Por detrás del ALMA MATER

por Antonio Miguel Fontela Lamelas (Texto y fotos)

Alma Mater
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Por detrás del Alma Mater
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Cuando la descubrí, sentado sobre el regazo de abuela, viajaba en una ruta 20 “Vía hospital”. Era una obra gigantesca. Tenía una vasta escalera y desde lo alto, una mujer-estatua me miraba con los brazos extendidos. “¿Qué es eso?”, pregunté señalando al inmueble. “La Universidad”, me explicó, “es la escuela donde estudian los muchachos grandes”. “¡Abuela, yo quiero estudiar ahí!”. Entonces suspiró hondo y, con la delicadeza que solo poseen las abuelas, sentenció: “Bueno, bueno, para eso te falta mucho”.
La historia y el desempeño de la Universidad de La Habana son bien conocidos. Desde su fundación en el año 1902, en lo alto de la Loma de Aróstegui, se han cultivado hombres y mujeres ilustres para todos los tiempos: pensadores, escritores, historiadores e investigadores, quienes le han dado lucimiento a la institución dentro y fuera del país.
Universidad de La HabanaPor ese motivo es visitada con frecuencia por presidentes, pontífices, turistas…, quienes recorren un itinerario bien pensado, que les permite disfrutar de la belleza innegable de los edificios engalanados con esa finalidad. Han sido restaurados la escalinata, sus luminarias, el Aula Magna y los inmuebles que rodean a la plaza Ignacio Agramonte.
Sin embargo, pese a la jerarquía indiscutible de los visitantes, a pesar de los significativos eventos que en la colina han tenido y tienen lugar, y contrariamente a lo que pueda suponerse, la Universidad de La Habana no es la vitrina de un museo. Es mucho más: es la fragua, también yunque y martillo, de los intelectuales en ciernes.
Posee unos estudiantes excelentes, con mucho interés en superarse, quienes son respaldados por un generoso apoyo familiar, no exento de grandes sacrificios, que les permite el empleo de modernas, imprescindibles y costosas herramientas de trabajo: computadoras, teléfonos móviles, laptops, calculadoras científicas, las cuales les amplían las posibilidades educativas accesibles solo con tales equipos.
Por otro lado, aunque exhibe un alto nivel de calificación, el claustro resulta insuficiente debido a los exiguos salarios y se completa con docentes contratados, jubilados-contratados, profesores consultantes (también en la categoría de profesores-jubilados-contratados), recién graduados y alumnos ayudantes.
Sin embargo, los problemas neurálgicos de la institución no están en el excesivo gasto familiar ni en la situación salarial de los profesores, sino en otras esferas que poco o nada tienen que ver con los grupos mencionados, pero vulneran directamente sus desempeños.
Como su función trascendental es educar, la alta casa de estudios debe ser capaz de garantizar que la instrucción de los jóvenes se efectúe en un ambiente atractivo, higiénico y seguro en su totalidad. Aquí radica el problema mayor.
Hoy la institución es incapaz de satisfacer tales exigencias por ser crítica la insuficiencia del personal de limpieza, situación que menoscaba la pulcritud exigida por las normas higiénico-sanitarias mínimas que le corresponden a un centro escolar. Además, no son estables los suministros de agua potable ni de fluido eléctrico; y las brigadas de construcción y mantenimiento, quizás por no tener la plantilla cubierta, exhiben lentitud y falta de planificación en su ejecutoria.
Estas circunstancias traen consigo situaciones que lesionan el correcto desenvolvimiento de las facultades y de sus dependencias. Pudieran mencionarse numerosos casos que muestran tales anomalías, pero solo brindamos dos ejemplos por ser los más perturbadores.

