De la Biblia: La separación de los cristianos del judaísmo I

Por diácono Orlando Fernández Guerra

judeocristianos
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La separación de los cristianos del judaísmo, y su andadura como una religión nueva a finales del siglo i d. C., estuvo mediada por algunos acontecimientos históricos que resultaron realmente traumáticos para ambas comunidades creyentes. En el año 76 un judío llamado Eleazar, hijo del sumo sacerdote Ananías, ordenó que se suprimiese el sacrificio que diariamente se ofrecía por el emperador romano en el Templo de Jerusalén, ocasión que aprovecharon algunos grupos radicales para enfrentarse con los romanos y sus lacayos. Su primera acción fue quemar los palacios del rey Herodes Agripa y destruir los archivos de la ciudad.
Las tropas romanas reaccionaron inmediatamente, así dio inicio a lo que hoy se conoce como la “primera guerra judía”. El general Vespasiano comenzó el sitio de la ciudad que su hijo Tito más tarde tomó y destruyó completamente junto con el Templo, en el año 70. Ambos se convirtieron, sucesivamente, en emperadores romanos. La destrucción del mayor símbolo del judaísmo acabó con el sistema cultual-sacerdotal de la ciudad.
Alrededor de esta misma época comienzan a desaparecer los testigos directos de Jesús; aquellos que le conocieron y que estuvieron cerca de él durante su ministerio público: apóstoles y otros que habían transmitido las enseñanzas del Maestro fundamentalmente de manera oral. Los cristianos de la segunda y tercera generación comienzan el proceso de redacción y elaboración de las tradiciones recibidas junto a la experiencia litúrgica y doctrinal de sus comunidades. Tenían como propósito fundamentar su fe cristiana para legarla a las futuras generaciones de creyentes (Lc 1.1-4). Este es el período en que se escriben muchos de los textos que hoy integran nuestro canon del Nuevo Testamento.
El judaísmo del siglo i había sido considerablemente plural y tener que redefinir su identidad a partir de estos acontecimientos hizo que los fariseos prevalecieran, ya que eran un movimiento laical preocupado por el cultivo de la Ley y la extensión a la vida diaria de los preceptos de pureza que los sacerdotes restringían al Templo. Como ellos eran dominantes en las sinagogas, acabaron protagonizando la preservación del judaísmo rabínico. Apenas diez años después, en Yamnia, una ciudad al sur de la actual Tel Aviv, nació el centro intelectual y religioso más importante del judaísmo de entonces. Allí el rabino Johanán ben Zakkai, con permiso de las autoridades romanas, fundó una escuela donde los sabios se dedicaron a recopilar las tradiciones orales y escritas de Israel. Fruto de este proceso nació la Misná, un conjunto de textos legales que luego fueron glosados entre los siglos iv y v en dos obras llamadas Talmud: el de Babilonia y el de Jerusalén.
No hay ninguna evidencia histórica de que allí se celebrara un concilio judío con el propósito de elaborar un canon de las Escrituras. Este criterio solo fue una hipótesis del historiador Heinrich Graetz en 1871 para tratar de explicar por qué los judíos solo tienen sesenta y seis libros en el Tanaj, criterio al que apelan las iglesias nacidas de la reforma para mantener su canon corto de la Biblia. Las Escrituras judías tal como son hoy no estuvieron listas hasta finales del siglo ii o iii y nada tuvieron que ver con Yamnia, sino que fueron el fruto de un largo proceso de selección, aprobación y exclusión en los que primaron los siguieron criterios: que el libro hubiera sido escrito antes del año 300 a. C., cuando todavía no había sido helenizado Israel; que se hubiera escrito en hebreo o arameo y no en griego; y que tuviera un mensaje inspirado y dirigido al pueblo de Dios.
Desde esta época los sabios rechazaron gradualmente algunos libros escritos en griego hasta que finalmente lo hicieron con todos los que hoy conocemos como deuterocanónicos. Incluso más tarde, la conocida versión de los Setenta, traducida en Alejandría hacia el año 250 a. C., por judíos de la diáspora, fue rechazada totalmente, tal vez porque era la versión bíblica más usada por los cristianos en la evangelización del mundo romano. De hecho, las copias del texto de los Setenta más antiguas que se conocen o conservan fueron realizadas por cristianos.
Es importante aclarar que los judíos de esa época que se convirtieron al cristianismo no formaban parte de la escuela rabínica de Yamnia, a pesar de que muchos de ellos visitaban todavía las sinagogas en sábado. Tampoco lo eran otros grupos judaicos que los fariseos consideraron heréticos y a los que llamaban “Minim” (saduceos, esenios, helenistas, etc.). Los discípulos de esta escuela eran solo judíos que habían rechazado a Jesús como el mesías. Ω

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