Entre picotazos y aullidos…

Por Teresa Díaz Canals

Movimiento animalista cubano
Movimiento animalista cubano

“Esparce en la tierra esa paz
que reinar haces en el cielo”.
Vincenso Bellini
Aria “Casto Diva”
de la ópera Norma

El poseer razón –algo muy relativo– y tener capacidad de elegir parecen restringir los derechos solo a los seres humanos. Sin embargo, la capacidad de sufrir podría incorporar a los animales al ámbito de los derechos. Se vive actualmente un período de elevación de la exigencia de algunos sectores de la población cubana para la aprobación de una ley de protección animal. A tal punto ha llegado esa aspiración, que en abril del presente año se realizó una manifestación en la ciudad de La Habana con este objetivo. Sus organizadores transitaron desde la zona de la heladería Coppelia hasta la tumba de Jeannette Ryder, la norteamericana que vivió en Cuba a principios del siglo xx y fundó una Sociedad Protectora de Niños, Animales y Plantas, conocida como el Bando de Piedad.
Hay dos cuestiones dignas de atención. La primera, es que no se hizo el recorrido programado como resultado de una orientación vertical de arriba hacia abajo, donde todo estuviera preparado, bien concebido, sino como una necesidad impostergable de la sociedad civil cubana. Este acto es un hecho inédito en los últimos años de la vida cubana. Tal iniciativa motivó a su vez en Santa Clara el intento de otra actividad semejante, pero no fue aprobada.
La segunda cuestión es constatar en las redes sociales la aparición diaria de representantes de organizaciones emergentes de la sociedad civil, las cuales transmiten el estado deplorable de los perros callejeros en algunos lugares, sobre todo en La Habana, víctimas de la más horrible desidia, atropellados, vejados, quemados, enfermos, hambrientos. “La injusticia está siempre allí, donde menos la esperas, y si lo sabes no puedes dejar de combatirla. No puedes dejar de intentar derrotarla”.1 Estos grupos –Aniplant (reconocido oficialmente), Cubanos en Defensa de loa Animales (CEDA), Grupo de Protección de Animales de la Ciudad (PAC), Hope for Cuban Paws, Perritos callejeros en Cuba, etc.– realizan campañas de esterilización, de vacunación y de castración gratuitas, concientizan sobre los derechos de los animales, organizan adopciones, entre otras actividades.
La solidaridad, las buenas intenciones, la genero-sidad de otras personas con donaciones, las iniciativas de creación de refugios, la conformación de una red de ayuda y rescate para perros y gatos se ha desplegado en varios puntos del espacio nacional y ya hoy están recuperadas total o parcialmente algunas de estas criaturas según las noticias que se divulgan. Pero el fenómeno sigue porque no existe –en primer lugar– una ley que detenga la criminalidad con los perros, gatos, caballos y todo tipo de vejámenes a seres de otras especies no humanas.
Hay un rumor que tal vez calme el malestar ante tanto silencio gubernamental: va a salir la ley, solo que se está “estudiando”. Si es así, ¿por qué no se informa?, si existe una Mesa Redonda donde lo que es de interés público, se explica. Como algo oficial, sin exaltación, se anunció en un periódico, muy reservadamente, que quizá a finales del presente año se aprobará la primera Ley de Bienestar Animal. Ojalá aparezca la ley, lo que no representaría la solución definitiva del problema, pero sí el inicio de un proceso más flexible, más satisfactorio, para los que se dedican a este tipo de humana actividad. Ojalá no se vayan por la tangente y cumplan un reclamo esencial. No obstante, esa preocupación, ese cuidado, debe convertirse en una política pública que no se traduzca solo en lo que le conviene a un grupo de individuos, sino porque debemos aprender en la atmósfera de una cultura de paz, en coexistencia con otras especies.
Es hora ya de que todo lo que hemos sentido, pero no nos hemos atrevido a pensar, todo lo que hemos pensado, pero no nos hemos atrevido a decir, todos los murmullos de las inmencionables zonas fronterizas se manifiesten y se viva en la verdad. ¿Serán reales otros susurros acerca de la existencia de vallas de gallos y crianza de caballos de raza destinados a carreras en otros países? Si son verdaderos estos decires en voz baja, serían el testimonio de la burla al trabajo, a la tarea paciente y tenaz, a las privaciones aceptadas con vistas al porvenir, pero sería sobre todo, el aplauso cínico y el irrespeto a una parte sensible del pueblo que pide ayuda para una especie que no tiene voz. Digo más desde una perspectiva ética, todo cuanto se consideraba verdad se desenmascararía como una mentira peligrosa, pérfida, subterránea. El sagrado pretexto de mejorar a los cubanos aparecería como una astucia para agotar la vida misma. Sería la continuación de la época colonial, recordemos que de 1822 a 1832 el representante de la corona española en Cuba, Francisco Dionisio Vives (mitad militar y mitad bandido) manejó los vicios de la sociedad criolla: juegos, bandolerismo, apego a la disipación, como un modo de desviarla de toda actividad política. A su período de mandato se le conoce como el gobierno de las tres bes: Baile, Baraja y Botella; mantuvo para su propio esparcimiento un garito y una valla de gallos en el Castillo de la Fuerza. ¿Será el eterno retorno de las cosas?
No voy a entrar en la pachanga del avestruz. No me entusiasma contemplar desaciertos y responder con chistes ante un tema de delicado contenido. Nuestros nietos y biznietos serán las principales víctimas de los grandes errores económicos cometidos. No encuentro todavía debates acerca de la búsqueda de verdaderas alternativas a los descalabros económicos por la ineficacia de una política ignorante e/o irresponsable. No sé cómo calificarla. ¿Cómo es posible que se valore el consumo de jutías en territorio nacional cuando estas –según los especialistas– se encuentran en la categoría de alto grado de amenaza o vulnerables a la extinción? Es el caso de la jutía andaraz, exclusiva de las provincias de Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo. Las jutías conga y carabalí, aunque no tienen esta amenaza, son especies endémicas que han sufrido una disminución considerable de algunas poblaciones locales por la caza. A ello se suman acciones como la minería, la tala indiscriminada, los incendios forestales, el desarrollo turístico, la contaminación, la presencia de especies invasoras que compiten por alimentos y transmiten enfermedades.2
“Solo cuando la mirada se abre al par de lo visible se hace una aurora”. Ω

Notas
1 Gargallo Francesca: Manantial de dos fuentes, México, Instituto Michoacano de Cultura, Joan Boldó i Climent, Editores, 1993, p. 13.
2 Véase Julio A. Larramendi (Comp.): Rostros en peligro. Especies cubanas amenazadas, Ciudad de Guatemala, Ediciones Polymita S. A., 2011, pp. 292-301.

1 Comment

  1. Evidentemente, nuestro Estado desconoce —debe ser desconocimiento o de lo contrario ya tendríamos leyes de protección animal—, que además de resguardar legalmente a los animales ellas, per se, también serían beneficiosas para los seres humanos y una fuente de ingreso para el país.
    Pago de licencias para tener animales, vacunas, esterilizaciones y multas para los infractores.
    Amén de venta de comida, medicinas y accesorios para mascotas.
    Como decía, debe ser desconocimiento.

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