La Facultad de Física
Por detrás del Alma Máter, muy al fondo de la Universidad de La Habana, se encuentra la actual Facultad de Física, donde antes de 1964 radicaba la Escuela de Ingenieros y Arquitectos. Aquí estudiaba el joven católico y presidente de la FEU José Antonio Jesús del Carmen Echeverría Bianchi, asesinado el 13 de marzo de 1957.
El edificio está formado por cuatro pisos y dos naves laterales, como alas desplegadas, a ambos lados del cuerpo principal. Hace poco más de once años, aproximadamente, comenzaron las obras de restauración.
Según el jefe de obra, a quien entrevistó el autor del artículo en la mañana del 29 de junio del pasado año, los trabajos de reconstrucción estarán concluidos a finales del 2018.
Si se materializara, tal como aseguró el dirigente, entonces las labores culminarían doce años después de haberse iniciado la reconstrucción. Esto anuncia que la Facultad de Física pudiera comenzar sus funciones íntegramente al finalizar la jornada laboral del 31 de diciembre próximo.
Al inicio del curso escolar (2017-2018) fueron inaugurados los pisos tres y cuatro, cuya reparación demoró una década. Aplicando una simple regla de tres puede suponerse que, si por cada planta son necesarios cinco años de trabajo, entonces la restauración de los dos primeros pisos más la de las dos naves laterales consumirán otros veinte años.
Universidad de la HabanaCon la parsimoniosa ejecución mostrada hasta el momento, y de acuerdo con el estimado anterior, la Facultad de Física podría ser inaugurada en su totalidad alrededor del año 2036. Parece increíble. Alguien pudiera especular que es un vaticinio poco sensato, pero lamentablemente es lo que indican los números.
Debe aclararse que por cada miembro de la brigada de construcción (considerando cuarenta y cuatro horas semanales de labor, meses de cuatro semanas y años de once meses), doce años de trabajo equivalen a unas veintitrés mil doscientas treinta y dos horas de trabajo individual, necesarias para reparar un edificio de cuatro pisos y dos naves laterales.
Siguiendo esta línea de razonamiento, es factible suponer que, si la brigada solo estuviera compuesta por quince miembros, el total de horas de trabajo realizado en esos doce años alcanzaría la cifra de trescientas cuarenta y ocho mil cuatrocientas ochenta horas de faena, monto considerable, si no se pierde de vista cuál era el objetivo inicial de la tarea.
Por otra parte, suponiendo que el salario de cada trabajador fuera de quinientos noventa y cinco pesos-cup1 como promedio, entonces el costo total, solo por concepto de salarios devengados, que la Universidad (o el Estado), debería amortizar a esta brigada de construcción (constituida por quince personas) alcanzaría la cifra de un millón doscientos ochenta y cinco mil doscientos pesos-cup (1 285 200.00 pesos-cup).
Dicha cantidad corresponde solamente al trabajo realizado; sin considerar el gasto monetario vinculado con los materiales de construcción, la transportación de los escombros y de los áridos, el desgaste de las herramientas, la electricidad, el combustible…
Debe señalarse que en el cálculo se ha incluido el mes de vacaciones, en el que no se trabaja, pero se cobra. Por decoro se omite la deducción de la cantidad de dinero necesaria para solventar el trabajo de esta brigada imaginaria durante treinta años.
No obstante, a pesar del dilatado período de labor y de los gastos, ha tenido lugar una circunstancia alarmante: pocos meses después de la inauguración parcial antedicha,surgieron problemas constructivos en el sector inaugurado: fallas en la hermeticidad del techo, caídas de repello y otros descalabros que, por fortuna, no provocaron lesionados.
Ha sido tan deficiente la calidad de las obras “concluidas” que han tenido que cerrarse muchos locales y aulas de los pisos inaugurados para reparar lo reparado.
Es acertado recordar que en Cuba se han ejecutado obras mayores en un tiempo menor, dos o tres años a lo sumo. Un plazo de cuatro años como máximo habría sido un lapso adecuado para concluir la recuperación total del edificio de Física.
Si esta consideración fuera correcta, entonces se habría desaprovechado la cantidad de ochocientos cincuenta y seis mil ochocientos pesos-cup (856 800.00 pesos-cup) en ocho años de trabajo ocioso.
Poco importan los motivos.

