Arcada preliminar

Por: Daniel Céspedes Góngora

Siéntate y mira. Crítica, comentarios y ensayos sobre cine
Siéntate y mira. Crítica, comentarios y ensayos sobre cine

Existe un derecho de reunir cuanto se va escribiendo, si al paso del tiempo, uno como autor desea apreciarse y ser valorado menos disperso y fragmentario. Las antologías tienden a conformar mejor la imagen de los variados yoes impresos, pero pueden distanciar asimismo a un creador que no se distingue por una única manera de ejercer la crítica. Aunque en rigor, ni una manera, ni siquiera un estilo son garantías de calidad expositiva o calificadora.
Un derecho añadido al de la reunión, es el de seleccionar lo que uno supone más interesante y tal vez valedero, sea en cuestión de sustancia, de estilo (si se tiene), de temática. Aunque si lo convocado es el cine, en este caso la crítica, el comentario o el ensayo sobre cine, no es preciso una sola forma expositiva o escritural por cuanto las películas seleccionadas son tan distintas como sus maneras de abordarlas. Y sigo creyendo que el tono de lo criticado (el audiovisual) influye en el de la escritura, amén de la variabilidad de los soportes o contextos de publicación como las revistas especializadas o culturales en sentido general, las páginas web, la radio y la televisión.
En Siéntate y mira… selecciono algunos de los textos ya presentados en publicaciones de mucha relevancia y legitimadoras de la capital y de Cuba. No decidí incluir opiniones dadas a conocer en la parrilla de programación de distintas emisoras de radio de La Habana como la COCO, Habana Radio y CMBF, pues fueron comentarios, cuando no reseñas, ceñidos al modo radiofónico, con lo que supone de tono y extensión del lenguaje propiamente para la radio que no menosprecio en modo alguno. Su alcance y amenidad son indiscutibles, pero, de incluirlos, crearía un divorcio tonal y expresivo en el presente volumen. Por otra parte, aprecio mucho la importancia de la nota o reseña periodística que también he escrito para una página web notable como la de CMBF o para la Cartelera del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.
Al recién graduarme de Historia del Arte, empecé a escribir comentarios para Radio Guamá, la emisora provincial de Pinar del Río. Allí me abrieron las puertas directores y asesores de radio que, como mi amiga Yemile Crespo, confiaron en que yo podía hacerlo. Aprendí con Yemile la importancia, por ejemplo, de subordinar menos en notas y comentarios, como unos años atrás solicitaba mi profesora de crítica de arte Adelaida de Juan. La información tiene que entrar además precisa, casi sin segundas intenciones, pero no tiene por qué renunciar a las sugerencias. “Lo difícil y tentador es probar que se puede escribir para el medio radial y para los soportes impresos”, me incitaba mi amiga.
El escribir diariamente para la radio me influyó más de lo imaginado, sobre todo en la claridad y la soltura de la exposición. Como no se puede abordar todo en el tiempo radial, aprendí también a centrarme en uno o dos aspectos de la hechura fílmica. Mi profesor y amigo Rufo Caballero ya lo recomendaba en sus clases de apreciación cinematográfica cuando cursaba yo el cuarto año de Historia del Arte. Ello repercutiría para bien a la hora de profundizar y limitarme a los espacios simultáneos y futuros de publicación. Sobre la marcha me convencí de que a la crítica cinematográfica le viene como anillo al dedo la verdad del refrán: “quien mucho abarca poco aprieta”. No hace falta pretender decirlo todo a fin de lograr un texto correcto, bueno y tentador. Para mayor extensión y profundización está el ensayo, aunque mis críticas y comentarios cortos están influidos por lo ensayístico, como algunos han advertido.
No renuncié a la perífrasis, así fuera sencilla en la radio o más complicada en un texto escrito. Al acomodar algunos textos para determinados locutores, no quise hacer otras concesiones. A pesar de las reglas o requisitos tradicionales de los medios, no existe una sola manera de escribir para la radio. Así que exigí que leyeran adecuadamente mis comentarios. Interpretación y tono fue lo que pedí, cuando no los grababa con mi voz. Muchos locutores leen muy bien, pero no interpretan el comentario. El desacierto tonal en algunas acotaciones críticas atenta no solo contra el objeto de análisis, sino contra el propio ejercicio del criterio. No por gusto muchos críticos prefieren e incluso se les pide que lean sus propias apreciaciones o comentarios cinematográficos o de cualquier manifestación en la radio. Sin embargo, yo confié y tuve sorpresas inesperadas. Con frecuencia logré distanciarme de mi autoría y fui muy crítico una vez que escuchaba un comentario eficaz leído por otros frente al micrófono. Otras veces, me emocioné al dar oídos a algo que no parecía mío. La locución mediaba y media mucho.
