Mención Artículo 2018-Familias contra corrientes

Por Yisbel de la Caridad Calleiro Pérez

Concurso Palabra Nueva 2018

a existir y progresar como familia,

es decir, el derecho de todo hombre, especialmente aun siendo pobre,

a fundar una familia y a tener recursos

apropiados para mantenerla.

Juan Pablo II

Familiaris Consortio

“Su deber de realizar valores no le deja

al hombre en paz hasta el instante

final de su existencia”

V. E. Frankl

Según algunas personas, la familia es casual, nos toca como por una especie de tin marín de dos pingüé… también habrán escuchado el mismo comentario, pero de otra manera… familia es la que nos toca y no hay nada que hacer, quizás comparando este hecho, con una cruz pesada y difícil de cargar, es decir, ni pensar en variar, en mucho o en poco lo que se manifieste hacia su interior. Al escuchar estas opiniones, rápidamente me viene a la cabeza una imagen de Dios repartiendo familias, como si fuera un juego de barajas. Son muchas las opiniones, como muchos somos los humanos que llenamos este planeta. Quién da en el clavo y se eleva con la verdad absoluta, es subjetivo, lo más certero creo que está, en amar, comprender y aplaudir la obra creadora que Dios planificó para sus hijos.

Hablar de la familia, es fácil y complejo al mismo tiempo, no se trata de hablar un poco más de lo mismo, aunque finalmente coincidamos en un punto, o quizás en varios. Grandes han sido los intelectuales que trataron este tema y aún lo hacen, porque a pesar de los siglos transcurridos continúa siendo una cuestión deseable de perfeccionar, hacer de la familia un ejemplo clásico e imitable, es una de las complejidades a las que me referí en las primeras líneas, porque es muy difícil pretender que en este círculo todos sus miembros piensen y actúen de la misma manera, que los más jóvenes se comporten a la altura de los mayores o viceversa. Este es un ejemplo muy de moda en la vida de cada familia cubana y por esto he querido citarlo.

La familia es la primera comunidad humana, basada en el vínculo de la sangre, es decir, caracterizada por una homogeneidad fundamental de orden biológico, psicológico, afectivo y cultural.1 Esto a manera conceptual estaría muy bien, pues con estas palabras se resume qué es la familia y hasta dónde alcanza su vínculo filial y estructural. También escuchamos, desde que somos pequeños, una frase que evidencia su grandeza: “la familia es la célula fundamental de la sociedad”, evocando la primacía que posee. Seguramente usted es parte de una y comparte estas ideas, también puede suceder que la suya viva en conflictos por cuestiones de mal entendimiento; si estamos en sintonía, reflexionemos un poco acerca del tema.

Documentos papales han abordado este tema. Juan Pablo II hizo un llamado en Familiaris Consortio2 a la familia y mencionó las tareas de esta en la sociedad. En su primera parte titulada “Luces y sombras de la familia hoy”, examina, desde el punto de vista fenomenológico, la situación contemporánea y hace referencia al comportamiento que deben tener padres e hijos, criterios que se reducen al amor recíproco y a la sumisión, aunque no absoluta, sino entendida siempre según la lógica del Reino; al cumplimiento fiel de los mutuos derechos y deberes de los diversos componentes de la comunidad familiar. El Vaticano II recuerda y pone de relieve la importancia de la educación en el ámbito familiar: “Puesto que los padres han dado la vida a sus hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, hay que reconocerles como los primeros y principales educadores de sus hijos”. “Somos una generación perdida”, afirmaba un profesor hace algunos años, “antes nos mandaban nuestros padres… hoy nos mandan nuestros hijos”. Una adolescente de quince años escribió en su diario privado “¿por qué tengo que obedecer a mis padres por el hecho de que me hayan traído al mundo?”.3 Significa una difícil tarea para los nuevos padres que consolidan una familia llevar a cabo el anhelado sueño de formar personas educadas, honestas, con principios cristianos, porque el fenómeno social presente hoy hace función de imán, atrayendo hacia sí, a los que se van formando, porque no exige nada, solo disfrute.

Diversas cuestiones influyen hoy directamente en el desarrollo de este núcleo humano, signos de preocupante degradación de algunos valores fundamentales se van presentando, al mismo tiempo que aparecen las nuevas tecnologías que, aunque muestran un avance a nivel mundial en todas las áreas donde el hombre moderno se desempeña, influyen directamente sobre este absorbiendo mucho de su tiempo, si no son utilizadas prudentemente, quizás el tiempo que puede dedicar a su familia y a las necesidades de esta. Las graves ambigüedades acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, el número cada vez mayor de divorcios y abortos, la mentalidad anticoncepcional, las dificultades en la trasmisión de los valores, a esto le sumo el pobre diálogo entre ambas partes del matrimonio, que muchas veces caminan por senderos opuestos, porque no existe una comunión de ideas, en cuanto a las situaciones que se presentan, constituyen un modo errado de lograr el bienestar familiar.

No se trata de señalar lo malo en este entorno y sí de reconocerlo con una expectativa cambiable. Hacer de la familia una institución donde reine la paz, el entendimiento, el amor, el perdón y la reconciliación son propósitos que debemos plantearnos, más allá de las complejas dicotomías que establecemos como modo de hacer valer una posición sobre otra, Proyectemos nuestra mirada a lo que el Papa hoy nos pide, démosle el valor que nuestra familia tiene realmente, respetemos sus espacios, creencias, y hasta manías. Si cada uno aporta esa pequeña piedra, sin dudas construiremos un gran templo.

 

 

Notas

[1] Véase Diccionario Teológico Enciclopédico, Navarra, Editorial Verbo Divino, 2da. edición, 1996.

2 Consúltese la exhortación apostólica La familia en los tiempos modernos, de Juan Pablo II, 1982.

3 Ejemplos tomados de la colección Educar Hoy.

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