El estadio universitario
ComandanUniversidad de La Habanate Juan Abrantes Fernández
El otro ejemplo que se debe comentar está separado de la Facultad de Física por la estrecha calle Ronda. Ahí, también al fondo de la colina, está ubicado el estadio universitario Comandante Juan Abrantes, conocido por las siglas Seder (Servicio de Educación Física, Deporte y Recreación), cuyas obras constructivas se iniciaron oficialmente el 15 de marzo de 1922 bajo el empuje decisivo de Julio Antonio Mella, quien en ese momento era el secretario ejecutivo de la Comisión Atlética Universitaria.
Durante una visita al centro deportivo, pude comprobar que son utilizables el terreno de balompié, la pista de carrera, así como la cancha de squash. Lo mismo sucede con el tabloncillo de básquet (Sala Polivalente Ramiro Valdés Daussá).
Hace años, además de los deportes mencionados, en el Seder era posible practicar numerosas especialidades entre las que se encontraban: salto largo, carrera de obstáculos, judo, lucha, kárate, natación, esgrima, gimnasia, gimnástica y muchas más. Tenía un campo de tiro diseñado para pistolas y escopetas de calibre U e incluía un salón para jugar ajedrez, donde era común la presencia del Maestro y varias veces campeón de Cuba Eleazar Jiménez. Contaba igualmente con taquillas, baños y vestidores confortables y limpios. Una cafetería bien surtida, con precios al alcance de los bolsillos estudiantiles. Actualmente no es así.
Piscina-SederEs notable el deterioro que exhibe todo el Seder y sobresale en particular la demolición de la piscina y de sus instalaciones complementarias: graderías, vestidores, duchas, taquillas, servicios sanitarios.
Han desaparecido pedazos de pared, las puertas, las ventanas (marcos incluidos), las turbinas de alimentación del estanque, el dispositivo dosificador de cloro, las instalaciones hidráulicas en su totalidad, las tazas sanitarias y hasta las llaves y surtidores de la ducha obligatoria que los bañistas debían tomar antes de lanzarse a la alberca.
La piscina acumula agua solo cuando llueve. En la imagen puede observarse el volumen considerable de líquido que almacena como resultado de aguaceros recientes. Se ha transformado en un imponente criadero de mosquitos y de otros vectores en uno de los sitios más céntricos de la ciudad.
Además del agua de lluvia, en el estanque se amontonan desperdicios y escombros de variada procedencia: pomos plásticos, zapatos deportivos, botellas de cristal, tierra, jabas de nailon, ramas, fragmentos de ladrillo y concreto.
En lo que fue un atractivo lugar para la práctica de diversas modalidades acuáticas, ahora se percibe abandono, pereza, también impotencia. La desidia siempre deja huellas profundas, como estas. El paisaje escarnece la conciencia del observador sensible.
Probablemente se esté a tiempo de revertir la situación y no sean insuperables los gastos necesarios para echar a andar nuevamente el campo deportivo en su totalidad, restituirlo a su forma original, devolver al Seder lo que ha perdido debido a muchos culpables.
Acaso la cifra necesaria no supere los ochocientos cincuenta y seis mil ochocientos pesos-cup que el autor supone despilfarrados por la inexplicable tardanza en la reparación de la Facultad de Física.
Tal vez la solución no sea otra que aunar voluntades. Solo esa, quizás… la más difícil.
Dios lo permita. Ω

Notas
1 Según “Salario medio en Cuba… cifras y estadísticas”, en Economía con tinta, suplemento especial del periódico Granma, p. 3, edición única núm. 154, La Habana, viernes, 30 de junio de 2017. Se declara como fuente: Oficina Nacional de Estadísticas.

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