carbonell. Es toda una joya de nuestra mejor cancionística. (Nota del autor).

6 Comments

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