Siempre he intentado insinuar, escriba para donde sea. El lenguaje directo, sin un propósito creativo en el cómo se pudiera escribir sobre una película o cualquier otra expresión artística, no me place, pues no existe un solo camino si de promocionar, interpretar y calificar algo o a alguien se trata. Ese plano de exigencias me lo exijo hasta para los textos más promocionales, como cuando he tenido que escribir para la Cartelera del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Reúno aquí textos de muy diversos tonos donde las fronteras genéricas se desvanecen. Eso sí ha sido intencional. Aunque el crítico no necesita ser directo al expresar si le gustó o no determinada película, el tono, cuando no los análisis, pueden revelar ya el parecer. Y abogo por enamorar con el idioma, sin dejar de llamar a las cosas tal como son. No obstante, una buena crítica no es la que ampara y dispara una terminología muy técnica o académica. Intento no aburrir y saturar con términos cinematográficos. Tampoco los abandono cuando tengo la necesidad de nombrarlos y aclarar algo.
El título Siéntate y mira… lo tomo del decir diario. Es la cifra de una proyección mayor, donde un amigo invita a otro a compartir dos espacios: el de la casa e incluso el de la sala oscura y el de la propia historia o desarrollo de caracteres que se nos propone. Sentarse para un acomodo y una previa concentración, puesto que después comenzará otra suerte de despertar que supone el centrarse y pensar luego con la mirada. Acaso sea la frase “siéntate y mira” un pedido más que una imposición, aunque para muchos figura como una orden sutil. Y, entre los dos ejercicios, no puede faltar el placer de la lectura como convocatoria para que luego se vean las películas comentadas y mencionadas. En verdad, las críticas sobre una película no son ejercicios dependientes, sino concurrentes, donde dos escrituras (las de un observador y un realizador) se entrecruzan en favor siempre de la obra cinematográfica. He querido escribir de otras tantas, pero no me he atrevido por muchas razones.
Mi agradecimiento a la Isla de la Juventud, donde nací y vi por primera vez cine, la isla de mi niñez, adolescencia y temprana juventud. Recuerdo La Fe, donde estaba mi casa, el cine al aire libre, el Joven Club donde me salté tantos horarios de almuerzo y comida para rever películas o participar de estrenos de todas clases y categorías. A La Fe, que no quiero visitar por cuestiones de nostalgia y de mi posible derrumbe, le debo mi temprano apego al séptimo arte. A la televisión, en mi hogar pinero, el haberme formado con Enrique Colina, Carlos Galiano y Rolando Pérez Betancourt. La lectura y la confianza venideras, en La Habana y Pinar del Río, a Rufo Caballero y José Alberto Lezcano, respectivamente, mis maestros más queridos. A quienes leí desde adolescente y que ahora los tengo como colegas y amigos: Frank Padrón, Joel del Río y mi hermano Dean Luis Reyes. A Antonio Mazón, Mario Naito y Luciano Castillo, de los que tengo el privilegio de contar con su amistad. A Raydel Araoz y Rubens Riol, Mayté Madruga y Antonio Enrique González Rojas, Tony, el crítico más seguido y polémico de mi generación. A Alberto Garrandés, literato exigente y prolífico, cuyos libros de cine son de méritos escriturales y descripciones analíticas polémicas. No por últimos y menos importantes al elegante Mario Espinosa y al perspicaz Ángel Pérez, escritores jóvenes de cine harto agudos. Al magisterio indirecto del colombiano Luis Alberto Álvarez y del cubano Eduardo Manet, recién descubierto por las compilaciones de Carlos Espinosa Domínguez: El espejo pintado (Editorial Oriente, 2017) y Con ojos de espectador. Críticas y ensayos de Eduardo Manet (Ediciones ICAIC). A las revistas que me han publicado estos textos de cine como La Gaveta, Cine Cubano, Revolución y Cultura, Palabra Nueva, La Siempreviva…, así como a sitios web prestigiosos como IPS y el de la emisora CMBF.
A las películas de culto y también a las buenas y menores recomendadas por conocidos, amigos y colegas; a aquellas sugeridas por un conocido; a los estrenos descubiertos en la sala oscura del cine o en mi casa, sumo el atrevimiento, lo pasional y tal vez algo de razón en estos textos de Siéntate y mira… Ω

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