Veinte años no es nada

Por: Asela de los Ángeles

Alamar

La parroquia es joven, solo cumple veinte años. ¿Por qué se celebra este aniversario? Es muy simple, ya se siente la ausencia de muchos de sus fundadores y si esperamos las bodas de oro para festejar, es muy posible que ya no quede ninguno, quizás solo los niños que ahora están en la catequesis, a quienes entonces les correspondería ofrecer testimonio de nuestros recuerdos, de sus antepasados. Además, como cubanos, también nos gustan las festividades y si es necesario, se inventa un motivo y ¿cuál mejor que la fiesta patronal del santo de Alamar, san Martín de Porres?
Para ser precisos, la primera misa en Alamar se realizó hace más de veinte años, un 3 de noviembre, por eso se escogió a san Martín de Porres como el santo patrono de esta localidad. En los inicios, llegaron a coexistir de cuatro a cinco apartamentos donde se realizaban misas dominicales, indistintamente, pero cuando se habilitó una casa específica para esta función, con el padre Mariano Arroyo como párroco, se consideró oficialmente inaugurada la parroquia. De aquellos tiempos siempre recordaremos las palabras del padre Mariano: “Solo soy la cuarta parte de un cura para Alamar”, al referirse a las muchas obligaciones que tenía y que le impedían estar más tiempo junto a nosotros.
La casa, por supuesto, no contaba con los requisitos para el destino asignado. Simplemente era un espacio independiente con las características propias de una vivienda común en esa zona. El patio de tierra y los árboles frutales que proporcionaban sombra, fue el lugar idóneo para realizar las celebraciones. Se mandaron a hacer varios bancos de madera para proporcionar cierta comodidad a los pocos asistentes. La pedagogía del padre Mariano nos posibilitó a todos los que oíamos sus palabras, un excepcional crecimiento en la fe que siempre recordaremos con gratitud. Lamentamos su pérdida, aunque el recuerdo de su presencia nos acompaña.
El padre Mariano, además, facilitó el hermanamiento con la parroquia de Madrid, San Juan Evangelista y su párroco Manuel García, quien, durante todo este tiempo, ha entregado una ayuda material y espiritual considerable para el bien de los más necesitados y el mejoramiento de las condiciones constructivas de nuestra parroquia.
La llegada de Isidro Hoyos, cura obrero y traído por el padre Mariano expresamente para que se enamorara de esta naciente comunidad, hizo el resto. Nombrado párroco permaneció con nosotros desde el año 2000 hasta principios del 2015. La continuidad le corresponde al padre argentino Alberto Montiel, de la Orden Oblatos de María Inmaculada. Yo sostengo que hemos sido bendecidos durante todos estos años. Recuerdos y sentimientos de la mano se transforman en felicidad y nostalgia.
El templo no es como tradicionalmente se concibe. Ha sido intervenido y remodelado hasta ser lo que hoy apreciamos con tanto cariño. Estructuralmente sigue siendo un patio con piso de granito, techado ligero, abierto lateralmente de forma parcial para el disfrute de los patios aledaños y su vegetación. El recinto es multiuso pues el presbiterio cuenta con puertas de madera que se pliegan para abrirse en las celebraciones y en el resto del espacio se acomodan las butacas, sillas y bancos a conveniencia, según lo requieran las distintas actividades: catequesis, reuniones de AA, casa misión, entregas de ropa, alimentos y aseos, encuentros de las personas síndrome de Down, fiestas varias, grupos de salud mental, consejo parroquial y demás. También contamos con un comedor “Alamor” en un apartamento de la zona 19 para los necesitados de alimentos y acompañamiento espiritual, además de varias casas misión en diferentes zonas de este inmenso reparto.
Deseo compartir esta experiencia en toda su riqueza comunitaria. El calor humano no logra mitigarse con los ventiladores y los cambios de temperatura ambiental. Desde esos primeros tiempos, la llegada al recinto no inspira silencio y recogimiento sino todo lo contrario, despliegue de calor humano. Saludos, acogida, abrazos, besos y parloteo sobre los sucesos cotidianos de la semana crean un ambiente de fraternidad entre familias que se alegran por el encuentro. Todos sabemos de todos, nadie se siente una isla. Así somos por la gracia de Dios y damos nuestro aporte en la construcción del Reino. El templo es sagrado con todos nosotros dentro.
Se recibe a los nuevos con un canto de bienvenida que se extiende a los que, por una u otra razón, se ausentaron un tiempo determinado. Felicitamos a los que cumplen años y a sus familiares, también recordamos los aniversarios importantes de los participantes.
Cantamos con más o menos afinación, eso no importa, pues cantar es rezar doble. El coro mantiene una parte de sus fundadores, fieles y resistentes. La directora del coro es afable, elegante, muy celosa y comprometida. Se han sumado otros que no siempre han sido tan constantes. Son acompañados por un piano, desde siempre, y recientemente se han agregado otros músicos aficionados que contribuyen en las maracas, el bongó, las claves y la trompeta. Muy importante, toda la comunidad apoya con su canto. No hay celebración ausente de cantos.
El momento del Saludo de la Paz es incontable. Hay que vivirlo para sentirlo en su máxima expresión. Es todos con todos. No queda nadie sin ser apretado y besado. No hay escapatoria. Amor con amor se paga.
El trabajo de todas las pastorales es encomiable. Podría extenderme en gran medida, pero solo voy a recordar que los pobres y necesitados son los bienaventurados de este Reino.
Cuando iniciamos este camino de veinte años, andábamos semiclandestinos, tratando de no llamar mucho la atención, aunque sin limitar la misión que tenemos. Los tiempos cambian. Ahora nuestra Iglesia católica no es la única en Alamar, muchas otras denominaciones religiosas coexisten.
Siempre recordaré con mucho amor aquel momento, hace veinte años, en que una vecina enviada por la Iglesia llegó a mi apartamento y me entregó un pequeño papelito con la buena noticia de la existencia de una Iglesia católica en Alamar, en una casita de la zona 1. A partir de ahí, mi vida se transformó y se amplió con una gran familia, que es lo que ha representado para mí esta comunidad en el transcurso de los años. Solo deseo que otras personas también puedan tener esta oportunidad de crecimiento espiritual. Ω

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